Cantares 4: El amado

4. Está fundamentada en el amor. Con esto queremos decir que no es lo mismo una «experiencia íntima», que una «relación íntima». La primera tiene que ver con un momento y con un tiempo especial; la otra tiene que ver con un estado, con un estilo de vida de la pareja. Justamente quienes no pueden intimar buscan una y otra vez «experiencias íntimas», sin ningún compromiso. Si la intimidad no tiene su base en el amor, con el tiempo el sentimiento de intimidad se irá perdiendo. Se puede tener sexo (pura genitalidad) pero no sexualidad (que tiene que ver con el contacto, las palabras, el afecto, nuestra forma de conocernos, etc.). Podemos estar unidos de la cintura para abajo y lejos a miles de km. de la cintura para arriba. La intimidad sexual involucra tanto los genitales como el corazón. De allí que el adulterio puede ser del cuerpo o de la mente. La verdadera fidelidad y amor involucra a ambos.

El acto de amor

«No debemos avergonzarnos en hablar lo que Dios no se ha avergonzado en crear.»

Para el acto de amor hace falta un lugar cómodo, tiempo y tranquilidad. La pareja debe disfrutar de la privacidad necesaria para poder entrar en el diálogo, el juego de amor y la consumación del acto. Ojalá haya habido la preparación adecuada para que los dos experimenten el orgasmo. Después, debe haber oportunidad para verbalizar su amor y aprecio. Describen sus sensaciones antes, durante y después del acto sexual. Dialogan sobre maneras de enriquecer la vida sexual. Hablan de cosas que impiden la satisfacción completa.

La amada

Después de las palabras tan sensuales de su marido, describiendo y recorriendo la belleza de cada parte de su cuerpo; después de la manera excitante en que él ha reconocido cuánto placer toda ella le prodiga, la mujer está al máximo de su excitación. Ella había clamado que no despertaran ni provocaran el amor antes de tiempo. La joven no quería tener relaciones sexuales hasta que no fuese el momento oportuno y ella estuviese bien preparada para ello (hasta que quiera). Ahora ese momento tan deseado ha llegado, y es ella misma la que grita “¡Despierta!” (¡Levántate!). Encendida de pasión, le ruega a su esposo que inicie el acto sexual. Ella desea que él entre (sople) como viento en su vagina (jardín). Ella está totalmente dispuesta y lista para ofrecer en amor a su esposo todo el placer que él espera. Su mayor deseo ahora es que él venga a tomar posesión de su huerto y goce de su fruto.

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