Cantares 4: El amado

Por fin, el esposo llega otra vez a los genitales de ella, y parece detenerse allí, para expresar en detalle cuánto placer encuentra en esa parte del cuerpo de su esposa. Metafóricamente, el jardín es utilizado como eufemismo para referirse a los órganos sexuales femeninos. El esposo dice que los genitales de ella son como un jardín cerrado. Probablemente lo que él quiere decir es que ella todavía es virgen. El juego amoroso no ha llegado a su culminación, con el desfloramiento de ella. Antiguamente, los manantiales se sellaban para proteger el agua para el uso exclusivo de su legítimo dueño. Al pensar en la vagina de ella (su jardín), él encuentra satisfacción en saber que su esposa es virgen y no se ha entregado a otro hombre.

La palabra plantas en el versículo 13 en RVA no aclara muy bien una expresión que es difícil de traducir. Pero a la luz del contexto parece evidente que la palabra hebrea selahayik es muy parecida a la palabra árabe salk, vagina. De ser así, el esposo está exaltando con términos superlativos el placer que la vagina de su esposa le prodiga. Más adelante, ella se mostrará muy satisfecha por ello. Para él, entrar a ella es como introducirse a un huerto de granados. La palabra huerto (o paraíso) es una de las palabras persas que aparecen en Cantares, e indica un jardín cercado, generalmente de forma circular. ¡El esposo siente que el acto amoroso con su esposa es como entrar al Paraíso! El placer indecible que encuentra allí queda expresado en la multiplicidad de símbolos de belleza y sensualidad, de fragancias y especias que menciona. Todas estas especias exóticas que se enumeran tienen generalmente connotaciones eróticas en la poesía amatoria. Ella parece estar lista para el acto amoroso: Es un manantial cercado de jardines y un pozo de aguas vivas. El momento de la consumación ha llegado.

Intimidad intelectual La pareja «intima» intelectualmente, no cuando piensa de la misma manera, sino cuando siendo diferentes, pueden abrirse el uno al otro, en sus diferencias y coincidencias. Intimidad es identificarse con el otro, meterse «en el pellejo del otro» sin perder el propio, es estar con el otro siendo uno mismo. Es darle la «bienvenida» al otro en nuestro territorio sin sentirnos invadidos.

Como lo dice la pareja de Cantares; «yo soy de él y él es mío», ¡y no nos invadimos! La intimidad intelectual puede estar dada por una profesión en común, o puede estar dada por un libro, una conferencia, una música, un cuadro, etc.

Dice correctamente Willi Pasini, presidente de la sexología europea, que para que la identificación sea posible son necesarios dos procesos psicológicos: la identificación proyectiva y la introyección. En el primer caso hay que ser capaz de ponerse en lugar del otro sin confundirse, sin tranformarse en el otro. En el segundo hay que ser receptivo a los mensajes del otro, a estar dispuesto a dejarlo entrar en la intimidad sin miedo a ser invadido.

Para que exista intimidad intelectual es importante saber respetar las diferencias en la pareja y saber que ninguno posee «los mejores gustos» sobre determindados temas, sino simplemente «gustos personales».

Para realizar la intimidad intelectual es importante disponer de tiempo, tener un lugar tranquilo y muchas ganas. Cada uno de la pareja escribirá en un papel las siguientes áreas:

Música—Lectura—Política—Salidas—Escribir 3 áreas más.

Anotará en bosquejo qué piensa uno del tema, qué le gusta y qué no, en forma detallada. Luego de completarlo, se encontrarán los dos para compartir lo escrito. Es importante solamente compartir lo escrito sin «querer cambiar la opinión del otro», menos todavía discutir.

Distorsiones del esquema corporal Las que más se observan en la consulta pastoral y profesional

1. Miedo al cuerpo: Cada vez más vemos en la práctica pastoral lo que se conoce como fobia sexual, que es donde la persona en forma persistente siente profundo malestar al ser tocada o tocar el cuerpo del otro. Esto es evitado buscando las excusas más frecuentes e insólitas que sean necesarias. Esta aversión puede ser a los genitales, al beso, al contacto, a la penetración, al orgasmo, a desvestirse, etc. Desgraciadamente muchas de estas fobias «aparecen con sorpresa» en la luna de miel. Algunos llegan a sentir repulsión, nauseas y angustia hasta llegar al vómito.

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