Cantares 4: El amado

Cantares 4:10 ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, Y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!

Cantares 4:11 Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; Miel y leche hay debajo de tu lengua; Y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano.

Cantares 4:12 Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; Fuente cerrada, fuente sellada.

Al comparar a su esposa con un huerto privado, Salomón alababa su virginidad. La virginidad, considerada anticuada por muchos en la cultura actual, ha sido siempre el plan de Dios para los solteros… y con buenas razones. Las relaciones sexuales sin matrimonio es de mal gusto. No es comparable con el gozo de darse por entero al único ser que está totalmente comprometido con usted.

Cantares 4:13 Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves, De flores de alheña y nardos;

Cantares 4:14 Nardo y azafrán, caña aromática y canela, Con todos los árboles de incienso; Mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas.

Cantares 4:15 Fuente de huertos, Pozo de aguas vivas, Que corren del Líbano.

La esposa de Salomón era tan refrescante para él como una fuente. ¿Puede su cónyuge decir lo mismo sobre usted? Algunas veces la familiaridad que surge con el matrimonio nos hace olvidar los sentimientos abrumadores del amor y la frescura que disfrutábamos al principio. Muchos matrimonios pueden beneficiarse con un curso para «refrescarse». ¿Refresca usted a su cónyuge o es una descarga de quejas, pesares y problemas? En el matrimonio, cada parte debe trabajar de continuo para refrescar al otro mediante palabras de aliento, un regalo inesperado, una variación en la rutina, una llamada o nota sorpresa o incluso reservar la discusión de algún problema para el momento adecuado. Su cónyuge necesita que usted sea un refugio de frescura debido a que el resto del mundo por lo general no lo es.

Cantares 4:16 Levántate, Aquilón, y ven, Austro; Soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, Y coma de su dulce fruta.

El amado

Esta larga sección está dividida en dos partes. La primera termina en el versículo 7, que resume la belleza de la amada, que se describe en detalle en los versículos anteriores. La segunda comienza y termina con la mención del Líbano en los versículos 8 y 15. Todo el pasaje se caracteriza por un intenso erotismo. La pasión parece ir en aumento, hasta alcanzar la consumación en 4:16-5:1.

El amado comienza una detallada descripción física de su amada, desde la cabeza hasta sus genitales. Comienza destacando sus ojos, que lucen hermosos a través de tu velo. El velo era usado por las mujeres en ocasiones especiales, como compromisos y casamientos. En este caso, se trataría del velo nupcial. El cabello de la amada es comparado con una manada de cabritos, caracterizados por su pelo largo y negro. El movimiento de un rebaño grande descendiendo por una colina distante produce el efecto como que toda la elevación estuviese moviéndose. Así de suelto es el cabello de la amada.

La idea del rebaño se extiende ahora a los dientes de la amada. Su dentadura es blanca, pulida, brillante, simétrica, y está completa. La descripción de la boca continúa con la mención de los labios, que son como hilo de grana. Seguramente la amada tiene los labios pintados de rojo. Los cosméticos eran comunes en el antiguo Cercano Oriente. La mención de los dientes y los labios lo lleva al amado a considerar que toda la boca de ella, como instrumento del habla, es bella. Sus palabras han sido para él motivo de gran satisfacción. De la boca, el amado pasa a ponderar las mejillas de su esposa, que lucen rosadas como la cáscara de una granada, medio cubiertas por el cabello negro que cae sobre ellas y el velo tenue que cubre el rostro. La granada era conocida en Egipto como fruto afrodisíaco, y en Mesopotamia se usaba para preparar pociones de amor.

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