Buenos días, soy Dios

Buenos días, soy Dios

El día de hoy me encargaré de tus problemas. Por favor, recuerda que no necesito de tu ayuda. Si de casualidad te encuentras en una situación que no puedes manejar, no intentes resolverla. Ponla amablemente en la caja CQJDH –Cosas que Jesús debe hacer–. Esto se arreglará en mi tiempo, no en el tuyo.

Una vez que el asunto haya sido colocado en la caja, no te aferres a él ni trates de sacarlo, sólo demorarías la solución del problema. Si es una situación que piensas eres capaz de manejar, por favor consúltame en una oración para asegurarte que es la solución correcta. Debido a que no duermo ni dormito, no es necesario que pierdas tu sueño. Yo me encargaré de velarlo. Descansa hijo.

Si necesitas contactarme, estoy sólo a una oración de distancia. Como todas las cosas buenas, por favor hazlo saber a los demás.

Confía en mí. ¿Por qué te agitas y confundes por los problemas que te trae la vida? Déjame controlar todas tus cosas e irán tornándose mejores. Cuando te entregues totalmente a mí, todas las cosas serán resueltas con tranquilidad, de acuerdo con mis planes.

No te frustres, no ores como apresurándome, como si quisieras forzarme a realizar tus planes. En lugar de eso, cierra los ojos de tu alma y con paz dime: «Jesús, yo confío en ti».

Trata de evitar esos pensamientos que te angustian al querer comprender las cosas que te pasan. No arruines mis planes tratando de imponer tus ideas, déjame ser tu Dios y actuar libremente en tu vida.

Entrégate a mí con completa confianza y deja tu futuro en mis manos. Dime frecuentemente: «Jesús, yo confío en ti».

Lo que más te lastima es cuando tratas de razonarlo todo de acuerdo con tus pensamientos e intentas resolver tus problemas a tu manera. Cuando me digas «Jesús, yo confío en ti», no seas como el impaciente que le dice al Doctor “cúreme”, pero le sugiere la “mejor” forma de hacerlo. Déjate curar por mis brazos divinos, no tengas miedo, Yo te amo.

Si ves que las cosas se vuelven peores o más complicadas, aun cuando estés orando, mantente confiado en mí, cierra los ojos de tu alma, y continúa diciendo a cada hora: «Jesús, yo confío en ti».

Necesito mis manos libres para poder manifestarte mis bendiciones. No ates mis manos con tus absurdas preocupaciones. El mundo quiere que te frustres, hacerte sentir triste, quitarte la paz.

Confía en Mí, descansa en Mí, entrégate a Mí. Yo hago milagros en la medida en que tú te abandonas a Mí y de acuerdo con la fe que me tienes. Así que no te preocupes, dame todas tus frustraciones y duerme en paz, y siempre dime: «Jesús, yo confío en ti», y verás grandes milagros.

Te lo prometo con todo mi amor.

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