Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Aprendamos a callar

Pastor Lionel

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Llevaban a la guillotina a un predicador, a un borracho y a un ingeniero. Le preguntaron al predicador si quería estar boca arriba o boca abajo cuando le llegara la hora final.

El predicador contestó que quería estar boca arriba, para estar mirando al cielo al morir. Levantaron la hoja de la guillotina y la dejaron caer. La hoja cayó velozmente y de repente se detuvo, a unos cuantos centímetros de su cuello.

Las autoridades consideraron esto como una intervención Divina y liberaron al predicador. Luego, llegó el turno del borracho, quien también decidió morir mirando al cielo, esperando tener la misma suerte del predicador. La cuchilla fue levantada nuevamente, y soltada. Cayó velozmente y de pronto se detuvo apenas a centímetros del cuello del borracho, por lo que también fue puesto en libertad.

Seguía el ingeniero, quien también optó por morir boca arriba. Levantaron lentamente la hoja de la guillotina, cuando de repente el ingeniero, viendo un desperfecto en el mecanismo de la guillotina, dijo: “Hey, ya sé por qué no cae la hoja de la guillotina…”

Los verdugos, arreglaron el mecanismo, y el ingeniero fue puesto nuevamente en la guillotina, y esta vez, funcionó perfectamente. Aun cuando podamos estar ansiosos de compartir con otros lo mucho que sabemos, ¡a veces es mejor no decirlo! A veces nos metemos en problemas por decir algo que debimos callar.

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Dios viene a cenar

Había una vez una mujer, que vivía haciendo cosas para la Iglesia del barrio. Si no estaba limpiando los jarrones de la capilla, estaba haciendo

Artículo Completo

Y dijimos que estaba bien

En la entrevista que le hicieron a la hija del respetado conferencista internacional Dr. Billy Graham en el Early Show, Jane Clayson le preguntó: ¨¿cómo

Artículo Completo

Cuidado

Sofronio, virtuoso ciudadano romano, tenía una hija muy hermosa, llamada Eulalia, y ésta le pidió permiso para visitar a la mundana Lucina. — No puedo

Artículo Completo

Aceptar el paquete

Hace algunos años llegó un extraño paquete al correo de Johannesburg, dirigido a Ted Beckman, en Sudáfrica, procedente de cierto lugar de Inglaterra. El empleado

Artículo Completo