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Apocalipsis 3: La carta a Sardes

Filadelfia, la puerta abierta

En los versículos 8 y 9 hay un problema de puntuación. En los manuscritos griegos más antiguos no había ninguna puntuación. El problema consiste en que las palabras «porque tienes un poco de fuerza, y porque has guardado Mi Palabra, y no has negado Mi Nombre,» van igualmente bien con lo que las precede o con lo que las sigue. Pueden expresar, o la razón por la que los cristianos de Filadelfia tienen una puerta abierta, o la razón por la que se les entregarán los que pertenecen a la sinagoga de Satanás. Las tomamos con lo que las precede.

Es la gran promesa del Cristo Resucitado que Él ha puesto delante de los cristianos de Filadelfia una puerta abierta que nadie puede cerrar. ¿Qué significa aquí eso de una puerta abierta?

(i) Puede que sea la puerta de la oportunidad misionera. Escribiéndoles a los corintios acerca del trabajo que tenía por delante, Pablo les dice: « Porque se me ha abierto una puerta grande para una obra eficaz» (1 Corintios 16:9). Cuando llegó a Tróade, el Señor le abrió una puerta (2 Corintios 2:12). Les pide a los colosenses que oren para que se le abra una puerta para la Palabra (Colosenses 4:3). Cuando volvió a Antioquía de su primer viaje misionepro contó cómo Dios les había abierta la puerta de la fe a los gentiles (Hechos 14:27). El sentido es especialmente apropiado para Filadelfia. Ya hemos visto que era una ciudad fronteriza, situada en la confluencia de Lidia, Misia y Frigia, y había sido fundada para que fuera misionera de la lengua y cultura griega hacia los pueblos bárbaros de más allá. Estaba en la carretera del correo imperial, que salía de la costa en Tróade, llegaba a Filadelfia vía Pérgamo, Tiatira y Sardes, y se unía con la gran carretera que iba hacia Frigia. Los ejércitos del césar iban por esa carretera; las caravanas comerciales también; y ahora se les abría a los misioneros cristianos.

Dos cosas surgen de aquí.

(a) Hay una puerta de oportunidad misionera delante de cualquier cristiano sin necesidad de ir a ultramar a buscarla. En el hogar, en el círculo en que nos movemos, en la parroquia en que residimos, hay almas que ganar para Cristo. El usar la puerta de la oportunidad es al mismo tiempo nuestro privilegio y nuestra responsabilidad.

(b) En el camino de Cristo la recompensa de un trabajo bien hecho es más trabajo para hacer. Filadelfia había dado pruebas de su fidelidad a Cristo, y su recompensa fue más oportunidades para demostrarla.

(ii) Se ha sugerido que la puerta que se le abría a Filadelfia no era otra que Jesucristo mismo. «Yo soy la puerta,» dijo Jesús (Juan 10: 7, 9).

(iii) Se ha sugerido que la puerta es la de la comunidad mesiánica. Con Jesucristo se inauguró el nuevo Reino de David; y, exactamente como en el antiguo reino Eliaquim tenía las llaves para admitir a la presencia del rey, así Jesús es la puerta de acceso al Reino de Dios.

(iv) Aparte de todas estas cosas, para cualquier persona la puerta de la oración siempre está abierta. Esa es una puerta que nadie nos puede cerrar, y que Jesús abrió cuando nos aseguró que el amor de nuestro Padre Dios siempre nos espera.

Filadelfia, i1erederos de la promesa

En el versículo 9 la promesa del Cristo Resucitado es que algún día los judíos que calumnian a los cristianos se arrodillarán a sus pies. Este es un eco de la esperanza de los judíos que se expresa con frecuencia en el Antiguo Testamento.

Esperaban que en la nueva era todas las naciones ofrecerían un homenaje humilde a los judíos. Esta promesa aparece una y otra vez en Isaías. « Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las plantas de tus pies se encorvarán» (Isaías 60:14). «Las labores de Egipto, las mercancías de Etiopía, y los sabeos, hombres de elevada estatura, se pasarán a ti y serán tuyos, irán en pos de ti, pasarán encadenados, y te harán reverencias» (Isaías 45:14). «Reyes serán tus ayos, y sus reinas, tus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra se postrarán ante ti y lamerán el polvo de tus pies» (Isaías 49:23). Zacarías tiene una visión del día en que todos los hombres de todas las naciones y lenguas se dirigirán a Jerusalén, « y se agarrarán al manto de un judío, y le dirán: «Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros»» (Zacarías 8:22s).

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