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Apocalipsis 3: La carta a Sardes

(iii) Por muy duro que parezca, el sentido de esta terrible amenaza del Cristo Resucitado es que es mejor no empezar siquiera el camino cristiano que empezar y luego desviarse a un cristianismo convencional y sin sentido. Hay que mantener el fuego ardiendo. Hay un dicho atribuido a Jesús que no está en los evangelios: « El que está cerca de Mí está cerca del fuego.» Y la manera de mantenerse inflamats per l›Esperit (Romanos 12:11, Nou Test.) es vivir cerca de Cristo.

Laodicea, la riqueza que es pobreza

La tragedia de Laodicea era que se creía muy rica y era ciega a su pobreza real. Humanamente hablando, se diría que era la ciudad más próspera de Asia Menor. Espiritualmente hablando, el Cristo Resucitado declara que era la comunidad más menesterosa. Laodicea se enorgullecía de tres cosas, cada una de las cuales consideraremos por turno.

(i) Presumía de su riqueza económica. Era rica, y había amasado riquezas, y no carecía de nada -eso creía. El Cristo Resucitado aconseja a Laodicea que compre oro refinado al fuego. Puede ser que el oro afinado al crisol represente la fe, porque así es como la define Pedro (1 Pedro 1:7). Con dinero se pueden obtener muchas cosas, pero hay muchas que no se pueden conseguir. No se puede comprar la felicidad, ni la salud de cuerpo o de mente; no puede consolar en el dolor ni acompañar en la soledad. Si todo lo que se tiene para arrostrar la vida es dinero, se es pobre de veras. Pero si uno tiene una fe probada y refinada en el crisol de la experiencia, no hay nada con lo que no se pueda enfrentar, y se es rico de veras.

(ii) Laodicea presumía de su riqueza textil. Sus ropas la habían hecho famosa en todo el mundo, y la lana de las ovejas de Laodicea era un artículo de lujo que conocía todo el mundo. Pero, dice el Cristo Resucitado, Laodicea estaba espiritualmente desnuda; si quería estar vestida de veras tenía que acudir a Él. El Cristo Resucitado habla de « la vergüenza de la desnudez de Laodicea.»

Esto querría decir aún más en el mundo antiguo que ahora. Entonces, el dejarle a uno desnudo era la peor humillación. Eso fue, en parte, lo que les hizo Hanún a los siervos de David (2 Samuel 10:4). La amenaza a Egipto es que Asiria llevaría a los egipcios desnudos y descalzos (Isaías 20:4). La amenaza de Ezequiel a Israel era que sus enemigos le desnudarían (Ezequiel 16:37-39; 23:26-29; cp.: Oseas 2: 3, 9; Miqueas 1:8,11). La amenaza de Dios que transmitió Nahúm al pueblo desobediente fue: «Mostraré a las naciones tu desnudez, a los reinos tu vergüenza» (Nahúm 3:5). Por otra parte, el estar vestido con ropas delicadas era el mayor honor. Faraón honró a José haciéndole vestir de ropas de lino finísimo (Génesis 41:42). A Daniel le hizo vestir de púrpura Belsasar (Daniel 5:29). Al hombre cuya gloria desea el rey se le vestirá con una ropa real (Ester 6:6-11). Cuando vuelve el hijo pródigo se le viste con el mejor vestido (Lucas 15:22).

Laodicea presumía de la ropa magnífica que producía, pero espiritualmente estaba desnuda, y la desnudez es vergüenza. El Cristo Resucitado la exhorta a comprar de Él vestiduras blancas. Estas puede que representen las bellezas de la vida y del carácter que sólo puede producir la gracia de Cristo. No tiene sentido que uno adorne su cuerpo cuando no tiene nada con que adornar su alma. La mejor ropa del mundo no puede hermosear a una persona de naturaleza retorcida y feo carácter.

(iii) Laodicea presumía de su famoso colirio; pero era ciega a su propia pobreza y desnudez. Trench dice: « El principio de toda verdadera enmienda es vernos tal como somos.» Los colirios del mundo antiguo hacían escocer los ojos, y Laodicea no tenía ningunas ganas de verse tal como era.

Laodicea, el castigo amoroso

El versículo 19 contiene una enseñanza que se extiende por toda la Escritura: « Yo reprendo y castigo a todos los que amo.» Es muy preciosa la manera como se dice. Es una cita de Proverbios 3:12, pero se cambia una palabra. En la traducción griega de la Septuaginta la palabra para amar es agapán, que expresa la actitud inalterable de buena voluntad que nada puede convertir en odio; pero es una palabra que puede que tenga más de la cabeza que del corazón; y en la cita del Cristo Resucitado cambia agapán por filein, que es la del afecto más tierno. Podríamos parafrasearlo de la manera siguiente: « Es a las personas que me son más queridas a las que les aplico la disciplina más severa.»

Empecemos por analizar la palabra reprender. En griego es elénjein, que describe la clase de reprensión que induce a una persona a reconocer su error. Élenjos es el nombre correspondiente, que definía Aristóteles: « Élenjos es la prueba de que una cosa no puede ser más que como decimos.» El ejemplo más claro de esta clase de reprensión es la manera que usó Natán para hacerle ver su pecado a David (2 Samuel 12:1-14). La reprensión de Dios es más iluminación que castigo. Veamos ahora la idea de la disciplina que transcurre por toda la Biblia.

Es muy característica de la enseñanza de Proverbios. «Quien escatima la vara odia a su hijo, el que lo ama lo corrige a tiempo» (Proverbios 13:24, NBE). « No te resistas a castigar al muchacho, que no se te va a morir porque le des una paliza; y si le aplicas la vara le puedes librar de la muerte» (Proverbios 23:13s). «Fieles son las heridas que causa un amigo» (Proverbios 27:6). «La vara y la corrección infunden sensatez, pero el muchacho consentido será la vergüenza de su madre. Corrige a tu hijo y te producirá descanso y te alegrará el alma» (Proverbios 29:15,17). «Bienaventurado el que Tú, Señor, corriges, y le instruyes en Tu Ley» (Salmo 94:12).

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