Comprometidos a Sembrar La Palabra de Dios

Apocalipsis 3: La carta a Sardes

Laodicea tenía ciertas características que han dejado su impronta en esta carta.

(i) Era un gran centro banquero y financiero. Cuando Cicerón hizo un viaje por Asia Menor, fue en Laodicea donde hizo efectivas sus cartas de crédito. Era una de las ciudades más opulentas del mundo. El año 61 d.C. la devastó un terremoto; pero sus ciudadanos eran tan ricos e independientes que rehusaron recibir ninguna ayuda del gobierno romano, y reconstruyeron su ciudad con sus propios recursos. Tácito escribe: « Una de las más famosas ciudades de Asia, Laodicea, fue arrasada ese mismo año por un terremoto, y se recuperó por sus propios medios sin ninguna ayuda nuestra» (Tácito, Anales 14:27). No nos sorprende que Laodicea presumiera de ser rica y haber amasado riquezas y no tener necesidad de nada. Era tan opulenta que no necesitaba ni a Dios.

(ii) Era un gran centro de confección de ropa. Las ovejas que pastaban en los alrededores de Laodicea eran famosas por su lana suave, violeta-negra, lustrosa. Producía ropa exterior barata en grandes cantidades, especialmente una túnica que se llamaba la trimita, hasta tal punto que a veces se llamaba a Laodicea Trimitaria. Laodicea estaba tan orgullosa de la ropa que fabricaba que no se daba cuenta de que estaba desnuda a los ojos de Dios.

(iii) Era un centro médico muy considerable. A veinte kilómetros al Oeste, entre Laodicea y la Puerta de Frigia, se encontraba el templo del dios cario Menón. En un tiempo, aquel templo había sido el centro social, administrativo y comercial de toda la zona. Hasta menos de cien años antes, grandes mercados tenían lugar regularmente en sus terrenos. En particular, el templo era el centro de una escuela de medicina que luego se trasladó a la misma Laodicea. Sus médicos eran tan famosos que los nombres de algunos de ellos, como Zeuxis y Alejandro Filalete, figuran en las monedas de Laodicea.

Esta escuela de medicina era famosa en todo el mundo principalmente por dos cosas: el ungüento para los oídos y el colirio para los ojos. Nuestras biblias españolas no necesitan traducir esta última palabra, porque nos ha pasado directamente del griego, kollyrion, a través del latín y de la Vulgata, y que quería decir originalmente panecillo. Esta palabra surgió de la famosa tefra frigia, polvo de Frigia, que se exportaba a todo el mundo en tabletas solidificadas que tenían la forma de panecillos. Laodicea estaba tan orgullosa de sus habilidades médicas en el cuidado de los ojos que no reconocía que estaba ciega espiritualmente.

Las palabras del Cristo Resucitado se refieren directamente a la prosperidad y a la habilidad de las que Laodicea presumía tanto que habían eliminado la necesidad de Dios de las mentes de sus ciudadanos y aun de su iglesia.

(iv) Añadiremos un último hecho acerca de Laodicea. Estaba en una zona en la que había una muy extensa población judía. Tantos judíos habían emigrado allí que los rabinos se metían con los que iban buscando los vinos y los baños de Frigia. El año 62 a.C., el gobernador de la provincia, Flaco, llegó a alarmarse de la fuga de capital que suponía el pago del impuesto del Templo que hacían los varones judíos todos los años, y prohibió la salida de la moneda. El resultado fue que confiscó un contrabando de veinte libras de peso de oro en Laodicea y cien en Apamia de Frigia. Esa cantidad de oro equivaldría a 15,000 dracmas de plata. El impuesto judío del Templo era de medio siclo, igual a dos dracmas. Esto quiere decir que había por lo menos 7,500 varones judíos en el distrito. En Hierápolis, a diez kilómetros de Laodicea, había una «Congregación de judíos» que tenía autoridad para imponer y retener multas, y un archivo donde se guardaban documentos legales judíos. Puede que hubiera pocas zonas en las que los judíos fueran tan ricos e influyentes.

Laodicea, las prerrogativas de Cristo

De las Siete Iglesias, la de Laodicea es la que se condena más irremisiblemente. No hay en ella ninguna cualidad redentora. Es interesante notar que en la obra del siglo III Las Constituciones apostólicas (8:46) se dice que Arquipo fue el primer obispo de la iglesia de Laodicea. Cuando Pablo estaba escribiendo a la vecina iglesia de Colosas, incluyó la advertencia: « Decidle a Arquipo: «Mira que lleves a cabo la porción del servicio que te ha encomendado el Señor»» (Colosenses 4:17). Parecería que Arquipo estaba fallando en el cumplimiento de su cometido. Eso era unos treinta años antes de que se escribiera el Apocalipsis; pero puede que ya entonces se hubiera introducido en la iglesia de Laodicea la infección, y que un ministerio insatisfactorio había sembrado la semilla de la degeneración. Como las otras cartas, también esta empieza con una serie de grandes títulos de Jesucristo.

Ayúdanos a continuar sembrando La Palbara de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar los fondos para continuar con La Gran Comisión


Deja el primer comentario

Otros artículos de Nuestro Blog

Que pueden ser de interés para ti de acuerdo a tus lecturas previas.