Apocalipsis 22: El río de la vida

Pastor Lionel

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Palabras finales

Y me dijo: -Estas palabras son creíbles y verídicas, porque el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado Su ángel para mostrarles a Sus siervos las cosas que han de suceder pronto. – ¡Atención: Yo vengo en seguida! ¡Bienaventurado el que guarde las palabras de la profecía de este libro! Fui yo; Juan, el que oí y vi estas cosas; y cuando las oí y vi, me postré a los pies del ángel que me las mostró para adorarle. Pero él me dijo: – ¡Guárdate de hacer tal cosa! Yo soy tu consiervo, y de tus hermanos profetas, y de los que guarden las palabras de este libro. ¡Adora solamente a Dios!

Lo que nos queda del último capítulo del Apocalipsis está curiosamente deshilvanado. Se ponen las cosas sin un orden aparente; hay repeticiones de cosas que han salido antes; y a veces es difícil saber quién es el que está hablando. Hay dos posibilidades. Puede ser que Juan esté sondeando otra vez algunos de los temas que ya han aparecido en el libro, y presentando en escena a algunos de los personajes para el mensaje final. Pero tal vez es más probable que no acabara de poner en orden este último capítulo y que sea solo un boceto.

Tenemos tres interlocutores.

El primero es uno de los ángeles que han sido los intérpretes de cosas divinas para Juan. Una vez más subraya la verdad de todo lo que ha visto y oído Juan. «El Dios de los espíritus de los profetas» quiere decir el Dios que inspiró las mentes de los profetas. Por tanto, los mensajes que ha recibido Juan procedían del mismo Dios Que inspiró a los grandes profetas del Antiguo Testamento, y deben ser tratados con la misma seriedad.

El segundo interlocutor es Jesucristo mismo. Reitera que Su vuelta no se retrasará mucho. Y entonces pronuncia Su bendición para con todos los que lean y obedezcan las palabras del libro de Juan. Swete llama correctamente a esto – « la felicitación del devoto estudiante.» El estudiante devoto es el mejor estudiante. Hay muchos devotos que no son estudiantes, que no aceptan la disciplina del aprendizaje y que aun miran con suspicacia el conocimiento que así se adquiere. Y también hay muchos estudiantes que no son devotos, que están demasiado interesados en el conocimiento intelectual y demasiado poco en la oración y el servicio a sus semejantes.

El último interlocutor es el mismo Juan. Se identifica como el autor del libro. Y entonces, sorprendentemente, hace exactamente la misma advertencia contra el culto a los ángeles de 19:10. O bien Juan habría suprimido este pasaje como repetición innecesaria si hubiera tenido oportunidad de revisar su libro, o era tan consciente de los peligros del culto a los ángeles que creía que era necesario hacer la misma advertencia dos veces. Es cierto que no nos deja la menor duda en cuajo a ese peligro, ni de que solo debemos adorar a Dios.

El tiempo inmediato y el pasado

Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. Que el que sea un malvado, siga obrando la maldad, y el que sea un guarro, que siga refocilándose en su guarrería; pero el que sea íntegro, que se mantenga en su integridad, y el que esté consagrado a Dios que se mantenga en su consagración.

Este pasaje insiste en que la venida de Cristo es inminente; debe de ser el Cristo Resucitado el Que está hablando. En los apocalipsis más antiguos, escritos entre los Testamentos, se advierte siempre que se sellen y se guarden para un futuro lejano. En Daniel, por ejemplo, leemos: «Sella -R-V guarda- la visión, porque es para muchos días» (Daniel 8:26). Pero en este caso no es el tiempo para sellar, sino para abrir y leer; porque la venida de Cristo puede tener lugar en cualquier momento.

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