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Apocalipsis 21: La nueva creación

Pastor Lionel

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La gloria y la deshonra

El que salga victorioso entrará en posesión de estas cosas, y Yo seré su Dios y él será Mi hijo; pero en cuanto a los cobardes, los infieles, los contaminados, los asesinos, los inmorales, los hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos – su parte será el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la segunda muerte.

La bienaventuranza no es para todo el mundo, sino solo para los que se mantienen fieles cuando todo se confabula para que abandonen su lealtad.

A esa persona le hace Dios la mayor de todas las promesas: «Yo seré su Dios y él será Mi hijo.» Esta promesa, u otra muy parecida, se hizo en el Antiguo Testamento a tres personas diferentes. La primera fue Abraham: «Establecerá Mi pacto contigo -le dijo Dios- y con tus descendientes… para ser tu Dios y el de tus descendientes» (Génesis 17:7). La segunda se le hizo al hijo que había de heredar el reino de David: «Yo seré su Padre -dijo Dios- y él será Mi hijo» (2 Samuel 7:14). La tercera se hizo en un salmo que los maestros judíos interpretaron siempre que se refería al Mesías: « Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra» (Salmo 89:27). Aquí tenemos algo tremendo: la promesa de Dios a los que salgan victoriosos es la misma que hizo a Abraham el fundador del pueblo elegido, a David con referencia a, su hijo Salomón, y al mismo Mesías. No hay mayor honor en todo el universo que el que Dios otorga a la persona que Le es fiel.

Pero también se hace mención de los condenados. Los cobardes son los que amaban la tranquilidad y la comodidad más que a Cristo, y que en el día de la prueba se avergonzaron de mostrar Cúyos eran y a Quién servían. La antigua versión Reina-Valera daba una impresión falsa al traducir deilós por temerosos. No es el miedo lo que se condena, sino la cobardía, como ya corrigió la Versión Hispano-Americana (1916) y las revisiones posteriores de la Reina-Valera. La valentía más elevada se muestra cuando se está desesperadamente atemorizado, y sin embargo se hace lo que se debe y se mantiene la fidelidad. Se condena la cobardía de negar a Cristo para mantenerse a salvo. Los incrédulos (R-V) o infieles son los que se niegan a aceptar el Evangelio, o los que lo aceptan de labios para fuera, pero muestran en sus vidas que no lo han creído. Los contaminados son los que se han dejado saturar por las abominaciones del mundo. Los asesinos puede que se refiera a los que mataban a los cristianos en las persecuciones.

Los inmorales se refiere especialmente a la inmoralidad sexual, lacra del Imperio Romano y creciente asechanza en nuestro tiempo. Éfeso estaba lleno de hechiceros; Hechos 19:19 nos dice que, al predicar el nombre de Cristo en los primeros días, los que habían practicado la magia quemaron sus libros. Los idólatras son los que dan culto a dioses falsos de los que está lleno el mundo. Los mentirosos son los culpables de falsedad, y del silencio que es a veces una mentira.

La ciudad de Dios

Será mejor que leamos completa la descripción de la ciudad de Dios antes de estudiarla en detalle.

9 Entonces se me dirigió uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las últimas siete plagas postreras, y habló conmigo diciéndome: – ¡Ven, y te mostraré a la Novia, la Esposa del Cordero!

10 Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la Santa Ciudad de Jerusalén descendiendo del Cielo, de con Dios; y tenía la gloria de Dios.

11 Su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como la piedra de jaspe, resplandeciente como el cristal.

12 Tenía un muro grande y alto, y doce puertas, y en las puertas doce ángeles. Había nombres escritos en las puertas, que eran los de las doce tribus de los hijos de

13 Israel. Al Este había tres puertas, y al Norte otras tres, y otras tres al Sur y tres más al Oeste.

14 La muralla de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.

15 El que estaba hablando conmigo tenía una vara de medir de oro para medir la ciudad y sus puertas y sus murallas.

16 La ciudad tiene una planta cuadrada, lo mismo de ancha que de larga. Él midió la ciudad con su vara de medir, y su medida era doce mil estadios. Su longitud y

17 su anchura y su altura eran las mismas. Y midió su muralla, que resultó tener una longitud de ciento cuarenta y cuatro codos en medida humana, es decir, de ángel.

18 El material del que estaba hecho el muro era jaspe, y la ciudad estaba hecha de oro puro como el vidrio.

19 Los cimientos de la muralla de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedras preciosas. El primer cimiento era de jaspe; el segundo, de zafiro; el tercero, de

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