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Apocalipsis 18: La endecha por Roma

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Después vi a otro ángel que descendía del Cielo. Tenía una gran autoridad, y la tierra se iluminó con su gloria. Y dio grandes voces diciendo: -¡Caída, caída es Babilonia la Grande! ¡Se ha convertido en una guarida de demonios, y en una fortaleza de espíritus inmundos, y en un albergue de toda clase de pájaros inmundos y repugnantes, porque las naciones han bebido del vino de la ira de su fornicación, y los reyes de la tierra han cometido fornicación con ella, y los comerciantes de la tierra se han enriquecido con la riqueza de sus lascivias!

En este capítulo tenemos una forma de literatura profética, corriente en los libros proféticos del Antiguo Testamento. Es lo que se llama una «Endecha», el lamento por la ciudad de Roma.

Citemos algunos paralelos del Antiguo Testamento. En Isaías 13:19-22 tenemos la endecha por la antigua Babilonia: Y Babilonia, la más hermosa de los reinos, el esplendor y el orgullo de los caldeos, se convertirá en algo como Sodoma y Gomorra cuando Dios las destruyó. Nunca más será habitada, ni se morará en ella por generaciones y generaciones; ningún beduino pondrá en ella su tienda, y ningún pastor apacentará en ella su rebaño. Pero las alimañas tendrán en ella sus guaridas, y sus casas estarán llenas de avestruces y en ellas saltarán las cabras. Las hienas reirán desde sus torres, y los chacales en sus lujosos palacios; su tiempo está para llegar a su fin, y no se le aplazarán sus días.

En Isaías 34: I1-15 tenemos la elegía de Edom: Se adueñarán de ella el pelícano y el erizo; la lechuza y el cuervo pondrán en ella sus nidos; y se hará la tira de cuerda sobre ella para arrasarla, y se le aplicarán niveles para asolarla… En sus alcázares crecerán espinos, y hortigas y cardos en sus fortalezas; y serán guarida de chacales, y refugio de avestruces. Las fieras del desierto se encontrarán con las hienas, las cabras salvajes llamarán a sus compañeros; hasta la lechuza tendrá allí su casa donde reposar. Allí anidará el búho, pondrá sus huevos, sacará sus polluelos y los cubrirá con sus alas; también irán allí los buitres, cada uno con su pareja.

Jeremías 50:39, y 51:37 son parte de una endecha por la ciudad de Babilonia: Por tanto, en ella harán su guarida las fieras y los chacales, y crecerán los polluelos de las avestruces; ya no será habitada nunca más, ni habrá quien viva en ella por generaciones. Y Babilonia se convertirá en un montón de ruinas, guarida de chacales, un horror y una burla sin morador.

En Sofonías 2:13-15 tenemos una elegía por Nínive: Luego extenderá su mano contra el Norte, y destruirá a Asiria, y convertirá a Nínive en un lugar desolado, árido como un desierto. Los rebaños se echarán en ella, lo mismo que las alimañas; el pelícano y el erizo dormirán en sus dinteles, y chillarán desde sus ventanas; habrá desolación en sus puertas, y su artesonado de cedro quedará descubierto. Esta es la ciudad alegre que estaba confiada, que se decía para sus adentros: «¡Yo, y nadie más que yo!»

¡Cómo ha sido asolada, convertida en guarida de las fieras! Todos los que pasen por ella se burlarán de ella y la amenazarán con la mano.

A pesar de sus lúgubres pronósticos de ruina, estos pasajes son verdaderas joyas de poesía apasionada. Puede que aquí nos encontremos muy lejos de la actitud cristiana del perdón; pero estamos muy cerca de un corazón humano que late.

En nuestro pasaje, el ángel portador del mensaje de condenación viene revestido de la misma luz de Dios. Sin duda Juan estaba pensando en Ezequiel 43:1 s: «Luego me llevó a la puerta, a la que da al Este, y vi que la gloria del Dios de Israel venía del Oriente. Su sonido era como el tumulto de muchas aguas, y la tierra resplandecía por el resplandor de Su gloria.» H. B. Swete escribe acerca del ángel: «Hace tan poco que ha salido de la Presencia que a su paso trae un amplio cerco de luz a través de la tierra.»

Tan seguro está Juan de la ruina de Roma que habla de ella como si ya hubiera sucedido.

Notemos otro punto. Sin duda la parte más dramática de la descripción son los demonios acechando en sus ruinas. Los dioses paganos desterrados de su reino vagan desolados por las ruinas de sus templos donde antes gozaban de un poder supremo.

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