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Apocalipsis 13: El poder de la bestia

Pastor Lionel

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(ii) Esta bestia hace que se mate a los que no le den culto. Esa era, de hecho, la ley. Si un cristiano rehusaba ofrecer al emperador ese acto de culto, se le condenaba a muerte. La pena de muerte no siempre se llevaba a cabo; pero si un cristiano no tenía la señal de la bestia, no podía comprar ni vender. Es decir: si uno se negaba a dar culto al emperador, aunque se le dejara con vida, se le arruinada económicamente. Sigue siendo verdad que el mundo sabe ejercer presión sobre los que no acepten sus estándares. Todavía a menudo una persona tiene que escoger entre el éxito material y la lealtad a Jesucristo.

La señal de la bestia

Los que habían rendido culto al césar como mandaba la ley tenían la señal de la bestia en la mano derecha y en la frente. Esta señal es otra parodia ridícula de las que aparecen en este capítulo: la de una costumbre sagrada judía. Para orar, los judíos se ponían filacterias en el brazo izquierdo y en la frente, que eran cajitas de piel que contenían unos rollitos de pergamino con los siguientes pasajes: Éxodo 13:1-10; 13: I1-16; Deuteronomio 6:4-9; 11:13-21.

La palabra para la señal de la bestia era járagma, que podía venir de más de una costumbre antigua.

(i) Algunas veces se marcaba a los esclavos domésticos con la señal de su dueño; pero corrientemente no se los marcaba más que si se habían escapado o habían sido culpables de alguna falta grave. Tal marca se llamaba stigma, cuyo derivado castellano conserva bastante de su sentido. Si la señal de la bestia se relacionaba con esta quería decir que se era propiedad de la bestia si se la adoraba.

(ii) A veces los soldados hacían un tatuaje con el nombre de su general en señal de su lealtad, como se sigue haciendo en nuestro tiempo con el nombre de la persona querida. Si la señal se conectaba con esto, quiere decir que los que daban culto a la bestia eran sus devotos seguidores.

(iii) En cualquier contrato de compra-venta había una járagma, un sello can el nombre del emperador y la fecha. Si la señal de la bestia esta relacionada con esto, quiere decir que los que dan culto a la bestia aceptan su autoridad.

(iv) Todas las monedas que se acuñaban tenían la efigie y la inscripción del emperador, mostrando que eran su propiedad. Si la señal se relaciona con esto, quiere decir de nuevo que los que la llevan son propiedad de la bestia.

(v) Cuando uno había quemado su pizca de incienso en reconocimiento de la divinidad del césar recibía un certificado en el que se decía que lo había hecho. La señal de la bestia puede que sea el certificado del culto, que un cristiano no podía obtener nada más que negando a su Maestro.

El número de la bestia

En este versículo se nos dice que el número de la bestia es el seiscientos sesenta y seis; y podemos estar seguros de que se ha derrochado más ingenio tratando de explicar este versículo que en ningún otro de la Escritura. ¿Quién es esta bestia satánica así simbolizada? Debe recordarse que los pueblos antiguos no tenían cifras, sino que usaban las letras del alfabeto también para indicar los números. Es como si usáramos la A para el 1, la B para el 2, la C para el 3, y así sucesivamente. Cualquier palabra, por tanto, y cualquier nombre propio en particular, podía ser también un número. Una manera romántica y encantadora de usar este método nos la cuenta Deissmann. Un amante escribió en los muros de Pompeya: «Estoy enamorado de una que tiene el número 545,» ¡identificando y ocultando al mismo tiempo a su amada!

Las sugerencias que se han hecho en cuanto al sentido de 666 sin innumerables. Como es el número de la bestia, muchos lo han manipulado para que coincidiera con el de su enemigo número 1; y así el 666 se ha hecho representar al Papa, al reformador escocés John Knox, a Martín Lutero, a Napoleón y a otros muchos. El Dr. Kepler nos ofrece un ejemplo de lo que el ingenio diseñó en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Hagamos que A = 100, B = 101; C = 102; D = 103, etcétera. Entonces podemos hacer esta suma: H = 107; I = 108; T = 119; L = 111; E = 104; R = 117. ¡TOTAL, 666! (si no contamos la Ñ).

Al principio ya vimos que Apocalipsis está escrito en clave; está claro que nada se guardará más celosamente que este número que representa al archienemigo de la Iglesia. Lo curioso es que la clave debe de haberse perdido muy pronto, porque hasta un investigador tan grande como Ireneo en el siglo II d.C. no sabía lo que representaba el número. Exponemos cuatro de las primeras sugerencias.

Ireneo sugirió que podría ser Euanthas. En números griegos: E = 5; U = 400; A = 1; N = 50; TH (la letra griega theta) = 9; A = 1; S = 200; y la suma es 666. Pero en cuanto a lo que quería decir Euanthas, Ireneo no tiene nada que decir; así es que sustituyó una incógnita por otra.

Otra sugerencia fue que la palabra en cuestión era Lateinos. L=30;A=1;T=300;E=5;I=10;N=50;0=70;S = 200; y la suma es 666. Lateinos podría querer decir latín y, por tanto, representaría el Imperio Romano.

Una tercera sugerencia era Teitan. T = 300; E = 5; I = 10; T = 300; A =1; N = 50; y la suma es 666. Teitan podría hacerse que tuviera dos significados. Primero, en la mitología griega los titanes eran los grandes rebeldes contra Dios.

Segundo, el apellido de la familia de Vespasiano, Tito y Domiciano era Titus, y es posible que se los llamara Los Titanes. Una cuarta sugerencia era arnoume. A = 1; R = 100; N = 50; O = 70; U = 400; E = 5; y la suma es 666. Es posible que amoume fuera una forma de la palabra griega ámoumai, « yo niego.» En este caso el número representaría la negación del nombre de Cristo.

Ninguna de estas sugerencias es convincente. El capítulo mismo nos da con mucho la mejor clave. Menciona una y otra vez la cabeza que fue herida de muerte y se restableció. Ya hemos visto que esa cabeza simbolizaba la leyenda del Nero redivivus. Bien podemos, por tanto, suponer que el número tiene algo que ver con Nerón. Muchos manuscritos antiguos dan el número 616 en vez de 666. Si ponemos Nerón en latín y le damos el equivalente numérico tenemos: N = 50; E= 6; R = 500; O = 60; N = 50

El total es 666; y el nombre se puede escribir lo mismo con la N final o sin ella, lo cual daría 616. En hebreo las letras de Nero Caesar también suman 666.

Es bastante seguro que el número de la bestia representa a Nerón; y que Juan está pronosticando la venida del Anticristo en la forma de Nerón, la encarnación de todo mal, volviendo a este mundo.

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