Apocalipsis 12: La mujer y la bestia

(i) Tenemos el eco de la antigua historió de una guerra primigenia en el Cielo. Satanás fue un ángel que concibió « la idea imposible» de colocar su trono por encima del de Dios (2 Henoc 29:4s) y fue arrojado del Cielo. Los babilonios tenían la historia parecida de Istar, el dios de la estrella matutina. También él se rebeló contra Dios y fue arrojado del Cielo. Hay una clara referencia a esta antigua historia en el Antiguo Testamento. En Isaías leemos: « ¡Cómo caíste del cielo, Lucero del Día, hijo de la aurora!» (Isaías 14:12). El pecado que causó su caída del Cielo fue el orgullo. Puede que haya una referencia a esto en 1 Timoteo 3:6, donde se exhorta al predicador cristiano se mantenga libre del orgullo no sea que caiga en la misma condenación que el diablo. Cuando Satanás fue arrojado del Cielo, su morada fue el aire, donde tenía que vagar; por eso se le llama a veces el Príncipe del Aire (Efesios 2:2).

(ii) Hay una fuerte línea de pensamiento en el Antiguo Testamento según la cual Satanás sigue siendo un ángel a las órdenes de Dios y con acceso a Su presencia. En Job encontramos a Satanás nombrado entre los hijos de Dios y teniendo derecho de acceso a Su presencia (Job 1:6-9: 2:1-6); y en Zacarías 3:1 s le encontramos también en la presencia de Dios.

Para entender esta concepción de Satanás debemos empezar por entender lo que su nombre quiere decir. Satán quería decir originalmente en hebreo adversario. Aun el ángel del Señor que se plantó en el sendero de Balaam para detenerle en sus intenciones pecadoras se podía decir que era un satán para Balaam (Números 22:22). Los filisteos temían que David les resultara un satán (1 Samuel 29:4). Cuando Salomón subió al trono, fue tan bendecido por Dios que no tenía ningún satán (1 Reyes 5:4). Pero más tarde los reyes extranjeros Hadad y Rezón se convirtieron en sus satanes (1 Reyes 11:14,23).

En el Antiguo Testamento Satán era el ángel que hacía las veces de fiscal contra los hombres en la presencia de Dios, el adversario de ellos. Así actuó como fiscal contra Job, sugiriendo cínicamente que Job servía a Dios por la cuenta que le traía y que, si cayera en desgracia, su lealtad desaparecería (Job 1:11 s), y Satán obtuvo el permiso de Dios para usar cualquier desgracia menos la muerte para poner a prueba a Job (Job 2:16). Igualmente en Zacarías Satán es el acusador del sumo sacerdote Josué (Zacarías 3: I s). En el Salmo 109:6, la versión Reina-Valera usa de hecho la palabra Satanás en este sentido: «Pon sobre él al impío y Satanás esté a su diestra.» Otras versiones alteran correctamente la traducción poniendo: «Que un acusador le lleve a juicio.»

Así que en el Antiguo Testamento Satán era el ángel a cargo del ministerio fiscal cuando uno era juzgado ante Dios; mientras que Miguel era el abogado defensor. Entre los Testamentos parece haber habido una creencia de que había más de un satán a cargo de presentar acusaciones contra los hombres, y leemos qué había un arcángel cuya misión era mantener a raya a los satanes (1 Henoc 40:6).

Para la mayor parte del Antiguo Testamento Satán estaba totalmente bajo la jurisdicción de Dios.

(iii) En el Antiguo Testamento no se nos dice nada del Diablo, aunque algunas veces sí de diablos; pero en el Nuevo Testamento Satanás se nos presenta como el Diablo. En griego diábolos quiere decir literalmente calumniador. No hay una clara línea divisoria entre presentar los cargos contra los hombres e inventar esos cargos y tentar a los hombres a acciones de las que luego se los pueda acusar. Así que en el Nuevo Testamento Satanás pasa a ser el que induce a los hombres a caer en pecado.

Encontrarnos que en la historia de las tentaciones de Jesús se usan los tres nombres indistintamente. Este poder del mal es Satanás (Mateo 4:10; Marcos 1:13); el Diablo (Mateo 4:1, 5, 8,11; Lucas 4: 2, 3, 5,13); y el Tentador (Mateo 4:3).

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