Apocalipsis 11: La visión de las cosas por venir

Los dos testigos

Siempre fue parte de la fe judía que Dios mandaría Su especial mensajero a los hombres antes de la llegada final del Día del Señor. En Malaquías 3:1 oímos decir a Dios: «¡Atención: Yo envío Mi mensajero a prepararme el camino!» Malaquías de hecho identifica al mensajero con Elías: « Yo os envío al profeta Elías antes que llegue el Día grande y terrible del Señor» (Malaquías 4:5). Así que, en nuestro pasaje, tenemos la llegada de los mensajeros de Dios antes que se produzca la contienda final.

Estos mensajeros tienen la misión de profetizar; profetizarán 1,260 días, es decir, tres años y medio, que, como ya hemos visto, es el tiempo que se relaciona siempre con el terror y la destrucción de vienen. Su mensaje será sombrío, porque están vestidos de cilicio.Será un mensaje de condenación; el escucharlo será como una tortura, y la gente se alegrará cuando maten a los dos testigos (versículo 10).

(i) Algunos investigadores han alegorizado este pasaje totalmente. Identifican los dos testigos con la Ley y los Profetas, o con la Ley y el Evangelio, o con el Antiguo y el Nuevo Testamento. O ven en los dos testigos una figura de la Iglesia. Jesús les había dicho a Sus seguidores que serían Sus testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta lo último de la Tierra (Hechos 1:8). Los que identifican los dos testigos con el testimonio de la Iglesia explican el número dos en relación con Deuteronomio 19:15, donde se dice que si se presenta una acusación contra alguien habrá de ser confirmada con la evidencia de dos testigos por lo menos. Pero la escena de los dos testigos es tan definida que nos da la impresión de que se refiere a dos personas concretas.

(ii) Se ha sugerido que los dos testigos son Henoc y Elías. Se nos da a entender que ninguno de los dos murió. « Caminó, pues, Henoc con Dios, y desapareció porque Dios se le llevó» (Génesis 5:24); Elías fue arrebatado en un torbellino y en un carro de fuego (2 Reyes 2: I1); y Tertuliano se refiere a una creencia dé que Dios los guardaba en el Cielo para que dieran la muerte al Anticristo (Acerca del alma, 50).

(iii) Es mucho más probable que. los testigos sean Moisés y Elías, a quienes los judíos consideraban respectivamente el supremo legislador y el más grande de los profetas; y era idóneo que las dos máximas figuras de la historia religiosa de Israel fueran los mensajeros de Dios en el último tiempo. Fueron ellos dos los que se Le aparecieron a Jesús en el Monte de la Transfiguración (Marcos 9:4). Además, lo que se dice de los dos testigos corresponde a Moisés y Elías como a ningún otro. Se dice (versículo 6) que tienen poder para convertir el agua en sangre y para herir la Tierra con toda clase de plagas, y eso fue lo que hizo Moisés (cp. especialmente Éxodo 7:1418). Se dice que echan fuego por la boca que consume a sus enemigos, y que pueden cerrar los cielos para retener la lluvia, cosas que hizo Elías con la compañía de soldados que iban a detenerle (2 Reyes 1:9s) y cuando le profetizó a Acab que no caería lluvia sobre la tierra (1 Reyes 17: l). Ya hemos visto que se esperaba que Elías volviera como heraldo del fin; y no sería forzado considerar que la promesa de Dios de suscitar un profeta como Moisés (Deuteronomio 18:18) una profecía de que volvería Moisés mismo.

La muerte salvífica de los dos testigos

Los testigos han de predicar el tiempo que se les ha señalado, y luego vendrá el Anticristo como la bestia del abismo; seguidamente los dos testigos serán cruelmente asesinados.

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