Apocalipsis 11: La visión de las cosas por venir

La solución está en lo siguiente: es casi seguro que Juan está siguiendo una descripción que se conocía de antes. Seguramente este pasaje se habló o escribió originalmente el año 70 d.C., durante el último asedio de Jerusalén. Durante ese asedio, la denominación judía que no estaba dispuesta a admitir la derrota era la de los celotas, que preferían morir todos a una, como acabaron por hacer de hecho. Cuando los romanos abrieron brechas en los muros de la ciudad, los celotas se concentraron en el Templo para presentar allí una resistencia desesperada. Es casi seguro que algunos de sus profetas dijeron: « ¡No temáis! Los invasores puede que lleguen al Atrio de los Gentiles y lo profanen, pero no entrarán jamás en el interior del Templo. ¡Dios no lo permitirá!» Esa confianza resultó fallida; los celotas perecieron, y el Templo fue destruido; pero originalmente la medida de los atrios interiores y el abandono del atrio exterior representó la esperanza celota en aquellos últimos días terribles. Juan toma esta figura, y la espiritualiza totalmente. Cuando habla del Templo, no está pensando en los edificios sagrados de los judíos, que habían sido demolidos hacía por lo menos veinte años. Para él el Templo es la Iglesia Cristiana, el Pueblo de Dios. Encontramos esta figura repetidamente en el Nuevo Testamento. Los cristianos somos piedras vivas, edificados en una casa espiritual (1 Pedro 2: S). La Iglesia está fundada sobre los apóstoles y los profetas; Jesús es la piedra angular; toda la Iglesia va creciendo para ser un Templo santo en el Señor (Efesios 2: 20s). «¿Es que no sabéis —dice Pablo- que sois el Templo de Dios?» (1 Corintios 3:16; cp. 2 Corintios 6:16).

Medir el Templo es lo mismo que sellar al pueblo de Dios para eximirlos del terrible tiempo de la prueba; pero el resto están condenados a la destrucción.

La duración del terror

El terror se prolongará cuarenta y dos meses; la predicación de los testigos se mantendrá durante mil doscientos sesenta días; sus cadáveres yacerán en la calle tres días y medio.

Aquí tenemos algo que sale una y otra vez (cp. 13:5; 12:6); y en otra forma en 12:14, donde el tiefnpo es un tiempo, tiempos y medio tiempo. Esta es una famosa frase que se remonta a Daniel 7:25, y 12:7-7). Tenemos que inquirir, primero, el sentido de la frase, y luego, su origen.

Quiere decir tres años y medio. Eso son los cuarenta y dos meses, y los mil doscientos sesenta días -según el cómputo judío. Un tiempo, tiempos y medio tiempo es igual a un año más dos años más medio año.

La frase procede de aquel el más terrible tiempo de la historia de los judíos cuando el rey de Siria Antíoco Epífanes trató de imponer la lengua, la cultura y la religión griegas a los judíos, que le opusieron la más enérgica y violenta resistencia. La lista de los mártires de aquel tiempo fue inmensa, pero el horrible proceso llegó a su fin con el heroico levantamiento de Judas Macabeo.

Judas y sus heroicos seguidores mantuvieron la guerrilla y obtuvieron las victorias más señaladas. Finalmente Antíoco Epífanes y sus fuerzas fueron expulsados, y el Templo fue restaurado y purificado; y ese terrible tiempo de prueba se prolongó desde junio 168 a.C. hasta diciembre 165 a.C. (Hasta el día de hoy los judíos celebran en diciembre la fiesta de la Hanujá, que conmemora la restauración y purificación del Templo). Es decir, que este tiempo terrible duró casi exactamente tres años y medio. Fue durante ese tiempo cuando se cree que se escribió Daniel, y se acuñó la frase que quedó grabada en las mentes de los judíos indicando un período de terror y de sufrimiento y de martirio.

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