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Apocalipsis 10: El anuncio divino del fin

Podemos establecer como un principio general que el Anticristo representa el poder contrario a Dios que actúa en el universo. Como Cristo es el Santo y el Rey Ungido de Dios, así es el Anticristo el inmundo rey de todo lo malo. Como Cristo es la encarnación de Dios y de la bondad, así es el Anticristo la encarnación del diablo y de la maldad.

La idea de una fuerza que se opone a Dios no era nueva. El Anticristo tuvo precedentes mucho antes de los días del Nuevo Testamento; y nos será de ayuda mirar primero algunas de las representaciones antiguas, porque dejaron su impronta en la que nos presenta el Nuevo Testamento.

(i) Los babilonios tenían un mito que compartían con todos los pueblos semíticos en relación con la creación del mundo con el que los judíos deben de haber entrado en contacto. Este mito pintaba el cuadro de la creación en términos de una lucha entre Marduk, el creador, y Tiamat, el dragón, que representaba el caos primigenio. Tenían además la creencia de que esta lucha entre Dios y el caos se repetiría antes de que el mundo se acabara. Esta vieja creencia de la lucha entre el Dios creador y el dragón del caos se introdujo en el Antiguo Testamento, lo que explica algunos de sus pasajes oscuros. Isaías habla del día en que Dios matará a Leviatán, la serpiente tortuosa, el dragón que está en el mar (Isaías 27:1). En el pensamiento judío, este antiguo dragón del caos era conocido como Rahab. Isaías dice: « ¿No eres Tú el que despedazó a Rahab, el que hirió al dragón?» (Isaías 51:9). Cuando el salmista está narrando los triunfos de Dios, dice: « Mencionaré a Rahab» (Salmo 87:4) «Tú quebrantaste a Rahab como un cadáver» (Salmo 89:10). Aquí tenemos a uno de los precedentes de la idea del Anticristo, y por eso reaparece la idea del dragón en Apocalipsis, 12:9. Está la idea de Belial -o, como se le llama a veces, Beliar. La palabra Belial sale con frecuencia en el Antiguo Testamento como sinónimo del mal. Un mal hombre o una mala mujer se llaman hijo o hija de Belial. Los malvados hijos de Elí son hijos de Belial (1 Samuel 2:12). Cuando Ana estaba pidiéndole a Dios un hijo en oración silenciosa, Elí creyó que estaba borracha, pero ella le dijo que no la tuviera por una hija de Belial (1 Samuel 1:16). Al malvado Nabal se le llama hijo de Belial (1 Samuel 25:17,25). Uno de los insultos que le dirigió Simei a David fue hijo de Belial (2 Samuel 16:7). Los testigos falsos que presentó Jezabel contra Nabot eran hijos de Belial (1 Reyes 21:10,13), lo mismo que los revolucionarios seguidores de Jeroboam (2 Crónicas 13:7). El sentido exacto de esta expresión es dudoso. Se suele interpretar como príncipe del aire, irremediablemente ruin, indigno; las traducciones españolas suelen traducirla por malvado, perverso. Entre los Testamentos, Belial llegó a considerarse el príncipe de los demonios. En el Nuevo Testamento aparece solamente una vez: «¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial?» (2 Corintios 6:15). Ahí se usa como la antítesis de Cristo. Bien puede ser que esta idea procediera, a lo menos en parte, de la religión persa, con la que los judíos estuvieron en contacto. La religión persa, el zoroastrismo, concebía todo el universo como el campo de batalla en el que peleaban Ormuz, el dios de la luz, y Ahrimán, el de las tinieblas. Aquí tenemos de nuevo la idea de una fuerza que actúa en el mundo y que es contraria a Dios y lucha contra Él.

(ii) En un sentido, es obvio que el Anticristo es Satanás, el diablo. Algunas veces se identifica a Satanás con Lucifer, el hijo de la mañana, el ángel que se rebeló contra Dios en el Cielo y fue arrojado al infierno. «¡Cómo caíste del Cielo, Lucero, hijo de la mañana!» (Isaías 14:12). Es fácil encontrar ejemplos en los que Satanás -cuyo nombre ya quiere decir el Adversario- actuó como si quisiera hacer fracasar el propósito de Dios, lo que está de acuerdo con su naturaleza. Uno de esos ejemplos fue cuando Satanás persuadió a David para que hiciera un censo del pueblo, en total desacuerdo con el mandamiento de Dios (1 Crónicas 21:1). Pero, aunque Satanás es el enemigo declarado de Dios, sigue siendo un ángel, mientras que el Anticristo es una figura terrenal visible en la que se ha encarnado la misma esencia del mal.

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