Amós 9: Los juicios de Jehová son ineludibles.

Dios no solamente cuida de los israelitas por ser su pueblo sino también a otros pueblos como los etíopes, los filisteos y los arameos. Era Dios de todos, pero solamente con un pueblo hizo un Pacto entregándoles una misión universal. Los filisteos procedieron de la isla de Creta, cerca de Grecia, aquí con el nombre de Caftor, y los arameos de Quir, una ciudad al sur de Carquemis en Mesopotamia. El v. 7 es una de las declaraciones más fuertes de la Biblia acerca de la soberanía de Dios sobre todas las naciones. Aunque Dios había establecido una relación especial con Israel, esta no lo limitaba en su cuidado y dirección del desarrollo de otras naciones y eventos históricos de los pueblos mencionados, como también de otros pueblos.

Los versículos 9:8-10 son unos de los más fuertes del libro. Los ojos de Dios están sobre el reino pecador y él ha tomado la determinación de borrarlo de la faz de la tierra. Esto ocurrió al pie de la letra en el 722 a. de J.C. cuando Samaria fue destruida después de un largo sitio de los asirios. El mito de las diez tribus perdidas no es más que un mito. Los habitantes del norte fueron asimilados entre otros pueblos conquistados por Asiria y desaparecieron de la historia. Unas pocas familias lograron sobrevivir y han mantenido su apellido hasta hoy, pero nada como nación.

Como dice Amós, un remanente de esas familias lograrán mantener su identidad, pero la gran mayoría desaparecieron por medio de los matrimonios mixtos con las personas de otras naciones conquistadas por Asiria y traídas a Samaria para debilitar el sentido nacionalista de los israelitas y evitar levantamientos contra su régimen. La palabra “remanente” es de mucha importancia para los profetas; Isaías, Jeremías y Ezequiel afirman el principio de que Dios va a continuar su obra salvadora por medio de un remanente de Israel.

El v. 10 contiene una frase de mucha actualidad: No se acercará ni nos alcanzará el mal. Mucha gente piensa que puede vivir como desea y no le pasará nada por sus imprudencias. Esto no es así; una vez más debemos acordarnos de Gal_6:7 : no se puede sembrar una cosa y cosechar algo distinto. No se puede sembrar algo feo y malo, y cosechar algo hermoso y bueno. ¡La semilla misma siempre indica lo que la cosecha va a ser!

Historia de la nación de Israel

En el 876 a. de J.C. el rey Omri trasladó la capital de Israel de Tirsa a un monte que había comprado, por dos talentos, de una persona llamada Semer. Su deseo era competir con la ciudad de Jerusalén y así afirmar la importancia de su reino. El sitio tenía protección natural, circundado por altas peñas en tres lados. Allí edificó un fuerte amurallado y lo nombró Samaria según el nombre del dueño previo (1Ki_16:23-24).

Omri y su hijo Acab emplearon a los artesanos de renombre de Fenicia y Samaria llegó a ser conocida como un modelo de construcción, ingeniería y artesanía. La ciudad amurallada desde un lugar privilegiado pudo resistir los ataques del enemigo hasta el último sitio de los asirios en el año 722 a. de J.C.

“La casa de marfil” de Acab (1Ki_22:39) y “las camas de marfil” (Amo_6:4) son evidencias de la opulencia de los ricos de la nación, pero su falta de compasión por los pobres, y su resistencia a seguir sinceramente las enseñanzas de Dios, ocasionarían su derrota final.

En el año 722 a. de J.C. los asirios destruyeron Samaria y deportaron a 27.290 de sus habitantes a otras partes de su reino. Después trajeron gente de otros pueblos conquistados a vivir en Samaria. Esto era parte de su plan de colonización para debilitar el sentido de nacionalismo e independencia en todo su imperio.

Sargón II, el rey de Asiria, se jactaba de haber reconstruido la ciudad “mejor que antes”. La historia de Samaria sigue los movimientos internacionales del Medio Oriente, habiendo sido conquistada por los babilonios, los persas, los macedonios y los romanos.

El futuro glorioso del pueblo de Dios,Amo_9:11-15. Muchos intérpretes enseñan que estos versículos se escribieron mucho después de la época de Amós. La mayoría dice que fueron compuestos en Babilonia y agregados al libro para suavizar el mensaje tan fuerte sobre la destrucción final de Israel. No obstante, contienen promesas que un profeta agricultor muy bien pudiera haber hecho. A pesar de una catástrofe tan enorme, Amós sabía que Dios había traído a su pueblo de la esclavitud de Egipto a la tierra de Canaán; también sabía de la promesa de Dios a David relatada en 2 Samuel 7. Dios prometió conservar la dinastía de David para siempre. Para Amós su Señor era un Dios que siempre cumplía sus promesas. Tal vez Isaías (Amo_55:8-9) no fue el primero que tuvo la revelación en cuanto a que los pensamientos de Dios son más altos que los pensamientos del ser humano, y sus caminos son más elevados que nuestros caminos.

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