Amós 9: Los juicios de Jehová son ineludibles.

Amós 9:12 para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom[ñ] y todas las naciones, dice Jehová, que hace esto.[o]

El pacto que Dios hizo con David establecía que uno de los descendientes de David estaría sentado en el trono para siempre (2Sa_7:12-16). El exilio hizo que esto fuera imposible. Sin embargo, “en ese tiempo” Dios levantará y restaurará el reino según lo prometido. Esta era una promesa tanto para Israel como para Judá, que no se cumpliría en un gobernante político terrenal, sino en el Mesías, que renovaría el reino espiritual y gobernaría para siempre.

Santiago citó este versículo en (Act_15:16-17), encontrando su cumplimiento en la resurrección de Cristo y en la presencia tanto de judíos como de gentiles en la iglesia. Cuando Dios traiga a los gentiles, estará restaurando el “tabernáculo” destrozado. Después de que los gentiles sean llamados juntos, Dios renovará y restaurará las fortunas de la nueva Israel. Toda la tierra que una vez estuvo bajo el gobierno de David otra vez será parte de la nación de Dios.

Amós 9:13 Ciertamente vienen días, dice Jehová, cuando el que ara alcanzará al segador, y el que pisa las uvas al que lleve la simiente; los montes destilarán mosto y todos los collados se derretirán.

Amós 9:14 Traeré del cautiverio a mi pueblo Israel: ellos edificarán las ciudades asoladas y las habitarán; plantarán viñas y beberán de su vino, y harán huertos y comerán de su fruto.

Amós 9:15 Pues los plantaré sobre su tierra y nunca más serán arrancados de la tierra que yo les di, ha dicho Jehová, tu Dios.[p]

Los judíos de los días de Amós habían perdido la visión del cuidado y el amor que Dios tenía por ellos. Los ricos estaban muy cómodos y despreocupados, se negaban a ayudar a los que tenían necesidad. Observaban los rituales religiosos con la esperanza de apaciguar a Dios, pero realmente no lo amaban. Amós anunció las advertencias de la destrucción de Dios a causa de la maldad.

No debemos asumir que el ir a la iglesia y ser buenos basta, Dios espera que el creer en El penetre en todas las áreas de nuestra vida, y sea un conducto que alcance a todas las personas y circunstancias. Debemos permitir que las palabras de Amós nos inspiren a vivir fielmente como Dios anhela.

El juicio ineludible y lo que viene después

No hay escape de la ira de Dios, 9:1-4. La quinta y última visión tiene una relación estrecha con la visión que comienza con 7:7. En ambos se ve al Señor mientras observa a su pueblo y descubre que les falta sinceridad y honradez. Tomó la decisión de destruir la casa de refugio tradicional para el pueblo de Dios. Probablemente el mandamiento es a las huestes de ángeles; lo que tenían que hacer era quitar la cabeza de las columnas del templo de Betel para que cayese el techo sobre la gente dejándola sepultada bajo los escombros. Sería exactamente como lo que pasó cuando Sansón derribó el templo de los filisteos, con lo que causó su propia muerte y la de muchos enemigos de Israel.

Probablemente la gente se había congregado para celebrar una fiesta de la cosecha. Los cultivos habían producido abundantemente. Tenían trigo, cebada, aceite de olivo y vino para suplir sus necesidades por muchos meses. Entonces algo horrible les pasa; Dios manda a sus ángeles a destruir el templo donde se han congregado. Destruye el mismo altar donde han colocado las primera frutas de su cosecha. Ni los cuernos del altar sirven como lugar de protección. Dios va a llegar a Betel no para recibir sus ofrendas sino para aplicar el castigo que merece su pueblo.

Amós describe el juicio como un terremoto como nunca han visto antes. No habrá ningún sitio de refugio de este desastre; nadie puede escapar de la mano de Dios. Es imposible saber si Amós habría leído el Job_139:7-12 antes de proclamar este mensaje. Lo que sí es evidente es que tal como Isaías veinte años más tarde tuvo una visión de Dios (Isa. 6), Amós ha visto al Señor no “sentado sobre un trono alto y sublime”, sino de pie sobre el altar en juicio sobre el pueblo.

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