Amós 3: El rugido del león

Amós 3:15 Y heriré la casa de invierno con la casa de verano, y las casas de marfil perecerán; y muchas casas serán arruinadas, dice Jehová.

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La incapacidad de israel para oír

Los capítulos 3 al 6 consisten de varios sermones sobre las advertencias de Dios que no fueron atendidas por Israel. Los capítulos 3, 4 y 5 comienzan con la frase Oíd esta palabra. Incluso los capítulos 3 y 4 se pueden tratar como una unidad, en el sentido de que ambos comunican la certeza de un desastre venidero sobre un pueblo no dispuesto a oír ni aceptar el mensaje de Dios.

Un mayor privilegio exige una mayor responsabilidad

Es cierto que Israel gozaba de una relación especial con Dios, pero esto no los protegía del castigo por los pecados citados en 2:6-12. Es bien claro que Dios no solamente habla al reino del norte, sino a toda la familia que hizo subir de Egipto a la tierra de Canaán. En el versículo 2 el verbo conocer (yada) se emplea con frecuencia en la Biblia para describir la relación sexual entre esposo y esposa que resulta en concepción de un hijo. Aquí se refiere a la elección de Israel por Dios, quien los escogió, los eligió para que fueran su pueblo. No obstante en la segunda parte de la frase se ve la creatividad de Amós cuando dice que son responsables por su conducta y por eso van a ser castigados. Lucas 12:48 destaca la verdad bíblica que el gozar de un privilegio significa aceptar una responsabilidad. A través de los años Israel comenzó a mirar con desprecio a las otras naciones porque pensaba que tenía una seguridad que éstas no podrían tener; pensaban que, no importaba lo que hicieran, Dios iba a cuidarlos como su pueblo escogido. No comprendieron que su elección no solo era una garantía de protección divina sino también una obligación a servir a Dios y a hacer su voluntad en la tierra.

Abandonar la responsabilidad trae castigo

En estos versículos hay siete preguntas retóricas; después de la primera las otras seis aparecen en parejas. Son ejemplos de la verdad de que cada resultado tiene una causa. 3:5 se puede traducir: “¿Caerá un ave de súbito sobre la trampa sin que haya cebo en ella?” También 3:6b se puede traducir del hebreo “¿Habrá maldad en una ciudad y Dios no habrá actuado?” Puede ser que Amós estaba pensando en las ciudades de la llanura del mar Muerto.

Los versículos 7, 8 son de suma importancia. Tal como el miedo en el corazón es el resultado de percibir un peligro, así es el discurso del profeta. A Amós no le agrada pronunciar estas duras palabras contra Judá e Israel; él les habla así porque no tiene otra alternativa. Comenzando con Moisés todos los profetas son motivados por la certeza de haber sido “llamados” por Dios a su vocación. A partir de ese momento no eran dueños de su propia vida. Estaban convencidos de que Dios los necesitaba para hacer su obra en la tierra. El mensaje que proclamaron no era suyo, era nada menos que la palabra de Dios. Es algo sumamente grave oír la voz de Dios en el alma y no anunciarla a nuestro prójimo. ¡Es como ver un incendio en la casa de un vecino y no notificarlo!

Sin embargo, la comunidad de fe aprendió que no se podía dar validez a cada persona que afirmaba que era uno “llamado por Dios”. Se toca el problema del “profeta falso” en 1 Reyes 22 y varias veces en Jeremías. Amós no pudo callarse; tal como en Jeremías la palabra de Dios ardía como fuego en su corazón. Al profeta verdadero Dios lo había admitido a su “consejo”, (sod). Era la reunión íntima de los siervos de Dios tal como se menciona en Job 1:6; 2:1. Amós sabe lo que ningún otro ser humano sabe y no puede callarse. Si ruge el león, ¿quién no temerá?

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