Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en linkedin

Amigos son los amigos

Pastor Lionel

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en linkedin
Compartir en pinterest
Compartir en whatsapp
Compartir en email

Ayúdanos a continuar esta Obra

Un hombre, su caballo y su perro caminaban por una calle. Después de mucho andar, el hombre se dio cuenta que tanto él, como su caballo y su perro habían muerto en un accidente. A veces los muertos toman tiempo para comprender su nueva condición. La caminata era muy larga, montaña arriba; el sol era fuerte, y ellos estaban cansados, sudados y tenían mucha sed. Necesitaban desesperadamente agua.

En una curva del camino vieron una puerta magnífica, toda de mármol, que conducía a una plazoleta con piso de oro, en el centro de la cual había una fuente de la que manaba agua cristalina. El caminante se dirigió al guardián que, dentro de una ornamentada casilla, vigilaba la entrada.

— Buenos días.

— Buenos días.

— ¿Qué lugar es este, tan lindo?

— Este es el Cielo, fue la respuesta.

— ¡Qué suerte que llegamos al Cielo! Estamos con mucha sed, dijo el hombre.

— Pues el señor puede entrar y beber agua a voluntad, –contestó el guardián, indicándole la fuente.

— Mi caballo y mi cachorro también están sedientos.

— Lo lamento mucho, pero aquí no se permite la entrada a los animales.

— Pero ellos me han acompañado siempre.

El guardián se limitó a menear la cabeza negativamente. El hombre quedó muy desilusionado, porque su sed era grande, pero decidió no beber si sus amigos no podían hacerlo. Así que prosiguió su camino.

Después de mucho caminar montaña arriba, con sed y cansancio multiplicados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por una vieja puerta entreabierta. La puerta se abría hacia un amplio camino de tierra con verdes árboles, a ambos lados, que brindaban buen cobijo del sol. A la sombra de uno de ellos había un anciano de blanca barba, apoyado sobre el tronco; parecía adormilado, con la cabeza cubierta por un sombrero. El caminante se aproximó.

— Buenos días.

— Buenos días.

— Estamos con mucha sed, mi caballo, mi perro y yo. Hay algún lugar donde podamos encontrar agua?

— Detrás de aquellos matorrales hay un manantial, contestó el anciano. Pueden beber a voluntad.

El hombre, el caballo y el perro fueron hasta el manantial, y finalmente pudieron calmar la sed y refrescarse. Al volver hasta donde estaba el anciano, el hombre le agradeció.

— Pueden volver cuando quieran.

— A propósito, dijo el caminante, cuál es el nombre de este lugar?

— Están en el Cielo.

— ¡Pero no es posible! El guardián que estaba al pie de la montaña, junto al gran portal de mármol, nos dijo que el Cielo era aquel!

— No, aquello no es el cielo, es el infierno.

— Pero entonces, esa es una información falsa, y puede causar grandes confusiones.

— De ninguna manera, respondió el anciano. La verdad es que ellos nos hacen un gran favor, porque allá se quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

Deja una respuesta

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Pequeñas reflexiones

Hoy no quiero presentarte una historia. Prefiero dejarte estas pequeñas reflexiones y pedirte que no las leas todas de un tirón. Tómate tu tiempo en

Artículo Completo

La confesión como salvación

Alexander Solzhenitsyn ha hablado poderosamente de esta dimensión controversial de la confesión a través de su vocación como escritor exiliado: «¿Qué puede llegar a hacer

Artículo Completo

Tentación tentadora

Hace años, el famoso comentarista Paul Harvey, describió cómo el Eskimal (Eskimó) mata al lobo. Primero cubre su cuchillo con la sangre de un animal

Artículo Completo

Salmo 90: Dios es eterno

Salmo 90:1 Oración de Moisés, hombre de Dios. SEÑOR, tú has sido un refugio para nosotros de generación en generación. Este salmo da inicio a

Artículo Completo