Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Amigos en el Desierto

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

«Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro».

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse, tomo un estilete y escribió en una piedra:

«Hoy. mi mejor amigo me salvo la vida».

Intrigado, el amigo pregunto: Por que después de que te lastime, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra? Sonriendo, el otro amigo respondió: «Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargaran de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde el viento no podrá borrarlo».

Las relaciones humanas, por ser relaciones perfectibles más no perfectas, deben basarse en el perdón , sólo así podremos construir una verdadera amistad y, aunque muchas veces signifique renunciar a nosotros mismos y duela, podremos realmente amar, ser amados y por ende alcanzar la plena felicidad.

«En el momento de la muerte, no se nos juzgará por la cantidad de trabajo que hayamos hecho, sino por el peso de amor que hayamos puesto en nuestro trabajo. Este amor debe resultar del sacrificio de sí mismos y ha de sentirse hasta que duela.»

Madre Teresa, M.C.

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

El país sin punta

Juanito trotamundos era un gran viajero. Una vez llegó a una ciudad donde las esquinas de las casas eran redondas y los tejados no acababan en punta,

Artículo Completo

Cuántos años tenemos

En cierta ocasión alguien preguntó a Galileo Galilei: ¿Cuántos años tiene su señoría? Ocho o diez repuso Galileo en evidente contradicción con su barba blanca. Y luego

Artículo Completo

El ciego

Había un ciego sentado en la vereda, con una gorra a sus pies y un pedazo de madera que, escrito con tiza blanca, decía: «Ten compasión, estoy

Artículo Completo

La avaricia

Un domingo, en Nueva York, un extravagante millonario llamó a uno de sus empleados y le dijo: — Sobre esta mesa hay un millón de billetes de

Artículo Completo