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Algunos piden una señal milagrosa

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Tomemos como ejemplo el mandamiento de santificar el Día del Señor: Acuérdate del sábado, para consagrarlo al Señor. Trabaja seis días y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el séptimo día es de reposo consagrado al Señor tu Dios. No hagas ningún trabajo en ese día, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que viva contigo. Porque el Señor hizo en seis días el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y descansó el día séptimo. Por eso el Señor bendijo el sábado y lo declaró día sagrado. (Éxodo 20:8-11); Ten en cuenta el sábado para consagrarlo al Señor, tal como el Señor tu Dios te lo ha ordenado. Trabaja seis días y haz en ellos todo lo que tengas quehacer, pero el séptimo día es día de reposo consagrado al Señor tu Dios. No hagas ningún trabajo en ese día, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguno de tus animales, ni el extranjero que vive en tus ciudades, para que tu esclavo y tu esclava descansen igual que tú. Recuerda que también tú fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí desplegando gran poder. Por eso el Señor tu Dios te ordena respetar el día sábado. (Deuteronomio 5:12-15). Esto es una asignatura pendiente en muchas iglesias. Lo que se suele hacer es presentar una lista de lo que hace la gente, y que los cristianos no debemos hacer en el Día del Señor. Pero el que se encuentra con todas esas prohibiciones nos preguntará: Bueno, ¿y qué es lo que puedo hacer? A menos que se lo digamos, va a acabar peor de lo que estaba, porque le vamos a condenar a la inactividad, que es terreno abonado para el tentador. Es peligroso cuando la religión se presenta como una serie de negativos, de cosas que no se pueden hacer. Es necesario limpiar; pero después de desarraigar el mal hay que plantar y cultivar el bien.

(iii) La mejor manera de evitar el mal es practicar el bien.

El mejor jardín que recuerdo haber visto estaba tan lleno de flores que no le quedaba sitio a las ortigas. Para tener una buena huerta hay que quitar los hierbajos y preparar la tierra; pero, si no se ponen y se cultivan buenas plantas, pronto estará peor que antes. Esto es igualmente cierto en el mundo del pensamiento. A veces nos asaltan malos pensamientos. Si todo lo que hacemos es decirnos: No voy a pensar en eso», seguimos pensando en ello cada vez más. El remedio está en pensar en otra cosa, en desterrar el pensamiento malo con uno bueno. No se es bueno por no hacer cosas malas, sino llenando la vida de cosas buenas.

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