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Algunos piden una señal milagrosa

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Hay todo un mundo de verdades de las más prácticas en esta parábola concisa y horripilante acerca de la casa vacía.

(i) Se destierra de la persona, pero no se destruye el espíritu malo.

Es decir: que, en esta era presente, se puede conquistar y desterrar el mal, pero no destruirlo. Siempre estará buscando la oportunidad para contraatacar y recuperar el terreno perdido. El mal es una fuerza que se puede mantener a raya, pero no eliminar totalmente.

(ii) Eso tiene que querer decir que una religión negativa no puede ser suficiente nunca.

Una religión que consiste en no hagas eso ni lo otro acaba en fracaso. Lo malo de esa religión es que puede que pueda limpiar a una persona prohibiéndole todas las malas acciones, pero no la puede mantener limpia.

Consideremos un caso práctico. Un borracho se puede reformar; puede que decida no seguir perdiendo el tiempo en la taberna, pero debe buscarse algo que hacer, tiene que encontrarse algo con lo que llenar el tiempo que está ahora vacante, o volverá a caer en la vieja situación. Una persona que no se ha dedicado más que a buscarse placeres puede que decida ponerle punto final; pero debe encontrar algún otro objetivo por lo menos igualmente absorbente con el que llenar su tiempo, o no hará más que volver a la carga si se encuentra con la vida vacía. No basta con que la vida de una persona esté esterilizada; tiene que fertilizarse para producir el bien. Siempre será verdad que «Satanás siempre encuentra faena para las manos ociosas.» Y si se destierra de la vida una clase de acción, hay que sustituirla con otra, porque la vida no puede estar vacía.

(iii) De aquí se deduce que la única cura definitiva para las malas acciones son las acciones cristianas.

Cualquier enseñanza que se detiene después de decirle a las personas lo que no tienen que hacer está condenada al fracaso; debe pasar de ahí a decirles lo que tienen que hacer. La única enfermedad fatal es la inactividad; hasta una inactividad esterilizada llega pronto a infectarse. La manera más fácil de eliminar las ortigas de un jardín es llenarlo de plantas útiles. La manera más fácil de guardarse del pecado es llenarse de actividad sana.

Para decirlo claro: la iglesia mantendrá de lo más fácilmente a sus miembros si les da suficiente trabajo cristiano que hacer. Lo que debemos proponernos no es simplemente la ausencia negativa de malas obras, sino la presencia positiva de obras para Cristo. Si encontramos muy amenazadoras las tentaciones al mal, una de las mejores maneras de vencerlas es sumergirse en actividad para Dios y nuestros semejantes.

Aquí tenemos una historia tenebrosa y de miedo. Se trata de una persona de la que echaron a un espíritu malo. Éste fue vagando por ahí en busca de un sitio donde descansar, pero no lo encontró; así que decidió volver a su antigua morada. Y se encontró con que la persona estaba limpia y ordenada, pero vacía. Así que el espíritu malo se fue a buscar a otros siete espíritus todavía peores que él, y se los trajo a vivir con él en su antigua casa… y aquella persona acabó peor de lo que había estado antes.

(i) Aquí tenemos la verdad fundamental de que no se puede dejar vacía el alma de nadie.

No basta con desterrar los malos pensamientos y hábitos, y dejar el alma vacía. Un alma vacía es un alma en peligro. A Adam C. Welch le,gustaba predicar sobre el texto «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu» (Efesios 5:18), y solía empezar diciendo: «Hay que llenar a las personas con algo.» No basta con echar al mal; hay que dejar entrar al bien.

(ii) Eso quiere decir que no se puede cimentar una experiencia espiritual con negativos.

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