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Algunos piden una señal milagrosa

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Sus prostituciones habían contaminado la tierra, y ella había cometido adulterio con la roca y el árbol, es decir, con ídolos de piedra y de madera. Así se describe algo aún peor que el adulterio físico: la infidelidad que es el origen de todo pecado físico o espiritual.

Jesús dice que la única señal que se le dará a esa nación es la señal del profeta Jonás. Aquí se nos presenta un problema. Mateo dice que la señal consiste en que, como Jonás estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches, el Hijo del Hombre estará en el corazón de la tierra tres días y tres noches. Hay que notar que estas no son las palabras de Jesús, sino la explicación del evangelista. Cuando Lucas relata este incidente no hace referencia a que Jonás estuviera en el vientre de la ballena: La multitud seguía juntándose alrededor de Jesús, y él comenzó a decirles: «La gente de este tiempo es malvada; pide una señal milagrosa, pero no va a dársele más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para la gente de Nínive, también el Hijo del hombre será una señal para la gente de este tiempo. En el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, la reina del Sur se levantará y la condenará; porque ella vino de lo más lejano de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y lo que hay aquí es mayor que Salomón. También los de Nínive se levantarán en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, y la condenarán; porque los de Nínive se volvieron a Dios (Lucas 11:29-32) Sólo que Jesús dijo: «Porque como Jonás fue una señal para la gente de Nínive, así lo será el Hijo del Hombre para esta generación» (Lucas 11:30).

El hecho es que Mateo entendió equivocadamente el sentido de lo que dijo Jesús; y cometió una extraña equivocación, porque Jesús no estuvo en el corazón de la Tierra tres noches, sino solo dos: fue sepultado la noche del primer Viernes Santo, y resucitó la mañana del primer Domingo de Resurrección. El detalle es que Jonás mismo fue la señal de Dios, y sus palabras fueron el mensaje de Dios para los ninivitas.

Jesús está diciendo: «Vosotros pedís una señal; pues bien: Yo soy la señal de Dios. Habéis fallado al no reconocerme. Los ninivitas reconocieron en Jonás la advertencia de Dios; la reina de Sabá reconoció la sabiduría de Dios en Salomón. En Mi Persona os ha llegado una sabiduría que es más que la de Salomón, y un mensaje mayor que el de Jonás; pero vosotros estáis tan ciegos que no podéis ver la verdad, y tan sordos que no podéis oír la advertencia. Y por esa misma razón, llegará el Día cuando esas personas de la antigüedad que reconocieron a Dios cuando Le vieron darán testimonio contra vosotros, que habéis tenido una oportunidad mucho mejor, y habéis fallado por no reconocer a Dios porque no habéis querido.»

Aquí tenemos una profunda verdad: Jesús es la señal de Dios, lo mismo que Jonás fue el mensaje de Dios a los ninivitas, y Salomón fue la sabiduría de Dios para la reina de Sabá. La cuestión fundamental de la vida es: «¿Cómo reaccionamos cuando nos encontramos cara a cara con Dios en Jesucristo?» ¿Hostilmente como los escribas y los fariseos, o aceptando humildemente la advertencia y la verdad de Dios como los ninivitas y la reina de Sabá? La pregunta supremamente importante es: «¿Qué piensas tú de Cristo?»

El peligro del corazón vacío

Cuando un espíritu inmundo sale de una persona, va por lugares secos buscando reposo, pero no lo encuentra. Entonces se dice: «Me volveré a mi casa, de la que me marché,» y cuando llega, se la encuentra deshabitada, barrida y en perfecto orden. Entonces va y se trae otros siete espíritus peores que él, y entran y se quedan residiendo allí. Y la persona acaba peor de como estaba en un principio; y eso será lo que le pase a esta malvada generación.

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