Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

A quién llevas a cuestas

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Dos monjes que regresaban a su templo llegaron a un arroyo donde encontraron a una hermosa mujer que no se atrevía a cruzarlo, temerosa porque el arroyo había crecido y la corriente era fuerte.

Uno de los monjes, el mayor, casi sin detenerse, la alzó en sus brazos y la llevó hasta la otra orilla. La mujer le agradeció, ya que su hijo estaba gravemente enfermo y ella necesitaba cruzar ese arroyo para verlo, y los hombres siguieron su camino.

Después de recorrer tres días el otro monje, el joven, sin poder contenerse más, exclamó: «¿ Cómo pudiste hacer eso, tomar una mujer en tus brazos ?… Conoces bien las reglas…» y otras cosas por el estilo.

Respondió el monje cuestionado con una sonrisa: » Es posible que haya cometido alguna falta, pero esa mujer necesitaba cruzar ese arroyo para ver a su hijo. Yo solo crucé a la mujer y la dejé en la otra orilla.

«¿Pero qué te pasa a vos, que ya pasaron tres días del episodio y aún la llevas a cuestas?». Yo la dejé del otro lado del arroyo.

No lleves nunca a cuestas más de un tipo de problemas a la vez. Hay quienes cargan con tres: los que tuvieron, los que ahora tienen y los que esperan tener. Edward Everett Hale

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Las tentaciones de Jesús

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del río Jordán, y el Espíritu lo llevó al desierto, para que el diablo lo pusiera a prueba. Allí estuvo cuarenta

Artículo Completo