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Job 3: Aflición física

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Job 3:21 Que esperan la muerte, y ella no llega, aunque la buscan más que tesoros;

Job 3:22 Que se alegran sobremanera, y se gozan cuando hallan el sepulcro?

Job 3:23 ¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por donde ha de ir, y a quien Dios ha encerrado?

Job había tenido cuidado de no adorar a sus posesiones materiales sino únicamente a Dios. Ahora estaba abrumado por todas estas calamidades que se burlaban de su precaución, y se quejó de las pruebas que habían llegado, a pesar de su vida recta. Todos los principios bajo los cuales había vivido estaban desmoronándose, y Job comenzó a perder su perspectiva. Las pruebas y el sufrimiento, ya sean temporales o duraderos, no destruyen el propósito real de la vida. La vida no se nos da simplemente para una felicidad o una realización personal, sino para servir a Dios y honrarle. El valor y el significado de la vida no se basan en lo que sentimos, sino en la única realidad que nadie nos puede quitar: el amor de Dios hacia nosotros. No suponga que porque Dios lo ama, le evitará sufrimientos. Es más, lo opuesto puede ser cierto. El amor de Dios no puede ser medido o limitado por lo mucho o poco que podamos sufrir. Romanos 8:38-39 nos enseña que nada nos puede separar del amor de Dios.

Job 3:24 Pues antes que mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos corren como aguas.

Job 3:25 Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía.

No hace falta especular sobre si los temores de Job dieron lugar a este dilema. Lo anterior del relato aclara que la tragedia tuvo su origen en la iniciativa de Satanás, no en las vacilaciones o temores de Job (1.6-12; 2.1-7). Sin embargo, Job reconoce sus temores, una tendencia innata a nuestra condición humana. Ellos no reflejan su incomprensión de la naturaleza de Dios, sino su comprensión de lo impredecible del devenir humano.

Job 3:26 No he tenido paz, no me aseguré, ni estuve reposado; no obstante, me vino turbación.

Con una maldición (versículos 3-13) y un lamento (versículos 14-26), Job derrama un torrente de dolor y amargura, y se considera a sí mismo una víctima de la ira de Dios. Ansía descansar. No maldice a Dios, como Satanás quiso que hiciera, pero sí maldice la hora en que él mismo fue concebido y nació. Este exabrupto puede ser considerado una forma de apelar a la compasión y la simpatía de sus amigos.

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