Deuteronomio 32: La promesa del juicio

Publicaciones realizadas por ángeles que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar

El hagiógrafo pasa en silencio la estancia de los israelitas en Egipto y su liberación milagrosa, presentándonos al pueblo en el desierto en medio de muchos peligros de fieras que le rodean y en total abandono. El Señor le rodea de su protección y le guarda como la niña de sus ojos, y a la manera del águila, que enseña a sus polluelos a volar, Yahvé toma a los israelitas sobre sus alas para introducirlos en la tierra prometida. Y en esta obra maravillosa y providencial no tomó parte ningún dios extraño, sino que todo fue obra de Yahvé, Padre de Israel. El salmista celebra estas bondades de Dios para con el pueblo elegido. Instalado en la tierra de Canaán, la “tierra que mana leche y miel,” Israel se alimentó de sus frutos, vendimió las viñas que no había plantado, sembró los campos que no había roturado, habitó las casas que no había edificado, y se hartó de la carne de los toros y carneros, del pan de los campos, del vino (la sangre de la uva, v.14b) de sus viñas, de los frutos de la tierra. Ezequiel expresa la prosperidad de Israel luego de su entrada en Canaán en términos alegóricos: “Estabas adornada de oro y de plata, vestida de lino, y de seda recamado; comías flor de harina de trigo, miel y aceite; te hiciste cada vez más hermosa y llegaste a reinar. Extendíase entre las gentes la fama de tu hermosura, porque era acabada la hermosura que puse en ti, dice el Señor, Yahvé.” El poeta deuteronómico idealiza también la tierra prometida, establecida sobre las alturas de la tierra, la cordillera dorsal de la tierra de Canaán, en cuyas rocas las abejas hacen sus panales de miel, y en la misma tierra calcárea (durísimo sílice) hizo brotar Dios el olivo. Las praderas ubérrimas de Basan, en TransJordania, abundan en ganados, y en las pequeñas llanuras de Palestina nace la flor de trigo, y en sus montículos terraplenados la viña. La descripción refleja bien la flora palestinense, lo que implica que el poeta conoce bien el país.

Deu 32:15 Pero engordó Jesurún, y tiró coces (Engordaste, te cubriste de grasa); Entonces abandonó al Dios que lo hizo, Y menospreció la Roca de su salvación.

Jesurún : Nombre poético para Israel. La ingratitud de Israel hacia Dios se revela en el hecho de que engordó gracias a la provisión divina y tiró coces , rechazando su amor y su autoridad. Israel abandonó al autor de la creación y desdeñó el fundamento de su salvación.

Deu 32:16 Le despertaron a celos con los dioses ajenos; Lo provocaron a ira con abominaciones.

Deu 32:17 Sacrificaron a los demonios, y no a Dios;(A) A dioses que no habían conocido, A nuevos dioses venidos de cerca, Que no habían temido vuestros padres.

La idolatría del mundo pagano era algo más que una simple superstición; sometía a quienes la practicaban a los poderes demoníacos.

Deu 32:18 De la Roca que te creó te olvidaste; Te has olvidado de Dios tu creador.

Parece que la posesión de estos bienes debía de despertar sentimientos de gratitud en el ánimo de Israel y fundamentar la fidelidad a Yahvé. Pero, lejos de esto, se olvidó de Yahvé, el Yesurún, es decir, el recto, o Israel, que por vocación debía ser recto en sus caminos. En este supuesto es un término irónico. Algunos creen que es despectivo, relacionándolo con el hebreo sor (toro), lo que se adapta bien al contexto, en el que Israel aparece como un toro recalcitrante y rebelde por estar bien cebado (engordaste, te cebaste, te henchiste, que no admite el yugo que se le impone. Israel ha abandonado a su Dios, su único Salvador, yéndose tras de dioses ajenos, a los que atribuye los bienes de que disfruta y ofreciéndoles sacrificios con prácticas abominables. Se han prostituido a los demonios o espíritus demoníacos (heb. sedim), alusión a las divinidades fenicias y cananeas adoptadas por los hebreos. En los Salmos se alude a estas prácticas, y Ezequiel refleja con toda crudeza la entrega de Israel al culto idolátrico: “Pero te envaneciste de tu hermosura, de tu nombradla, y te diste al vicio, ofreciendo tu desnudez a cuantos pasaban, entregándote a ellos… Tomaste las espléndidas joyas que yo te había dado, mi plata y mi oro, y te hiciste simulacros de hombres, fornicando con ellos… También el pan que yo te diera, la flor de harina de trigo, el aceite y la miel con que te mantenía, se la ofreciste en ofrenda de suave olor.” Israel, pues, se ha olvidado de su Roca (Yahvé), su fortaleza, que le dio existencia como nación, y ahora queda expuesta a la cólera de su Dios, airado y celoso.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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