Deuteronomio 32: La promesa del juicio

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La impotencia de los otros dioses

La razón por la cual el juicio de Dios vino sobre Israel es porque la nación no tuvo el conocimiento para entender su situación. Muchos autores creen que el pueblo mencionado es el enemigo mencionado. Pero la relación de su final parece indicar que el pueblo al cual le falta juicio es Israel. Dios había prometido dar a Israel la victoria contra sus enemigos, pero por causa de su pecado ellos serían derrotados en la batalla. Perseguir a mil y hacer huir a diez mil es símbolo de victoria en la batalla. Cuando Saúl y el ejército de Israel vinieron de la batalla, las mujeres israelitas los recibieron cantando y proclamando:

“¡Saúl derrotó a sus miles!

¡Y David a sus diez miles!”.

Pero Jehová había entregado a Israel en las manos de sus enemigos, por lo tanto, el pueblo no pudo prevalecer en la batalla.

Jehová, el Dios de Israel, era diferente de los dioses de las naciones y, según el autor del cántico, aun los enemigos de Israel reconocían esta verdad. Los dioses de las otras naciones también eran rocas para su pueblo, pero había una gran diferencia entre el Dios de Israel y los otros dioses. Los dioses de las naciones tenían su origen en la inmoralidad representada por las ciudades de Sodoma y Gomorra. La inmoralidad de las religiones de fertilidad, con sus orgías sexuales, produce uvas venenosas y racimos amargos, y aquellos que participan de los cultos inmorales están condenados a morir así como el que bebe el veneno de una serpiente.

Jehová conoce tanto la situación de su pueblo así como conoce la impotencia de los otros dioses y la inmoralidad de las naciones. Todo esto está guardado en los propósitos divinos, esperando el día de dar a cada uno lo que le corresponde. Venganza (heb. naqam) representa la vindicación de los propósitos divinos por la que Dios establece justicia en el mundo. A su debido tiempo, dentro de los propósitos eternales de Dios, él juzgará a cada uno según sus obras. Pablo cita esto para declarar que la idea de venganza personal es contraria a los propósitos de Dios.

El juicio divino sobre Israel es seguro, pero Jehová tendría misericordia de su pueblo. Cuando se agoten las fuerzas de Israel, Jehová se compadecerá de su pueblo. Cuando el pueblo esté abatido y se sienta desamparado, Jehová mismo retará a Israel a reconocer que los dioses que ellos adoraban eran impotentes para ayudarles en su angustia. Estos dioses, a quienes Israel sacrificaba y ofrecía libaciones, eran incapaces de socorrer al pueblo en su hora de necesidad. No podían servir de refugio ni proteger a Israel. Los dioses de las naciones no tenían el poder para salvar a Israel del castigo que Jehová había traído sobre su pueblo.

La vindicación de Jehová

En su hora de angustia Israel reconocería dos verdades simultáneamente: que Jehová era el único Dios, un Dios vivo y poderoso, y que los dioses de las naciones no existían. El Yo Soy hace una alusión al “Yo Soy”. Dios es el único Dios, vivo y verdadero. Israel reconocerá que solamente Jehová es el Dios de muerte y vida, el Dios que hiere y sana, el Dios poderoso y que de sus manos nadie puede escapar.

Para demostrar que lo que él decía era verdad, Jehová levanta sus manos al cielo y simbólicamente hace un juramento de que así como él vive eternamente, lo que dice es verdad. Este tipo de voto aparece en el AT y refleja el intento de una persona de tomar una decisión. Dios promete que con su espada afilada él ejecutará el juicio contra sus enemigos. La venganza divina es la vindicación de su justicia sobre aquellos que le aborrecen.

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