Números 25: Israel acude a Baal-peor

Núm 25:14 Y el nombre del varón que fue muerto con la madianita era Zimri hijo de Salu, jefe de una familia de la tribu de Simeón.

Núm 25:15 Y el nombre de la mujer madianita muerta era Cozbi hija de Zur, príncipe de pueblos, padre de familia en Madián.

Núm 25:16 Y Jehová habló a Moisés, diciendo:

Núm 25:17 Hostigad a los madianitas, y heridlos,

Los madianitas , no los moabitas, son señalados como objeto de la venganza. Esto quizás obedece a que el castigo de los moabitas ya había sido promulgado en el cuarto oráculo de Balaam.

Núm 25:18 por cuanto ellos os afligieron a vosotros con sus ardides con que os han engañado en lo tocante a Baal-peor, y en lo tocante a Cozbi hija del príncipe de Madián, su hermana, la cual fue muerta el día de la mortandad por causa de Baal-peor.

La seducción de que se hizo víctima a Israel en Baal-peor se atribuye aquí a los madianitas. Los moabitas intentaron maldecir a Israel por medio de Balaam, lo que no dio resultado; los madianitas concibieron un plan más siniestro, siguiendo aparentemente un consejo de Balaam, que ahora vivía entre ellos.

La apostasía del pueblo con Baal de Peor

En el monte Sinaí, el pueblo recibió la revelación de la ley y se comprometió en ser el pueblo de Jehová. Pero inmediatamente después de estos eventos, Israel cayó en la idolatría y la apostasía por su adoración del becerro de oro. Ahora en los campos de Moab, las profecías de Balaam sirven para reafirmar las promesas gloriosas de Dios a los patriarcas, promesas que están por cumplirse ahora con los descendientes de los patriarcas. Pero una vez más, Israel cae en la idolatría y la apostasía. La yuxtaposición de las revelaciones y promesas gloriosas de Dios con el pecado vergonzoso del pueblo sirve para enfatizar una vez más la perversidad del hombre y la gracia y paciencia de Dios.

El pecado del pueblo

Apostasía nacional. Estando en Sitim, los israelitas cometen los pecados de fornicación con las hijas de Moab y de Madián, y de idolatría en adorar a Baal de Peor. Baal era un dios de la fecundidad; su adoración incluía ritos sexuales con prostitutas sagradas para garantizar la fecundidad de la tierra, el ganado y las mujeres. La prostitución del pueblo era entonces tanto literal como espiritual (la idolatría a menudo se llama fornicación o adulterio espiritual en el AT porque así el pueblo no cumple su voto de adorar exclusivamente a Jehová). Al participar en los ritos de Baal, Israel “se adhiere” a Baal, o se somete a su yugo, quebrantando así el primer mandamiento (No tendrás dioses ajenos) y su pacto con Jehová.

La ira de Dios. Como siempre, el pecado del pueblo provoca la ira de Dios. Jehová mandó en el campamento una mortandad que mató a unas 24.000 personas. Un gran número del pueblo debe haber participado en el pecado. Para limpiar al pueblo de su pecado corporativo y parar la mortandad, había que hacer expiación. En este caso, la manera de hacer eso es por un castigo ejemplar de los representantes de todo el pueblo. Por eso, todos los jefes del pueblo quedan bajo la sentencia de muerte. Esto puede indicar que todos los líderes o estaban participando activamente en el pecado o por lo menos no estaban usando su autoridad para refrenar al pueblo como debieran haber hecho. El mandato de ahorcarlos a la luz del sol parece indicar que se debían empalar sus cadáveres en una estaca o colgarlos de un árbol. Tal práctica se usaba en el mundo antiguo como una señal de vergüenza especial o en casos de crímenes terribles como una advertencia para que otros no cometieran el mismo pecado.

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