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Apocalipsis 5: El libro de Dios acerca del destino

Pastor Lionel

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Que todos los seres que pueblan las nubes, la tierra y el aire y el fuego y el mar, unidos proclamen Tus glorias eternas y dente alabanzas, Señor, sin cesar.

El nombre sagrado del Dios de los Cielos a una bendiga la gran creación, y lleve al Cordero sentado en el trono, el dulce tributo de su adoración.

Conforme el cordero fue abriendo uno tras otro los sellos del rollo, la Historia se desveló ante los ojos de Juan. Conforme vayamos estudiando esta sección debemos tener presente un hecho general que es fundamental para entenderlo. En esta serie de visiones, Juan está viendo anticipadamente el final de terror y juicio que había de introducir la edad de oro de Dios.

Antes de estudiar esta sección en detalle, fijémonos en una característica general. En la primera serie de visiones, 6:1-8, la antigua versión Reina-Valera seguía consecuentemente una forma del texto griego que pone en boca de cada uno de los cuatro seres vivientes: « Ven y ve,» o «Ven y mira» (versículos 1, 3, 5, 7). En todos los mejores manuscritos dice simplemente «¡Ven!», como se pone en la revisión del ‹95. No se trata de una invitación a Juan para que vaya y vea, sino de una orden a los cuatro caballos con sus jinetes para que salgan a la escena de la Historia.

Los cuatro caballos y sus jinetes

Y vi cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, y oí decir a uno de los cuatro seres vivientes con una voz tan potente que parecía el rugido del trueno: «¡Adelante!» Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba llevaba arco, y se le dio una corona de vencedor, y salió conquistando en toda la línea.

Y cuando abrió el segundo sello le oí decir al segundo ser viviente: « ¡Adelante!» Y salió al frente otro caballo de color rojo de sangre, y al que lo montaba se le permitió despojar de paz a la Tierra y hacer que los hombres se mataran entre sí, y se le dio una gran espada.

Y cuando abrió el tercer sello le oí decir al tercer ser viviente: «¡Adelante!» Y he aquí salió un caballo negro, y el que lo montaba llevaba una balanza en la mano. Y oí decir a algo que parecía una voz en medio de los cuatro seres vivientes: «Una medida de trigo por un denario, y tres medidas de cebada por un denario. Pero no estropees ni el aceite ni el vino.»

Y cuando abrió el cuarto sello le oí decir al cuarto ser viviente: «¡Adelante!» Y vi salir un caballo de color pálido, y el que lo montaba se llamaba la Muerte, y le seguía el Hades; y se les dieron poderes sobre una cuarta parte de la Tierra para matar a espada, de hambre y por medio de la peste y de las fieras.

Antes de embarcarnos en una interpretación detallada de esta visión tenemos que notar dos puntos importantes.

(i) Notamos que un antecedente de esta visión se halla en Zacarías 6:1-8. Zacarías ve cuatro caballos que están sueltos sobre la Tierra para hacer venganza de Babilonia y Egipto y las demás naciones que han oprimido al pueblo de Dios. « Estos son los cuatro vientos de los cielos, que salen después de presentarse delante del Señor de toda la Tierra» (Zacarías 6: 5). Los caballos representan los cuatro poderosos vientos que Dios está a punto de lanzar sobre la tierra con una empresa de destrucción. Juan no aplica los mismos detalles; pero para él también los caballos y sus jinetes son los instrumentos del juicio vengador de Dios.

(ii) Debemos explicar el método interpretativo que creemos que debemos usar. Los cuatro caballos y sus jinetes representan las cuatro grandes fuerzas destructivas que están dispuestas antes del final para ser enviadas contra el mundo por la justa ira de Dios. Pero Juan ve estas fuerzas en términos de sucesos reales del mundo que conocía en el que la vida parecía un caos, y que el mundo se estaba desintegrando, y que la Tierra estaba llena de terrores. Los caballos y sus jinetes son fuerzas de destrucción y agentes de la ira; no se han de identificar con ninguna figura histórica; pero Juan vio en los sucesos de su propio tiempo símbolos y tipos de la destrucción que estaba para venir.

Nuestro método de interpretación consistirá por tanto en definir la fuerza destructora que representa cada uno de los caballos; y entonces, si es posible, descubrir las circunstancias en la historia de tiempos de propio Juan que ilustran la destrucción por venir. Además veremos que en más de un caso Juan está tratando de figuras e ideas que eran parte de los materiales que usaban los que escribían visiones acerca de los días del fin.

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