Apocalipsis 5: El libro de Dios acerca del destino

(iii) La muerte de Jesucristo fue universal en sus beneficios. Él murió por los hombres y las mujeres de todas las razas. Hubo un tiempo en que los judíos creían que Dios no Se preocupaba nada más que de ellos y no quería nada más que la destrucción de los otros pueblos. Pero en Jesucristo conocemos a un Dios Que ama a todo el mundo. La muerte de Cristo fue por todas las personas; y, por tanto, la Iglesia tiene la tarea de decírselo a todo el mundo.

(iv) La muerte de Jesucristo fue efectiva. Él no murió inútilmente. En este himno se especifican tres aspectos de la Obra de Cristo.

(a) Él nos hizo reyes. Abrió a los seres humanos la realeza de hijos de Dios. Siempre habían sido hijos de Dios por la creación; pero ahora hay una nueva filiación de la gracia abierta a toda persona.

(b) Nos hizo sacerdotes. En el mundo antiguo los sacerdotes eran los únicos que tenían derecho de acceso a Dios. Cuando entraba un judío normal y corriente en el Templo podía atravesar el Atrio de los Gentiles, el Atrio de las Mujeres, y entrar en el Atrio de Israel; pero ya no podía entrar en el Atrio de los Sacerdotes. Pero Jesucristo abrió a todos los hombres el camino de acceso a Dios: cualquier persona llega a ser un sacerdote en el sentido de que tiene derecho de acceso a la presencia de Dios.

(c) Nos dio victoria. Su pueblo reinará sobre la tierra. Este no es un triunfo político ni un señorío material, sino el secreto de la vida victoriosa en cualesquiera circunstancias. « En el mundo tendréis aflicción; pero confiad: Yo he vencido al mundo» (Juan 16:33). En Cristo hay victoria sobre el yo, sobre las circunstancias y sobre el pecado.

El himno de los ángeles

Y cuando estaba mirando oí la voz de muchos ángeles que estaban de pie formando un círculo alrededor del trono, y de los seres vivientes y de los ancianos; y su número era de miríadas de miríadas y millones de millones, y cantaban a una voz: -¡El Cordero Que ha sido inmolado merece recibir el poder y la riqueza y la sabiduría y la fuerza y el honor y la gloria y -la bendición!

Los innumerables ejércitos de los ángeles entran aquí en el coro de la alabanza. Ya hemos visto que Juan utiliza el lenguaje del Antiguo Testamento; y aquí nos recuerda el himno de David: ¡Bendito seas Tú, Señor, Dios de Israel, nuestro Padre, por siempre jamás! Tuyos son, Señor, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y la majestad; porque todas las cosas que están en el Cielo y en la Tierra son Tuyas. Tuyo, Señor, es el reino, y Tú eres excelso como Cabeza sobre todos. La riqueza y la gloria proceden de Ti, y Tú dominas sobre todo; en Tu mano están la fuerza y el poder; y en Tu mano está el hacer grandes y el dar fuerza a todos (1 Crónicas 29:10-12).

El himno de los seres vivientes y de los ancianos hablaba de la obra de Cristo y de Su muerte; ahora cantan los ángeles de las posesiones de Cristo en Su gloria. Hay siete grandes posesiones que pertenecen al Señor Resucitado.

(i) A Él Le pertenece el poder. Pablo llama a Jesús «Cristo, el Poder de Dios» (1 Corintios 1:24). Él no es alguien que haga planes irrealizables; Suyo en el poder. Podemos decir triunfalmente: «¡Él puede!»

(ii) Suya es la riqueza. « Aunque era rico, Se hizo pobre por amor a vosotros» (2 Corintios 8:9). Pablo habla de « las inescrutables riquezas de Cristo» (Efesios 3: 8). No hay promesa que Él no tenga los recursos para cumplir.

(iii) Suya es la sabiduría. Pablo llama a Cristo «la sabiduría de Dios» (1 Corintios 1:24). Él tiene la sabiduría para conocer los secretos de Dios y la solución de los problemas de la vida.

(iv) Suya es la fuerza. Cristo es el Fuerte Que puede desarmar al mal y despojarlo de su poder (Lucas 11:22). No hay problema que Él no pueda resolver.

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