Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

El pan no está duro

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

A veces nos queda alguna pieza de pan despues de merendar y al dia siguiente decimos: *»Este pan está duro»* y es muy probable que sí lo esté, pero pensado en ello y en una gran reflexión de Wilder Hernandez -Psicologo destacado-, hoy quiero compartir esta frase contigo: «El pan no está duro… duro es no tener pan». Parece mentira, pero somos especialistas en quejarnos, y la mayoría de las veces nos quejamos sin razón, sin sentido, por tonterías, por egoísmo. «El pan no está duro… duro es no tener pan»

¿Qué quiere decir esto? Que el trabajo que tienes no es duro, duro es no tener trabajo. Que tener el carro dañado no es duro, duro es no tener un carro. Que por tener el carro dañado y tener que caminar a tomar el bus eso es duro, no; eso no es duro, duro es no tener piernas, duro es no poder caminar.

Comer arroz con sardina no es duro, duro es no tener comida. Perder la causa en algún problema familiar no es duro, duro y créeme que muy duro es perder un familiar.

Decir, te amo mirando a los ojos de otra persona no es duro, duro es decirlo frente a una lápida o un féretro donde ya no tienen sentido las palabras. Quejarse no es duro, duro es no saber ser agradecidos.

Hoy es un buen día para dar gracias a Dios por lo que tenemos y no dejar que nuestra felicidad dependa de algo o de alguien. «Nuestra felicidad depende de nosotros mismos y de lo agradecido que seamos con lo que tenemos» Duro no es publicar este mensaje a un buen amigo, duro es no tener un amigo a quien mandárselo.

One Comment

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

No despiertes a mi padre

En una reunión del ejército de salvación habí­a un hombre que estaba dando su testimonio sobre lo que Jesús habí­a hecho por él. En la muchedumbre se

Artículo Completo

Le habían enseñado a pensar

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nóbel de Química en 1908 contaba la siguiente anécdota: Hace algún tiempo, recibí la llamada de

Artículo Completo