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2 de Samuel 7: Pacto de Dios con David

Pastor Lionel

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2 de Samuel 7:28 Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo.

2 de Samuel 7:29 Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre».

La soberanía de Dios

El capítulo 7 es el punto teológico de más importancia en el libro de 2 Samuel. Hasta este punto toda la narración se ha concentrado en la historia de David, pero en este capítulo Dios sale de la anonimato y se revela a sí mismo por medio del profeta Natán. Dios emerge como desde el asiento de atrás para demostrar que él tiene el timón en sus manos.

David desea construir una casa a Dios

a. El reposo que Dios dio a David.

El escritor comienza mencionando el reposo del cual gozaba David al haber conquistado ciertos pueblos enemigos; este reposo es la máxima expresión del éxito de David, quien había llegado a ser rey, había unido la nación y le había dado paz. Para un pueblo que había nacido en la esclavitud y había permanecido errante en tierras extrañas y había peleado para habitar la tierra, el reposo era la expresión máxima de la vida bendecida por Dios. En la frase: Jehova le había dado descanso de todos sus enemigos, el escritor usó la forma causativa del verbo “descansar” y puso a Jehová como sujeto o causante del reposo; literalmente se traduciría: Jehová había causado a David descansar de todos sus enemigos. Aunque aún faltaban algunas guerras, David había llegado a dominar a sus principales enemigos. Algunos comentaristas, como Keil, creen que este pasaje corresponde a un tiempo después de las guerras descritas en los capitulos 8 al 10, ya que sólo entonces se podría decir que David tenía descanso de todos sus enemigos; pero el pasaje también corresponde al momento en que David llegó a establecer su reinado en toda la nación y pudo traer el arca de Dios a Jerusalén. David había dominado a los filisteos que eran los enemigos principales de Israel.

b. El deseo de David.

Después de traer el arca de Dios a Jerusalén, David consideró que era necesario construir una mejor casa para el arca de Dios. David comunicó al profeta Natán el contrastante hecho que el arca de Dios estuviera en una tienda entre cortinas, mientras que David vivía en una casa de cedro; la tienda había estado bien para el tiempo de la conquista y de los jueces, pero ahora en la monarquía se necesitaba un templo que reflejara la gloria del reino. Natán parecía estar de acuerdo con la idea ya que era evidente que Dios estaba con David; pero Natán no parece estar completamente seguro de que era una buena idea. En esa misma noche, Natán recibe palabra de Dios que esclarecería su pensamiento y el pensamiento de David.

La soberanía de Dios sobre David

a. Dios no necesita de David.

La palabra de Dios vino a enseñar una lección grande a David. Si David creía que era humillante que el arca de Dios continuara en una tienda, Dios le demostró que estaba equivocado. Primeramente, Dios demostró a David que, aunque su deseo fuese correcto, su actitud no lo era; no era Dios el que ahora necesitaba de David, sino David quien siempre necesitó y necesitaría de Dios. La pregunta de Dios es irónica: i ¿Me edificarás tú una casa en la que yo habitei ? Dios no necesitaba de David, él es el creador de todo lo que existe; en cambio David sí necesitaba de Dios siempre. La pregunta de Dios también era una burla al pensamiento de David de que la tienda no era significativa; Dios muestra a David que ni la tienda ni un templo pueden contener su presencia. ¿Podía David construir una casa lo suficientemente grande para que Dios cupiese en ella?

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