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2 de Samuel 2: David es proclamado rey de Judá

(2) David es ungido por el pueblo de Judá

Los hombres de Judá vinieron a Hebrón a ungir a David como rey. Es de notar que David no se impuso como rey, sino que el pueblo mismo lo aprobó como el ungido de Dios. Ungir era la práctica de derramar aceite sobre la persona o los objetos que Dios apartaba para su servicio; era una ceremonia de consagración a Dios, y era acompañada de sacrificios a Dios: Aarón y sus hijos fueron ungidos con aceite cuando fueron consagrados como sacerdotes y el altar de los sacrificios era ungido con aceite para ser santificado. Samuel había ungido a David anteriormente en la casa de Isaí, cuando David todavía era un pastor de ovejas. Ahora, eran los hombres de la tribu de Judá que venían a ungirlo; es posible que no hubiese un profeta de la estatura de Samuel que tomase el cargo del ungimiento en ese momento; pero era de gran significado simbólico que los hombres, en representación de toda la tribu, ungieran a David como rey. La ceremonia del ungimiento era tan importante que la palabra ungido, en hebreo machíaq (mesías), llegó a ser sinónimo de rey; en el período después del exilio la palabra mesías tomó gran importancia ya que sirvió para designar a un rey especial que vendría al final de los tiempos a establecer una nueva era para Israel. David mismo llegaría a ser una imagen de lo que sería el mesías esperado.

El muchacho que había sido pastor de ovejas llegaba a ser rey de Judá, sin haber tenido que levantar su mano contra Saúl; Dios lo había llevado hasta el trono. En David se cumplían las palabras del cántico de Ana: El levanta del polvo al pobre, y al necesitado enaltece desde la basura, para hacerle sentar con los nobles y hacerle poseer un trono de honor. David no fue al trono directamente del redil, él había adquirido prestigio y alcanzado mucha fama. David había hecho su parte: había peleado batallas, contaba con un ejército, poseía tierras, y tenía aun la protección de los filisteos. David continuaba bajo la protección de los filisteos, pero el texto bíblico no menciona la reacción de los filisteos ante el nuevo reinado de David. Posiblemente los filisteos esperaban que David siguiera siendo su aliado, pero David siempre consideró a los filisteos como enemigos; su alianza con los filisteos había sido únicamente para tener protección de Saúl.

(3) David busca la alianza del norte

Una vez que David reinó sobre Judá, David buscó la alianza de las tribus del norte; sin duda alguna, David buscaba llegar a ser rey de todo Israel, y como primer paso envió un mensaje de bendición a los habitantes de Jabes de Galaad, en el territorio de Manasés, quienes habían sepultado a Saúl; David los bendijo por haber hecho esa bondad a Saúl, el señor de ellos. David vuelve a demostrar aquí su respeto hacia la memoria de Saúl. David demostró un genuino interés por el bienestar de los habitantes de Jabes, al desearles misercordia y verdad de parte de Dios. La palabra verdad es traducción de la palabra hebrea jesed; esta palabra era usada para referirse al amor leal o el amor de pacto de Dios para con Israel. Los deseos de David no eran palabras solamente, sino deseos genuinos de la bendición de Dios para los de Jabes, quienes formaban parte del pueblo del pacto de Dios. David hizo saber a los de Jabes que la casa de Judá le había ungido rey, en esperanza de que ellos también lo ungieran rey sobre ellos.

3. Oposición de Abner al reinado de David

El deseo de David de ser rey sobre todo Israel no se realizó pronto. El primero en oponerse al reinado de David fue Abner, primo de Saúl, que había sido el general al mando del ejército de Saúl. Abner tomó el liderazgo de las tribus del norte y proclamó a Isboset, hijo de Saúl, como rey de Galaad, Gesur, Jezreel, Efraín, Benjamín y todo Israel. Galaad se encontraba en el territorio de Manasés; Gezur probablemente en el territorio de Aser; y Jezreel en el territorio de Izacar. Abner llevó a Isboset a una retirada ciudad llamada Majanaim, al otro lado del Jordán en el territorio de Manasés; el lugar estaba retirado tanto de David como de los filisteos; David también se refugiaría en Majanaim, en el tiempo de la rebelión de Absalón.

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