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2 de Reyes 7: Oíd la palabra de Jehová

Pastor Lionel

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Cabe señalar que esta narración relata cuatro milagros del profeta: su conocimiento sobrenatural de los planes del enemigo, la apertura de los ojos del siervo que le permitió ver las huestes celestiales, la acción de cegar a los sirios y la restauración de su vista. El pasaje enseña con claridad que Dios controla la historia de su pueblo mediante la persona que elige. Todo el poderío de un gobierno y un ejército es solo un chiste comparado con los caballos y carros de Jehová en la presencia de la palabra profética. El rey y su estructura burocrática ineficiente son indefensos; por eso necesitan la palabra profética para ser rescatados.

La hambruna causada por el sitio de Samaria y el cumplimiento de la palabra profética, 6:24-7:20 ¿Cuál es la relación de este evento con el anterior? Algunos afirman que este incidente probablemente no ocurrió después del anterior, porque este comienza con un estado de guerra entre los dos países mientras el anterior termina con una paz forzosa debido a la presciencia del profeta de Dios. Otros postulan un intervalo de un largo tiempo después del incidente anterior. Otros ven una diferencia en el anterior que involucraba una incursión o invasión fronteriza repentina y sorpresiva por un destacamento, con este que describe una guerra total entre los dos reyes.

De todas formas, Benadad de Siria, uno de varios reyes con ese nombre real pero posiblemente el mismo que atacó a Acab, mandó sitiar a Samaria, lo cual causó una hambruna en la ciudad capital. Como consecuencia hubo una inflación exorbitante demostrada por el costo excesivo en el mercado de alimentos exóticos e inmundos, como fue el caso de la cabeza del asno. Aunque Josefo sugiere que el estiércol de palomas fue precisamente eso y que se usó como un sustituto para la sal, otros sugieren otras posiblidades como alguna planta comestible o usada como leña, como cáscaras no comestibles. En otras ocasiones los desesperados aun comían excremento humano. La Biblia de Jerusalén traduce el hebreo como “un par de cebollas silvestres”. Como quiera que se identifique, se trata de más de un litro de un alimento sin sabor con un costo exorbitante. Señala así la profundidad de la desesperación del pueblo.

Durante este tiempo, mientras el rey de Israel caminaba sobre la muralla de la ciudad, una mujer le gritó pidiéndole socorro. No es posible identificar al soberano con certeza, aunque el contexto sugiere su identificación como Joram. El más alto oficial del país se sentía impotente para ayudarla con vino o granos, los productos básicos y principales de su época; igualmente le fue imposible emitir una sentencia justa que les diera esperanza. En realidad, ella no le pedía alimentos, sino más bien quería autorización para guisar al hijo de la otra mujer con quien había pactado comerlo. Aparentemente la mujer no sentía la muerte de su hijo, pero sí la injusticia de la vecina que no guardó su promesa.

Dicha petición le causó al rey mucho dolor y de momento, a la ligera, culpó a Eliseo por su dilema e hizo un juramento de acabar con el culpable. ¿Se relaciona en parte la actitud del rey con el relato anterior donde a causa de Eliseo se dejó en libertad a los soldados sirios en vez de liquidar aquella fuerza militar? Sólo si los relatos siguen una secuencia cronológica, tendría sentido. La otra motivación del rey sería de asco por el canibalismo de su pueblo hambriento que estas dos mujeres ilustran. Ya frustrado y desesperado, no esperaba ayuda de Dios; tampoco admitía su propia responsabilidad por la situación (compare a Adán y Eva y su respuesta a Dios sino culpó al asesor que probablemente aconsejó la resistencia a los sirios prometiendo su liberación. Por lo tanto, precipitadamente culpó a Eliseo, el representante de Dios, y determinó matarlo, pues pudo haber prevenido el hambre y no lo hizo o supuestamente podría acabar con ella ahora si quisiera, pero no lo hacía. Ese preciso momento en vez de hacer algo para mejorar la situación se encontraba en su casa sentado como un inútil.

En realidad, en ese momento Eliseo se encontraba reunido con los ancianos de la ciudad, evidentemente discutiendo la difícil situación del pueblo de Samaria o del profeta con dos reyes en su contra. Debido a su presciencia especial, como en el caso del 6:8-12, sabía de la amenaza del rey enfurecido que le estaba acusando irracional e injustamente. Por eso ordenó que no se abriera la puerta para el verdugo del rey. ¿Tenía Eliseo miedo o sabía que el rey cambiaría de opinión? Lo más probable es que mandó cerrar la puerta anticipando un cambio en la orden del rey, aunque aun a un siervo de Dios le llegan momentos de miedo y terror, como fue el caso de su mentor Elías, quien corrió hacia el sur, lejos de la odiosa reina que le tenía cólera. Si la acción de Eliseo demuestra miedo de verdad, entonces presenta un cuadro contrario a su total confianza en los versículos 1-7 y 8-23. De todas maneras, el mensajero del rey se acercó más rápidamente de lo que se esperaba o uno que acompañaba al rey llegó antes de cerrar bien la puerta; por lo menos con su llegada, en seguida el rey le hizo a Eliseo una pregunta, que a la vez que culpaba a Jehová por el hambre, quería saber qué anticipar en el futuro.

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