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2 de Reyes 7: Oíd la palabra de Jehová

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2 de Reyes 7:10 Fueron, pues, llamaron a los guardias de la puerta de la ciudad, y les gritaron diciendo: «Nosotros fuimos al campamento de los sirios y no había allí nadie, ni se oía ninguna voz humana; solo estaban los caballos atados, los asnos también atados y el campamento intacto».

Los leprosos descubrieron el campamento desierto y se dieron cuenta que sus vidas habían sido salvadas. Al principio mantuvieron las buenas noticias para ellos, olvidando que sus conciudadanos estaban muriéndose de hambre en la ciudad. Las buenas nuevas acerca de Jesucristo deben ser anunciadas también, ya que ninguna noticia es tan importante. No debemos olvidarnos de aquellos que se están muriendo sin ellas. No debemos preocuparnos tanto por nuestra propia fe que rechacemos anunciarla a aquellos que nos rodean. Nuestras «buenas noticias» como la de los leprosos, no «esperarán hasta mañana».

2 de Reyes 7:11 Los porteros gritaron y lo anunciaron dentro, en el palacio del rey.

2 de Reyes 7:12 Se levantó el rey de noche y dijo a sus siervos: –Os voy a decir lo que nos han hecho los sirios. Ellos saben que tenemos hambre, han salido de las tiendas y se han escondido en el campo, pensando: “Cuando hayan salido de la ciudad, los tomaremos vivos y entraremos en ella”.

2 de Reyes 7:13 Entonces uno de sus siervos propuso: –Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad (porque los que quedan acá también perecerán, como toda la multitud de Israel que ya ha perecido). Los enviaremos para ver qué pasa.

2 de Reyes 7:14 Tomaron, pues, dos caballos de un carro y los envió el rey al campamento de los sirios, diciendo: «Id y ved».

2 de Reyes 7:15 Ellos los siguieron hasta el Jordán y vieron que todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los sirios habían arrojado por la premura. Regresaron los mensajeros y lo hicieron saber al rey.

2 de Reyes 7:16 Entonces el pueblo salió y saqueó el campamento de los sirios. Y, conforme a la palabra de Jehová,[e] fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo.

2 de Reyes 7:17 El rey había puesto a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo él se apoyaba, pero el pueblo lo atropelló a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios cuando el rey descendió a él.

Lo que sucedió al asistente de Joram constituye un dramático ejemplo de la actitud de Dios hacia la incredulidad.

2 de Reyes 7:18 Aconteció, pues, de la manera que el varón de Dios había anunciado al rey, al decir: «Serán vendidos por un siclo dos seahs de cebada, y el seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana a estas horas, a la puerta de Samaria».

2 de Reyes 7:19 A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios: «Si Jehová abriera ventanas en el cielo, ¿pudiera suceder esto?». Y él le había dicho: «Tú lo verás con tus ojos, pero no comerás de ello».

2 de Reyes 7:20 Y así le sucedió, porque el pueblo lo atropelló a la entrada, y murió.

Es Dios, no los indignos ídolos, el que provee nuestro sustento diario. A pesar de que nuestra fe puede estar débil o sea muy insignificante, debemos rechazar el escepticismo acerca de la provisión de Dios para nosotros. Cuando nuestros recursos se están acabando y nuestras dudas están creciendo, recuerde que Dios puede abrir las ventanas de los cielos.

La recuperación del hacha prestada a un profeta, 6:1-7. La comunidad de los profetas pidió permiso a Eliseo para ir al río Jordán con el fin de cortar madera para construir una nueva residencia, que también probablemente serviría como salón de reunión, pues la anterior ya les resultaba pequeña. Evidentemente había un bosque cerca del río. Además de concederles permiso, Eliseo aceptó la invitación de acompañarles. Al cortar un tronco, a uno de los profetas se le cayó al agua un hacha prestada. Evidentemente era una herramienta tan cara que tuvo que rogar para que se la prestara. Clamó por la ayuda de Eliseo quien, después de ser informado del lugar en el que había caído el hierro, cortó un palo, lo arrojó allí e hizo que el hacha saliera a flote. Aunque en otras situaciones Eliseo empleó más a las personas para cooperar en resolver sus problemas, esta vez solo al final lo hizo, ordenando al profeta que la recogiera.

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