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2 de Reyes 5: Eliseo y Naamán

Sin embargo, el noble Naamán estaba dispuesto a humillarse y por segunda vez con renuencia escuchó los buenos consejos de sus humildes siervos. Se convenció de que valdría la pena tragarse el orgullo y la arrogancia; se sumergió siete veces en el Jordán. Como consecuencia, conforme a la palabra profética, su piel se restauró como la de un jovencito. (Se nos recuerda la inocencia de la niñacriada de su esposa, la portadora de la buena noticia.)

En seguida toda su comitiva regresó a la casa de Eliseo, que esta vez le recibió personalmente. Naamán había pasado la prueba de la fe. Se dio cuenta que de verdad era el Dios de Israel y no un profeta con un encanto mágico quien había restaurado su salud. Ahora confesó su fe en Jehová, el único Dios existente, y ofreció bendecir a Eliseo con una recompensa generosa. El varón de Dios enfáticamente rehusó recibirla; quería demostrarle que las bendiciones de Jehová no se compran. Su sanidad y la negativa del profeta de recibir paga dieron lugar a la conversión del sirio a un monoteísmo que le exigía la adoración a ese Dios verdadero. Como consecuencia, Naamán pidió permiso para llevar tierra de Israel a Siria para poderla usar en la adoración de Jehová. Según el henoteísmo de la época, la gente creía que los dioses tenían poder solo en su propia área geográfica y que eran impotentes sin su tierra. Llevar tierra de Israel a Siria permitiría que Jehová ejerciera su poder y jurisdicción también en Siria. Un cambio de parecer es evidente: hace poco despreciaba los ríos de Israel, ahora pidió permiso para llevar tierra a su país. Asimismo pidió comprensión de parte de Eliseo cuando se viera obligado a participar con su soberano en la adoración del dios nacional de Siria. De esa manera, con anticipación pero con un habla verbosa, divagadora y vacilante, pidió perdón por un arreglo que sabía que era imperfecto. No podría practicar una adoración exclusiva a Jehová en Siria debido a la lealtad a su rey, aunque para él no sería un acto de reverencia para Rimón, “el tronador”, dios de la tempestad, el trueno y la lluvia.

Pidió este segundo favor porque se convirtió en un hombre con dos lealtades: una hacia Dios y la otra para con su rey, y este le exigiría participación en ritos paganos. Este ruego demostraba que su altanería se había transformado en humildad. Lo expresó con vacilación, como lo indica la repetición del verbo “postrarse” tres veces. Debido a que su lealtad era para su soberano y no para el dios Rimón, su petición no socavaba una fe monoteísta. Su dilema fue retener el alto puesto con el favor del rey y continuar sirviéndole como su señor humano.

Eliseo le concedió su petición. La breve o parca respuesta de Eliseo, la despedida tradicional, es un shalom, que le indicó una aprobación tácita que a la vez reflejaba una actitud reservada sin emitir un juicio final. En parte se parece a la respuesta de Pablo a los corintos que agonizaban sobre el problema de comer carne ofrecida a los ídolos. El problema esencial era cuáles arreglos se permitían y cuáles traicionaban la fe. La respuesta de Eliseo no estableció una regla invariable, más bien, permitió a Naamán decidir bajo la dirección del Dios soberano según el leal saber y entender de uno. Se parece a la solución paulina al retener la aprobación clara y a la vez rehusar juzgar al otro; sencillamente le tocaba a Naamán vivir su fe lo mejor que podía bajo el dominio y voluntad de Jehová dentro de una sociedad donde la mayoría era incrédula. Pero lo que le tocaba a Eliseo en su ministerio era pronunciar con claridad y sencillez el simple mensaje de salvación y no emitir reglas para la conducta.

El siervo de Eliseo estaba descontento porque su jefe no había despojado al acomodado enemigo. Al iniciar Naamán el viaje de regreso a su país, con una resolución firme Guejazi decidió tomar ventaja de la buena disposición de Naamán y a la vez enriquecerse. El deseo de Guejazi de explotar a un extranjero estaba en plena violación de la ley de Israel. El espíritu nacionalista del siervo contrasta con el espíritu internacionalista del profeta. Los dos emitieron un juramento.

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