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2 de Reyes 25: La conquista de Jerusalén por Nabucodonosor

Pastor Lionel

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Gedalías, hijo de una familia importante de Jerusalén —ya que su abuelo Safán influía mucho la reforma de Josías y Ajicam, su padre, fue un miembro del comité enviado a consultar a la profetisa Hulda— fue designado para gobernar a los que se quedaron en Judá. Su nombre significa “Jehová es grande”. Gozaba del apoyo de Jeremías. Es evidente que representaba la facción pro babilónica no desterrada.

Cuando descubrieron que era el gobernador, todos los jefes de los soldados que indudablemente se habían escondido después de la derrota, incluso Ismael hijo de Netanías y sus hombres, fueron a consultar con Gedalías. Se reunieron en Mizpa (“torre de vigía” o “atalaya”), unos cuantos km. al norte de Jerusalén en una pequeña llanura cerca de Betel, que servía como un centro importante para Israel en tiempos de crisis. Gedalías les aconsejó que se quedaran en Judá sirviendo sin miedo a Nabucodonosor de Babilonia. No obstante, Ismael, que era de sangre real, con 10 hombres, la unidad más pequeña del ejército, lo asesinó junto con sus principales asesores judíos y caldeos en Mizpa. Su asesinato por un miembro de la familia real era un acto de venganza por unos extremistas más que una insurrección contra Babilona. Pues ¿qué podría hacer una banda tan pequeña contra una superpotencia? (Quizá asesinaron a Gedalías porque lo creían traidor por cooperar con los babilonios.)

Como consecuencia, todos los demás habitantes con los jefes de los soldados se fugaron a Egipto por miedo de los caldeos. De manera que el peor acontecimiento que se podría imaginar acababa de ocurrir: los israelitas regresaron a Egipto, invirtiendo el acto potentoso de Dios del éxodo. Así escogieron la muerte en vez de la vida y cumplieron las palabras proféticas. Ya no había esperanza de una tierra prometida; ¡solo quedaban las ruinas humeantes de Jerusalén!

Joaquín, el penúltimo rey, restaurado al favor del rey en Babilonia

Después de 37 años como prisionero, el anciano Joaquín, hijo de Josías y el antepenúltimo rey de Judá, se benefició del indulto de Evilmerodac, hijo de Nabucodonosor y el nuevo rey de Babilonia. Lo sacó de la cárcel, habló amistosamente con él, y lo colocó en el lugar más alto entre los reyes en Babilonia. De esta manera se le dio reconocimiento oficial como rey de Judá y vasallo de Babilonia en una especie de pacto o tratado. Tuvo el privilegio de ser el comensal diario de Evilmerodac y recibir las provisiones costeadas por este toda su vida. Ahora era un huésped de honor y no un prisionero. (Este es uno de tres casos de judíos elevados a posiciones de influencia en una corte extranjera durante el período del exilio y la restauración. Los otros dos fueron Daniel en la corte de Nabucodonosor y Mardoqueo en la de Asuero.) Esta amistad respetuosa contrasta notablemente con el evidente trato cruel de Sedequías.

¿Simboliza la sobrevivencia y el buen trato de este rey una esperanza efímera para el pueblo de Israel en el exilio? (aunque en nada se parecía a la grandeza de la época de los reyes gloriosos David y Salomón). ¿Anticipaba y vislumbraba un futuro mejor para el pueblo cuando su exilio terminara y un rey davídico fuera restaurado a un trono con poder real? De otra manera termina el libro sin ninguna esperanza para el futuro. Habría nada más un castigo que les esperaba. Como quiera, cualquier esperanza para el futuro se encontraba en las manos de un Dios soberano que ya había emitido palabras proféticas sobre ese porvenir y en Babilonia donde sobrevivían los símbolos del pueblo de Dios. El regreso de los tesoros del templo, marcaba el inicio de una nueva era de restauración.

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