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2 de Reyes 23: La reforma de Josías

Pastor Lionel

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La Pascua celebrada

Acatando las instrucciones del libro del pacto, Josías mandó celebrar, como el punto culminante de su reforma, la Pascua en honor de Jehová, el Dios libertador del éxodo. Este fue su quinto mandamiento. Fue muy apropiada la selección de la Pascua como celebración, porque recordaba a todos su liberación de la esclavitud en Egipto y la formación del pacto con Jehová; a su vez les permitía dar expresión de su fervor religioso y patriótico. El año 18 del reino de Josías fue la primera vez durante toda la historia de la monarquía que se celebrara esta fiesta en forma centralizada en Jerusalén conforme a todas las instrucciones del libro de la ley. En tiempos de Ezequías se observó, pero en el segundo mes en vez del primero y sin la debida purificación de todos. Tradicionalmente se celebraba la Pascua en familia, con el padre oficiando. Las innovaciones monárquicas la convirtieron en una fiesta nacional, llevada a cabo exclusivamente en Jerusalén con los celebrantes oficiales del culto sustituyendo a los padres.

Un rey devoto incapaz de detener la ira de Dios sobre Judá

Josías demostró su entera devoción eliminando los médiums, los espiritistas y todas las imágenes usadas en los cultos en Judá y Jerusalén. Los terafines eran imágenes domésticas tanto pequeñas como grandes que algunos profetas aceptaban como legítimos. A veces representaban títulos de propiedades y en otras se usaban para adivinación, y en especial en la magia mímica para promover la fertilidad. Josías demostró así una devoción desconocida por rey alguno, sirviendo a Jehová con todo su corazón y su alma. Su tipo de servicio se parecía al del profeta Moisés. Tanto Josías como su bisabuelo Ezequías tenían una evaluación similar de excelencia: Ezequías por su plena confianza en Dios aun en momentos de crisis extrema y Josías por su apego completo a la ley de Moisés. No obstante las cinco iniciativas reales, toda su devoción y su reforma, ya era demasiado tarde; la paciencia de Jehová ya se había acabado; la severidad de la apostasía de Manasés hacía inevitable la destrucción y ya había determinado que Judá sufriría el mismo castigo que Israel.

Su muerte trágica e inesperada en un encuentro con el faraón

En el ámbito internacional Asiria, la superpotencia, estaba en declinación. Egipto hizo una alianza con ella y con el fin de apoyarla contra Babilonia se dirigió hacia el río Eufrates. Cuando llegó al valle de Meguido, Josías salió a su encuentro, solo para morir. Se desconoce la razón del viaje de Josías a Meguido (en griego es el Armagedón, el sitio de la última batalla contra los enemigos de Cristo) en el valle de Jezreel, si fuera para tomar ventaja de la debilidad de Asiria para expandir su reino y autoridad sobre Israel, o para una reunión de apoyo con Necao, quien entonces lo traicionó, o para retar al nuevo rey de Egipto en sus planes internacionales y así apoyar a Babilonia. Como quiera, el interés de Josías en el bienestar espiritual de los habitantes en el territorio del desaparecido reino del norte ya se había demostrado en su reforma que llevó hasta Samaria. ¿Le preocupaba la restauración de la idolatría allí? Sin embargo, Necao continuó al norte hasta Carquemis cerca de Harán y el río Eufrates donde su ejército fue liquidado por los babilonios en el 605 a. de J.C.

Llevaron el cadáver de Josías a Jerusalén para su entierro en paz. Esta muerte trágica del gran rey espiritual, antes de la edad de 40 años, fue el último golpe a la esperanza ya marchitada para la nación de evitar la destrucción. Fue un desastre para Judá y la reforma, pero su memoria fue atesorada por siglos en Israel.

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