2 de Reyes 18: Judá hasta el exilio en Babilonia

2 de Reyes 18:1  6. Judá hasta el exilio en Babilonia (18.1–25.30) Reinado de Ezequías (2 Cr 29.1-2) En el tercer año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz, rey de Judá.

Con Israel fuera de la escena, Reyes comienza ahora a narrar la decadencia y caída de Judá. Ezequías había sucedido a Acaz como decimotercer rey de Judá. Ascendió al poder alentando reformas espirituales en gran escala. Ezequías purgó a Judá de idolatría, así como restauró y reedificó el templo.

2 de Reyes 18:2  Cuando comenzó a reinar tenía veinticinco años, y reinó en Jerusalén veintinueve años. El nombre de su madre era Abi, hija de Zacarías.

2 de Reyes 18:3  Hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David, su padre.

2 de Reyes 18:4  Quitó los lugares altos, quebró las imágenes, rompió los símbolos de Asera[a] e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés,[b] porque hasta entonces los hijos de Israel le quemaban incienso; y la llamó Nehustán.

La serpiente de bronce se había hecho para curar a los israelitas de la mordida de serpientes venenosas. Demostraba la presencia y el poder de Dios y era un recordatorio para el pueblo de su misericordia y su perdón. Pero se había convertido en un objeto de adoración en lugar de un recordatorio de a quién tenían que adorar, así que Ezequías se vio forzado a destruirla. Debemos tener cuidado de que las cosas que usamos para ayudarnos a adorar a Dios no se vuelvan objetos de adoración por sí mismos. La mayoría de los objetos no son creados para ser ídolos, se vuelven ídolos por la forma en la que la gente los usa.

2 de Reyes 18:5  En Jehová, Dios de Israel, puso su esperanza. Entre todos los reyes de Judá no hubo otro como él, antes ni después,[c]

«Ni después ni antes hubo otro como él entre todos los reyes de Judá». En un dramático contraste con su padre Acaz, Ezequías siguió a Dios más de cerca y con mayor sinceridad que cualquier otro rey de Judá o Israel. Esta frase se refiere a los reyes que sucedieron después de la división del reino y por lo tanto no incluye a David, considerado como el rey más devoto a Dios.

2 de Reyes 18:6  pues siguió a Jehová y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés.

2 de Reyes 18:7  Jehová estaba con él, y adondequiera que iba, prosperaba. Ezequías se rebeló contra el rey de Asiria y no lo sirvió.[d]

La nación de Judá fue oprimida por dos potencias mundiales, Egipto y Asiria. Ambas naciones querían controlar a Judá y a Israel porque estaban localizadas en el cruce de caminos vitales para todo el comercio del antiguo Cercano Oriente. La nación que controlara a Judá tendría ventajas económicas y militares sobre sus rivales. Cuando Ezequías llegó a ser rey, Asiria controlaba a Judá. Al actuar con gran valor, Ezequías se rebeló en contra del poderoso imperio al que su padre se había sometido. Puso su fe en la fuerza de Dios y no en la suya propia, y obedeció los mandamientos de Dios a pesar de los obstáculos y peligros que, desde un punto de vista puramente humano, parecían insuperables.

Ezequias

El pasado es una parte importante de las acciones de hoy y de los planes del mañana. El pueblo y los reyes de Judá tuvieron un pasado rico, lleno de los hechos, la dirección y los mandamientos de Dios. Pero con el paso de cada generación, también tuvieron una creciente lista de tragedias que ocurrieron cuando el pueblo se olvidó que su Dios, que los había protegido en el pasado, también se preocuparía por ellos en el presente y en el futuro, y demandó su obediencia continua. Ezequías fue uno de los pocos reyes de Judá que estuvo siempre consciente de los hechos de Dios en el pasado y de su interés en los de cada día. La Biblia lo describe como un rey que tuvo una relación íntima con
Dios.

Como reformador, Ezequías estaba más preocupado con la obediencia del presente. Judá estaba lleno de recordatorios visuales de su falta de confianza en Dios, y Ezequías valientemente limpió la casa. Fueron destruidos altares, ídolos y templos paganos. Incluso no se salvó ni la serpiente que Moisés había hecho en el desierto porque había dejado de señararle al pueblo hacia Dios y también había llegado a ser un ídolo. El templo de Jerusalén, cuyas puertas habían sido clausuradas por el propio padre de Ezequías, fueron limpiadas y reabiertas. Fue reinstituida la Pascua como fiesta nacional, y hubo un avivamiento en Judá.

A pesar de que tenía una inclinación natural para responder a los problemas presentes, la vida de Ezequías nos muestra muy poca evidencia de una preocupación acerca del futuro. Tomó muy pocas medidas para preservar los efectos de sus reformas arrolladoras. Sus esfuerzos exitosos lo hicieron soberbio. Al demostrarles su riqueza a la delegación babilonia (un acto poco sabio de su parte) hizo que Judá fuera incluida en la lista que los babilonios tenían de «naciones por conquistar». Cuando Isaías informó a Ezequías de lo tonto que había sido, la respuesta del rey mostró su falta de visión: estaba agradecido de que cualquier mala consecuencia sería pospuesta hasta después de su muerte. Las vidas de los tres reyes que lo sucedieron -Manasés, Amón y Josías- se vieron profundamente afectadas, tanto por los logros como por las debilidades de Ezequías.

El pasado afecta sus decisiones y sus acciones de hoy, y estas, a su vez, afectan el futuro. Hay lecciones que aprender y errores que debemos evitar repetir. Recuerde que parte del éxito de su pasado será medido por lo que haga con él ahora y lo bien que lo utilice para prepararse para el futuro.

Puntos fuertes y logros :

— Rey de Judá que llevó a cabo reformas civiles y religiosas
— Tuvo una relación personal y creciente con Dios
— Desarrolló una poderosa vida de oración
— Resaltado como patrocinador de varios capítulos del libro de Proverbios

Debilidades y errores :

— Mostró poco interés y sabiduría al planear para el futuro, y proteger la herencia espiritual
— Fue imprudente al mostrar toda su riqueza a los mensajeros de Babilonia

Lecciones de su vida :

— Las reformas arrolladoras tienen muy corta vida cuando se toman muy pocas medidas para preservarlas para el futuro
— La obediencia a Dios del pasado no evita la posibilidad de la desobediencia presente
— Una completa obediencia a Dios rinde resultados sorprendentes

AEzequias lo encontramos en Jerusalén de ocupación: Decimotercer rey de Judá (reino del sur). Hijo de Acaz y  Abi y padre de Manasés. Contemporáneo de Isaías, Oseas, Miqueas, Senaquerib

2 de Reyes 18:8  También derrotó a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada.[e]

2 de Reyes 18:9  Caída de Samaria En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, subió Salmanasar, rey de los asirios, contra Samaria y la sitió.

2 de Reyes 18:10  La tomaron al cabo de tres años. En el año sexto de Ezequías, el cual era el año noveno de Oseas, rey de Israel, fue tomada Samaria.

2 de Reyes 18:11  El rey de Asiria llevó cautivo a Israel a Asiria, y los estableció en Halah, junto al río Gozán en Habor, y en las ciudades de los medos,[f]

2 de Reyes 18:12  por cuanto no habían atendido a la voz de Jehová, su Dios, sino que habían quebrantado su pacto y no habían escuchado ni puesto por obra todas las cosas que Moisés, siervo de Jehová, había mandado.[g]

Estos versículos se remontan a los días muy cercanos a la destrucción de Israel. Ezequías reinó con su padre Acaz durante catorce años (729-715 a.C.), él solo durante dieciocho años (715-697 a.C.) y con su hijo Manasés durante once años (697-686 a.C), un total de cuarenta y tres años. Los veinte nueve años registrados en 18.2 indican sólo aquellos años en los que Ezequías tuvo el control completo del reino. Mientras Ezequías estaba en el trono, la parte norte de la nación de Israel fue destruida (722 a.C.). El conocer el destino de Israel probablemente hizo que Ezequías reformara su propia nación.

2 de Reyes 18:13   Senaquerib invade a Judá[h] (2 Cr 32.1-19; Is 36.1-22) A los catorce años del rey Ezequías subió Senaquerib, rey de Asiria,[i] contra todas las ciudades fortificadas de Judá y las tomó.[j]

La comparación de estos versículos constituye un difícil problema cronológico. Ezequías comenzó a reinar el tercer año de Oseas. Como Oseas empezó a reinar alrededor del 732 a.C., ello significaría que Ezequías ascendió al trono en el 729 a.C. De ahí se deduce también que los catorce años del rey Ezequías se cumplirían en el 710 a.C. Sin embargo, la invasión de Senaquerib puede ser fijada con toda exactitud en el 701 a.C. La solución más simple para resolver esta cuestión es que Ezequías haya cogobernado junto a su padre Acaz desde el 729 a 715 a.C. Esto habría ocurrido entonces en «el tercer año de Oseas», 729 a.C., y Ezequías habría quedado solo en el poder en el 715 a.C. Catorce años después (701 a.C.), Senaquerib invadió Judá.

Senaquerib ascendió al trono asirio después de Sargón II. El nuevo rey atacó y saqueó a Judá e impuso un gravoso tributo a Ezequías. Siguiendo el mal ejemplo de su padre Acaz, Ezequías tomó tesoros del templo y los entregó al rey de Asiria.

Este suceso ocurrió en 701 a.C., cuatro años después de que Senaquerib había llegado a ser rey de Asiria. Senaquerib era el hijo de Sargón II, el rey que había deportado en cautiverio al pueblo de Israel. Para evitar que Asiria atacara, el reino del sur pagó tributo anualmente. Pero cuando Senaquerib fue rey, Ezequías dejó de pagar este dinero, esperando que Asiria lo ignorara. Cuando Senaquerib y su ejército tomó represalias, Ezequías se dio cuenta de su error y pagó el dinero del tributo, pero Senaquerib lo atacó de todas formas. A pesar de ello, no tenía tanta hambre de guerra como los anteriores reyes de Asiria, prefiriendo emplear mucho de su tiempo en la edificación y embellecimiento de su ciudad capital, Nínive. Con menos invasiones frecuentes, Ezequías pudo instituir muchas de sus reformas y fortalecer a la nación.

2 de Reyes 18:14  Entonces Ezequías, rey de Judá, envió a decir al rey de Asiria que estaba en Laquis:[k] «He pecado;[l] retírate de mi país y aceptaré todo lo que me impongas». El rey de Asiria impuso a Ezequías, rey de Judá, trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro.

2 de Reyes 18:15  Entregó, por tanto, Ezequías toda la plata que había en la casa de Jehová y en los tesoros de la casa real.

2 de Reyes 18:16  En aquella ocasión Ezequías quitó el oro de las puertas del templo de Jehová y de los quiciales que el mismo rey Ezequías había recubierto de oro, y lo dio al rey de Asiria.

2 de Reyes 18:17  Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías al jefe de los ejércitos, al jefe de los eunucos y al copero mayor, al frente de un gran ejército, y estos subieron de Laquis a Jerusalén para atacarla. Al llegar acamparon junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador.[m]

El enviar al comandante supremo (Tartar), al oficial en jefe (Rabsaris) y al comandante de batalla (Rabsaces) era como enviar al vicepresidente, al secretario de estado y al general del ejército para hablar al enemigo previo a la batalla. Todos estos hombres fueron enviados en un esfuerzo de impresionar y desalentar a los israelitas.

2 de Reyes 18:18  Llamaron luego al rey, y salió a encontrarse con ellos Eliaquim hijo de Hilcías, el mayordomo, Sebna,[n] el escriba, y Joa hijo de Asaf, el canciller.

2 de Reyes 18:19  Y el copero mayor les dijo: –Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey[ñ] de Asiria: “¿Qué confianza es esta en que te apoyas?

2 de Reyes 18:20  Dices (pero son palabras vacías): ‘Consejo tengo y fuerzas para la guerra’. Pero ¿en qué confías, que te has rebelado contra mí?

2 de Reyes 18:21  Veo que confías en este bastón de caña astillada, en Egipto, que si uno se apoya en él se le clava y le traspasa la mano. Tal es el faraón, rey de Egipto, para todos los que en él confían.

2 de Reyes 18:22  Si me decís: ‘Nosotros confiamos en Jehová, nuestro Dios’, ¿no es este aquel cuyos lugares altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: ‘Delante de este altar adoraréis en Jerusalén?’.

2 de Reyes 18:23  Ahora, pues, te ruego que hagas un trato con mi señor, el rey de Asiria: yo te daré dos mil caballos si tú consigues jinetes para ellos.

2 de Reyes 18:24  ¿Cómo podrías resistir a un capitán, o al menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto, con sus carros y su gente de a caballo?

2 de Reyes 18:25  ¿Acaso he venido yo ahora a este lugar para destruirlo sin contar con Jehová? Jehová me ha dicho: ‘Sube a esta tierra, y destrúyela’ ”.

2 de Reyes 18:26  Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa respondieron al copero mayor:  –Te rogamos que hables a tus siervos en arameo,[o] porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre el muro.

Aparentemente, los embajadores de Ezequías conocían el idioma arameo , aunque los israelitas no estaban familiarizados con esta lengua. Sin embargo, en el tiempo de Cristo, el arameo se utilizaba ampliamente por los habitantes judíos de Palestina.

2 de Reyes 18:27  El copero mayor les dijo: –¿Acaso me ha enviado mi señor para decir estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro, expuestos a comer su propio estiércol y beber su propia orina con vosotros?[p]

2 de Reyes 18:28  Entonces el copero mayor se puso en pie y clamó a gran voz en lengua de Judá: «Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria.

2 de Reyes 18:29  Así ha dicho el rey: “No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mis manos.

2 de Reyes 18:30  No os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: ‘Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria’ ”.

2 de Reyes 18:31  No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: “Haced conmigo las paces y rendíos ante mí; que cada uno coma de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo,

2 de Reyes 18:32  hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite y de miel. Viviréis y no moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: ‘Jehová nos librará’.

2 de Reyes 18:33  ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de manos del rey de Asiria?

2 de Reyes 18:34  ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim, de Hena, y de Iva? ¿Pudieron estos dioses librar a Samaria de mis manos?

2 de Reyes 18:35  ¿Qué dios entre todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mis manos, para que Jehová libre de mis manos a Jerusalén?”».[q]

2 de Reyes 18:36  Pero el pueblo calló y no le respondió ni una palabra, porque el rey había dado una orden que decía:  «No le respondáis».

2 de Reyes 18:37  Entonces el mayordomo Eliaquim hijo de Hilcías, el escriba Sebna, y el canciller Joa hijo de Asaf, fueron a ver a Ezequías con sus vestidos rasgados, y le contaron las palabras del copero mayor.

Los reyes, su política religiosa y la palabra profética en el reinado de judá

Israel acababa de desaparecer de la historia, pero Judá continuó su existencia cerca de 125 años más durante los cuales tuvo siete reyes. Dos de ellos, el primero y el cuarto, fueron grandes reformadores, mientras que los otros ayudaron a condenar a Judá a su eventual destrucción. Las superpotencias fueron primero Asiria y luego Babilonia; bajo esta última, Judá sufrió destierro y colonización, con su gobernador nombrado por dicho país. Por segunda vez un profeta canónico intervino en la política nacional en la persona de Isaías (el primero Jonás).

Ezequías de Judá, un rey con fe y confianza en Jehová, que se preocupó por la vida espiritual de su pueblo

El primer rey de Judá durante este nuevo y radical cambio de eventos lo colocó en un plano de importancia de inmediato. Esta significación se evidencia en dos maneras. Primera, Ezequías dio evidencia de haber aprendido la lección de cuán peligroso era abandonar a Jehová. Como consecuencia, su reforma fue la primera en la historia de Judá de tanta magnitud y evidentemente la llevó a cabo con la esperanza de evitar la ira de Dios sobre su nación. Cabe señalar que su reforma fue diferente a la de Josías, el segundo gran reformador durante este período, ya que no provino de un libro sagrado. Es también muy importante notar el cambio radical de Ezequías en el ámbito de la política. Mientras que su padre Acaz se sometió voluntariamente a Tiglatpileser III y aun se proclamó su siervo e hijo, el hijo resistía su dominio.

Segunda, el cronista da evidencia de haber reconocido la importancia de este nuevo comienzo, pues dedicó tres capítulos enteros a este rey. En términos del espacio usado en los libros de Reyes quiere decir que Ezequías fue el tercer rey más importante; solamente Salomón y Acaz de Israel lo superan en este sentido. El prominente interés por los profetas en tiempos de Acaz también prevaleció aquí. Además, cabe señalar que otros dos libros, Isaías y 2 Crónicas, le dedican bastante espacio.

El éxito de un hombre de fe y confianza debido a su obediencia a la ley

Unos seis años antes de la destrucción del reino del norte, Ezequías comenzó a reinar a la edad de 25 años. Fue hijo de Abi (su nombre completo fue Abías1) y Acaz, un rey que llevó a a su país hacia la destrucción. Su nombre quiere decir “Jehová es fortaleza”, y efectivamente Dios lo fortaleció en su empeño de cambiar el derrotero de su nación. Su vida recta se comparaba con la del rey David, especialmente en su confianza en Dios (más tarde se hace una comparación similar en relación con Josías, su bisnieto, pero principalmente en torno a su obediencia a la ley de Moisés).

Sus obras prominentes a favor de Jehová fueron cuatro. Primera, quitó los lugares altos; eran santuarios que anteriormente los paganos usaban para su adoración. Aunque algunos comentaristas afirman que fueron transformados en altares para rendir culto a Jehová, la evidencia bíblica, especialmente en Jeremías, es que los judíos allí practicaban exclusivamente los cultos y ritos cananeos de fertilidad, de Baal y Asera. Ningún otro rey tenía suficiente valor para hacerlo. Segunda, despedazó las piedras rituales o sagradas; posiblemente se refiere a los altares. Tercera, rompió las representaciones de Asera en madera. Estos árboles rituales se encontraban junto a los altares. La palabra “Asera” en forma singular siempre se refiere a la adoración de esa diosa cananea. Cuarta, destrozó a Nejustán, una serpiente de bronce hecha por Moisés a la cual los israelitas quemaban incienso. Aunque este ídolo solamente se menciona aquí en las Escrituras, evidentemente fue conservado desde los tiempos de Moisés. Originalmente Dios dio instrucciones a Moisés de hacer la serpiente como un símbolo para recordarles que confiaron en él. No obstante, la gente cambió su propósito como un recordatorio simbólico de su Dios y su poder para actuar. Aparentemente, lo asociaban con la representación de la serpiente, un símbolo de fertilidad en la religión cananea que a su vez tenía una relación frecuente con la sanidad. De esa manera, Ezequías (como Moisés, ver Exo. 32) eliminó un ídolo abominable de en medio del pueblo de Dios. Con Deuteronomio 4:5-18 sería suficiente para justificar su destrucción. Indudablemente estas cuatro actividades involucraron una reorganización del culto nativo de Judá y no constituyeron una rebelión contra Asiria. En 2 Crónicas 29-30 se especifican otras obras similares de este reformador.

La fidelidad de Ezequías fue muy notable. El verbo “poner su esperanza” o “confiar” (bataj) o “inclinar con todo el peso en el Señor” es clave para este rey y su conflicto con Asiria. El hecho de que se repita nueve veces en siete versículos demuestra lo crítico que fue colocar bien su confianza en el Dios verdadero. La penetración victoriosa de Senaquerib y su perfidia diplomática pusieron en tela de juicio esa confianza y la afirmación del éxito del rey en el versículo 7. Así que a pesar de que Ezequías fuera un santo, su vida y la de su nación estaban amenazadas. Es indispensable recordar siempre que una vida obediente no garantiza una convivencia libre de problemas.

Durante los últimos años de Judá solamente, Ezequías fue uno de los dos reyes más sobresalientes, porque no solo confiaba en el Señor, sino le permanecía fiel durante toda su vida. A pesar de los obstáculos, las distracciones y las tentaciones, no se apartó de Dios. Además obedeció las leyes de Moisés. Como consecuencia gozaba de las bendiciones del éxito del Señor. Hoy también es un reto para nosotros imitar estos rasgos piadosos de Ezequías.

En el ámbito internacional prosperó en sus relaciones con Asiria y Filistea, un vasallo de esa superpotencia. En el caso de Asiria negó someterse a ella y en el caso de Filistea la derrotó dondequiera. Destrozar a Filistea significaba debilitar su alianza con Asiria y a la vez hacer posible una comunicación más directa con Egipto, porque la ruta principal a ese país pasaba por ella. Ambas acciones constituían actos de rebeldía contra el imperio Asirio.

El fracaso de Samaria se debía a su desobediencia,

En el cuarto año de su reinado, Salmanasar de Asiria comenzó su ataque a Samaria y al cabo de tres años fue conquistado. (En este pasaje no dice que Salmanasar conquistó a Samaria, sino que la sitió. No tiene toda la historia. Según la historia secular, Salmanasar murió durante el sitio, y uno de sus generales, Sargón II, terminó el sitio y llevó cautivo al pueblo.) El libro también da testimonio del destierro de los israelitas a Asiria, Mesopotamia y Media; fueron desterrados por su desobediencia al Señor y a su pacto con Moisés. Se contrasta grandemente la desobediencia y el castigo severo del reino del norte con el del sur, donde Ezequías fue obediente y fue premiado con victorias.

El primer gran reto para la fe y confianza de Ezequías en Jehová : la amenaza de Senaquerib a Jerusalén

Por unos 14 años Ezequías prosperaba, pero en el 701 a. de J.C., en su tercera campaña militar, Senaquerib, el hijo de Sargón II de Asiria, invadió a Judá y conquistó todas sus ciudades fortificadas. Evidentemente su objetivo fue restaurar su control sobre Filistea y elimInar la influencia de Judá en la región costera. De manera que desde su punto de vista el ataque fue provocado en parte por las conquistas de Ezequías en Filistea. Según Senaquerib capturó las 46 ciudades principales y muchas aldeas, y logró que Ezequías se encontrara en “una jaula como un pájaro”. Conmemoró su victoria sobre Laquis en su palacio en Nínive con un mural, un gran monumento de relieve en una pared; de esa manera demostraba la importancia que para él tenía esa batalla por ser la única escena de combate de dicha campaña conmemorada así.

Evidentemente, la falta de pago por Ezequías del acostumbrado tributo pagado por Acaz su padre fue la causa inmediata de esta invasión. Senaquerib le sorprendió con su acción repentina y mientras estaba en Laquis, al sudeste de Jerusalén, Ezequías le habló, confesando haber hecho un error. Le pidió que se retirara de su país y ofreció pagarle cuanto tributo le pidiera. El emperador le impuso un tributo de 300 talentos de plata y 30 de oro, una cantidad enorme. (Los anales de Senaquerib especificaron una cantidad de 800 talentos de plata y 30 de oro entre muchas otras cosas; posiblemente la diferencia entre las dos cifras está en que la Biblia incluyó solamente lo que sacó del templo.) Para poder pagarlo todo, tuvo que vaciar los tesoros del templo y del palacio real y quitarle a las puertas y marcos del templo el oro que él mismo había puesto. Años antes su padre Acaz fue obligado a hacer algo parecido. Con el pago del tributo exorbitante Ezequías pensaba resolver su problema con Senaquerib.

Toda su vida confió en Dios

Jorge Müeller es quizá uno de los más grandes apóstoles de la fe desde la era neotestamentaria. Nació en 1805 en Alemania. Al ver el abandono de miles de niños decidió darles un hogar confiando únicamente en la fidelidad de Dios. Nunca pidió dinero a alguna persona para su ministerio, solamente a Dios. Durante más de 70 años dependió de tal manera de la fidelidad de Dios que su vida es una de las más grandes biografías de dependencia absoluta de Dios.

Fundó un orfanato en Inglaterra mientras pastoreaba una iglesia, y llegó a tener más de dos mil niños. Construyó cinco edificios grandes de 1.700 ventanas para acomodar a 2.000 niños. Jorge Müeller dijo en cierta ocasión: “Muchas y repetidas veces me he encontrado en situaciones en que no tenía más recursos. No solamente había que alimentar a 2.100 personas diarimente, sino también había que conseguir todo lo necesario para suplir lo demás, y todos los fondos estaban agotados. Había 189 misioneros que sustentar, sin tener cosa alguna; cerca de cien escuelas, con más o menos nueve mil alumnos, y sin tener a la mano nada con que proveerlos; casi cuatro millones de tratados para distribuir, y todo el dinero se había acabado”. Su confianza en el Padre de los huérfanos era tal que jamás rehusó aceptar niños en el orfanato. Su fe se basaba en el conocimiento de la Palabra de Dios. Antes de morir dijo que había leído la Biblia entera 200 veces, 100 veces lo hizo estando de rodillas. Muchos años antes de su muerte también afirmó que, hasta aquella fecha, había recibido ya de la misma manera, cinco mil veces la respuesta el mismo día en que había hecho la petición. Acostumbraba escribir su petición y la fecha en que recibía la respuesta de Dios. Mediante la fe alimentó a dos mil huérfanos, y ninguna comida se sirvió con un atraso de más de treinta minutos.

A la edad de 69 años comenzó a viajar alrededor del mundo, predicó en 42 países y a más de tres millones de personas. En uno de sus viajes a Canadá había retraso por causa de la neblina y le dijo al capitán del barco que necesitaba estar en Quebec tal día; el capitán le respondió que era imposible. Jorge Müeller le dijo: “Durante 57 años, nunca dejé de estar en el lugar y a la hora que me había comprometido”. Después de orar para que Dios quitara la neblina le dijo al capitán: “Capitán, conozco a mi Señor desde hace 57 años, y no ha habido un sólo día en que yo no haya tenido audiencia con el rey”. Al terminar de orar, la neblina había desaparecido y pudo estar en el lugar a tiempo. En 1898, a la edad de 93 años, fue llevado a la presencia de Dios uno de los más grandes hombres de fe que haya conocido el cristianismo.

Las promesas proféticas seguras después de la primera misión diplomática de Senaquerib

Senaquerib no solo aceptó todo el tributo sino también exigía la rendición de Jerusalén. Por lo tanto, con perfidia envió de Laquis a tres oficiales importantes con un poderoso ejército y amenazas. (Algunos eruditos creen que esta misión oficial de los asirios y la narrada en 19:8-37 son en realidad una sola, representada por dos tradiciones o versiones diferentes pero que la segunda fue la más desarrollada. Entre las diferencias, las más obvias se tratan del ángel del Señor y la oración detallada de Ezequías.) Por medio de la intimidación esperaba que Jerusalén se rindiera sin pelea. El Tartán era el comandante en jefe del ejército asirio y como tal, segundo en mando después del rey. El Rabsaris era el lugarteniente del rey en asuntos militares o civiles y el Rabsaces el edecán del rey en asuntos militares. (Algunos comentaristas opinan que era como un ministro de relaciones exteriores.) Probablemente no son sus nombres, sino títulos oficiales de los miembros de la misión diplomática. Al llegar a Jerusalén, salieron tres oficiales judíos con alto rango para recibir su mensaje. Eran Eliaquim hijo de Hilquías, el administrador del palacio, Sebna, el escriba, y Jóaj hijo de Asaf, el cronista. Como administrador del palacio, Eliaquim era un miembro importante del círculo más íntimo de los asesores reales.

Probablemente por su fluidez en el lenguaje de Judá le tocó al Rabsaces, el tercero en rango en la jerarquía asiria, comunicar el siguiente mensaje amenazante del gran rey de Asiria. ¿Era el Rabsaces de descendencia israelita, de una familia noble exiliada a Asiria, y por eso su facilidad en el lenguaje? Como quiera, su intención como propagandista fue causar una división entre los habitantes de Judá, debilitar la voluntad de la resistencia y conquistar a Jerusalén sin tener que utilizar el poderoso ejército. El arrogante argumento fue esencialmente cuádruple, atacando las bases religiosas, políticas y militares de la resistencia. Primero, si Judá se estaba rebelando por algún sentimiento de seguridad, estaba mal, ya que confiar en Egipto significaba ubicar mal la fe; equivaldría a depender de una caña astillada o cascada que al apoyarse en ella, se le clavaría y le atravesaría la mano). Eso mismo había sido la amarga experiencia histórica del pueblo de Dios anteriormente. Por otro lado, si estaba confiando en Jehová, era un error, ya que Ezequías ya había destruido sus lugares de culto en Judá y ordenado a la gente que adorara solo en Jerusalén. Tampoco podría confiar en su fuerza militar, porque no tenía los jinetes para montar 2.000 caballos regalados por el rey de Asiria. Tampoco vendrían refuerzos de Egipto (vv. 23, 24). Además, Jehová le había ordenado a Asiria que atacara y destruyera a Ezequías; de manera que el mismo Senaquerib era un agente de destrucción de Dios.

Las premisas del argumento del Rabsaces tenían una lógica difícil de refutar, de hecho parecía irrefutable. El mismo libro de 2 Reyes narraba situaciones que demostraban la imposibilidad de confiar en Egipto y subrayaba la falta de un poderoso ejército israelita para defenderse. Además, algunos no estaban de acuerdo con la centralización del culto en la ciudad capital. También los libros de los Reyes hacen claro que a veces los ejércitos extranjeros hacían la voluntad de Dios y esto podría explicar por qué la fe y la reforma de Ezequías no daban evidencia de ayudarles.

Con alarma, los tres representantes de Ezequías pidieron que el Rabsaces hablara en arameo, el idioma de la diplomacia, porque la gente en la muralla no lo entendía. Pero, con altanería, el Rabsaces continuaba su guerra psicológica contra la intransigencia de Judá. Gritó aún más fuerte en hebreo, dirigiéndose a los trabajadores, amenazándolos con un sufrimiento horrendo que estaba próximo, por culpa del rey. Decía además que su propio rey Ezequías los engañaba pretendiendo protegerlos de Asiria y animándolos a confiar en Jehová para su rescate. En vez de escuchar a su rey, el pueblo debía rendirse y hacer las paces con el rey de Asiria, porque solo así comerían bien y tendrían sus propias fincas, que producirían el alimento necesario, si bien era cierto que estarían en otro país…

Así se manifestó la arrogancia de Senaquerib. Básicamente se presentó como un rival de Jehová que era invencible, porque les ofrecía una tierra prometida fructífera con un hogar seguro y únicamente Dios podría dársela. Argüía que podrían vivir bien en vez de morir, si el pueblo solo cambiaba su lealtad al rey de Asiria. De esta manera reclamaba la lealtad de Judá, la cual debían poner en Jehová. Además, se afirmaba que el poderoso rey de Asiria era el gran arquitecto de la historia, no Jehová. Era un engaño de Ezequías el sugerirles que confiaran en el Señor; si ninguno de los dioses de los samaritanos tuviera éxito, tampoco lo tendría el Señor. Aquí las premisas del argumento se amplían; anteriormente se dijo que era la voluntad de su Dios que perdieran, pero ahora cambia afirmando que su Dios era impotente para salvarlos. De esa manera rebajaban a Dios. Su argumento en contra de los dioses extranjeros era similar al de los profetas en contra de las imágenes de otros dioses, excepto la conclusión que afirmaba que Jehová también era un dios impotente como cualquier otro. Según esto, Dios era solo un observador inútil, incapaz de parar los planes de Asiria. Con esto se llega a la pregunta última del hombre. El Dios de Israel ¿era el único dios de verdad? o ¿se trataba de un dios impotente cualquiera igualito a los demás? Se puede frasear de otra manera: ¿Puede el pueblo de Dios confiar en Dios en momentos de crisis?

La respuesta de los trabajadores fue un silencio dramático. No respondieron al Rabsaces, ya que Ezequías así se los había mandado para evitar una demostración de intranquilidad y temor. Además, ¿qué podrían decir? La pequeña ciudad de Jerusalén estaba confrontando una superioridad abrumadora en el poderoso ejército de una superpotencia que acababa de tragar a Israel, su nación hermana al norte. Una vez más se parecía al gigante Goliat retando al joven pastor David. Lógica y racionalmente era insensato seguir resistiendo. Como consecuencia, los tres oficiales rasgaron su ropa por su profunda preocupación, vergüenza y aflicción al llevar el mensaje a Ezequías.

Cuando el gran reformador escuchó la amenaza de Senaquerib, compuesta de palabras jactanciosas y blasfemas, en humildad y desesperación se rasgó su túnica real y se vistió de cilicio, una señal de arrepentimiento, remordimiento y luto. Ezequías reconoció con profundo dolor que, a pesar de su poder real, no era capaz de resolver la crisis más grande de su vida y de su pueblo.

No obstante unos momentos de incertidumbre, Ezequías tomó dos acciones adicionales que contrastan grandemente con las de otros reyes (Acaz, Sedequías y Joaquín) bajo circunstancias similares. Primera, fue al templo y segunda, envió a Eliaquim, Sebna y los sacerdotes más ancianos a consultar al profeta Isaías, hijo de Amoz; por primera vez este se menciona en Reyes, aunque profetizaba desde el reino de Amasías (Uzías), el bisabuelo de Ezequías. Le llevaron el mensaje amenazante del rey de Asiria que insultaba al Señor, el Dios viviente y que por esas palabras blasfemas debía ser castigado. La primera parte del mensaje de Ezequías a Isaías comunicó un sentido de humillación debido a las victorias de Senaquerib, por eso era día… de reprensión. Al final del mensaje pedía su oración. Para él, la esperanza para Jerusalén y su poderío no dependían del número de soldados y armamentos militares disponibles sino de sus recursos morales y espirituales, y estos eran invisibles. Su arma seguía siendo su Dios, representado por su templo y su profeta, y el poder de Jehová que esperaba ansiosamente la petición de su pueblo y sus líderes.

El profeta Isaías contestó con palabras proféticas mesuradas. Primero, lo animó a no tener miedo de las amenazas (comp. el mismo mensaje durante otras situaciones difíciles en los casos de Abraham, la guerra santa y el nacimiento de Jesús. Segundo, lo animó asegurándole que debido a un rumor y un espíritu dentro de Senaquerib, el rey de Asiria regresaría a su propio país donde lo asesinarían. Probablemente, el espíritu se refiere a uno de temor e incertidumbre para reemplazar su exceso de autoconfianza y soberbia, aunque en otros casos se trataba de un espíritu mentiroso en las bocas de 400 profetas el que llevó a Acab a su muerte en Ramotgalaad y de un espíritu malo que afligía a Saúl. Estas palabras proféticas demostraron claramente que Dios había escuchado el insulto y actuaría de acuerdo a ese hecho.

El prisma de Senaquerib

En el prisma hexagonal de arcilla, de 375 mm. de altura, se narran ocho campañas militares de Senaquerib. Veamos lo que narra sobre la toma de Jerusalén: “En cuanto a Ezequías, el judío, que no se inclinó para someterse a mi yugo, asedié cuarenta y seis de sus ciudades fortificadas e innumerables pueblos más pequeños en su vencindario y los conquisté descendiendo por rampas de tierra, luego ultizando arietes, con el asalto de soldados a pie, con brechas, túneles y operaciones de zapa. Hice salir de ellos 200.150 personas, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, innumerables caballos, mulas, asnos, camellos, ganado grande y pequeño, y los consideré como botín de guerra. A él lo aprisioné como pájaro enjaulado en Jerusalén, su ciudad real. Puse puestos de vigía alrededor de la ciudad y volví en desastre a cualquiera que saliera por la puerta de la ciudad. Las ciudades que saqueé las separé de su tierra, dándoselas a Mitinti, rey de Gaza, y así reduje su territorio. Además, establecí sobre él un incremento en la cantidad a entregar como regalos para mi señorío, además del antiguo tributo, que se entrega anualmente. En cuanto a Ezequías, el terrible esplendor de mi señorío lo abrumó, y me envió luego a Nínive, mi ciudad señorial, las tropas regulares e irregulares que había él traído para reforzar a Jerusalén, su ciudad real, y había obtenido para su protección junto con 30 talentos de oro, 300 talentos de plata, piedras preciosas, antimonio, grandes bloques de piedra roja, divanes (incrustados) de marfil, sillones de marfil, cuero de elefantes, colmillos de elefantes, madera de ébano, madera de boj, toda clase de tesoros valiosos, al igual que sus hijas, concubinas, músicos varones y hembras. Envió un mensajero personal para entregar el tributo y rendir pleitesía de esclavo”.

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