2 de Reyes 17: El castigo de Samaria

Las razones teológicas para este castigo del pueblo fueron muchas, y todas, en este capítulo singular, al contrario de los capítulos anteriores, tienen que ver con las malas actuaciones del pueblo y no de los reyes. En los capítulos anteriores únicamente los reyes fueron descritos como alejándose de Jehová, siguendo la práctica idólatra de Jeroboam I . No obstante, aquí son las personas que componen el pueblo las que cometieron toda clase de desobediencia al Dios libertador. Adoraron a los otros dioses de los cananeos, y así pecaron contra el Señor que los libertó de Egipto. Además, en secreto pronunciaron palabras inaceptables contra el Señor y construyeron capillas paganas en todo el país, tanto en los pueblos pequeños como en los grandes. Levantaron piedras sagradas y representaciones en madera de Asera dondequiera. Igual a los cananeos, cometieron apostasía quemando incienso y realizando acciones malvadas. Adoraron a los ídolosx.

A pesar de que Dios los había libertado de la esclavitud y les había prohibido practicar la religión de los cananeos, le desobedecieron; por eso provocaron la ira de Dios. A pesar de eso, el Señor les enviaba profetas y videntes para llamarlos al arrepentimiento y a la obediencia de nuevo. No obstante, los israelitas en su terquedad tradicional rehusaron escucharlos; tampoco confiaron en Jehová sino que seguían despreciando sus leyes, el pacto del Sinaí y los mandatos. Al irse tras la vanidad (heb. hebel: aire, vanidad), se hicieron vanos. Esto sugiere que adoraron la nada y se hicieron vacíos, o se hincharon con aire (humo). Se hicieron como los dioses que adoraron: inútiles y sin valor real. Además, abrazaron la idolatría y las ceremonias; fabricaron dos becerros de bronce fundido y una representación de Asera; adoraron a Baal y al sol, la luna y las estrellas, es decir, la creación en lugar del Creador. Anteriormente no se había culpado a los reyes de Israel de la adoración de los astros, aunque sí, posteriormente, el rey Manasés de Judá fue condenado por este pecado. Sacrificaron a sus hijos en el fuego al dios Moloc y practicaron las artes mágicas con las cuales trataban de manipular los poderes sobrenaturales con sus técnicas especiales, un sustituto para la fe en el Creador. Posiblemente usaron las entrañas de los animales o las flechas para esto.

Por fin, se acabó la paciencia de Jehová; no había actuado con prisa. Demostró ser increíblemente paciente, pero sintió ira y arrojó a Israel de su presencia; aunque conservó la tribu de Judá, que tampoco cumplió con sus mandamientos. Como castigo para las diez tribus de Israel, las rechazó y las entregó a salteadores, lanzándolas a la inexistencia. Ser excluidos de la presencia de Dios involucraba la pérdida de su tierra, su patria y su casa. Además, para estas tribus significaba la desaparición por completo de la historia de la humanidad, completamente asimiladas. A pesar de los muchos esfuerzos de localizarlos, que a su vez han resultado en identificaciones erróneas, no se ha podido encontrarlas en ningún lugar, ya que cuando Israel se separó de Judá bajo Jeroboam I, este los llevó a pecar gravemente contra el Señor. Cuando acabó la paciencia de Dios, después de haber enviado a sus profetas, Asiria los llevó en cautiverio. De manera que su desobediencia los llevó a una pérdida de su libertad y su existencia. Sin embargo, algunas personas y familias emigraron y formaron parte integral de Judá y su futuro. Algunos eruditos sostienen que todas las tribus estaban presentes en la Restauración. Como en ocasiones anteriores, las palabras proféticas siempre se cumplieron.

Luego Asiria trasladó a Samaria una gente de Babilonia, un territorio difícil de controlar por ella, y unos arameos de Siria. Los nuevos habitantes eran oriundos de Cuta, posiblemente una ciudad al nordeste de Babilonia, Ava, Hamat, posiblemente una ciudad cerca del río Orontes, y Sefarvaim, una ciudad cerca del río Eufrates o en Siria, a ocupar las tierras y vivir en las ciudades de los israelitas. De esa manera, comenzaron a surgir los samaritanos del tiempo de Jesús; en este capítulo dicha palabra, que aparece únicamente aquí en el AT, se refiere a todos los habitantes en el territorio del reino del norte donde surgió el pueblo de raza mixta con una religión predominantemente pagana. Los nuevos habitantes que no adoraban a Jehová, al ser atacados por los leones, concluyeron que se trataba de un castigo del Dios de esa región. Estos animales, que fueron comunes en los tiempos del AT, en esta ocasión evidentemente fueron atraídos por los cadáveres sin enterrar de los caídos en la guerra sangrienta y debido a la despoblación de la tierra. La invasión de los leones les recordaba del pacto roto y de que la tierra pertenecía a Dios. Cuando informaron al rey de Asiria del problema, éste envió por lo menos un sacerdote israelita para enseñarles del Dios de ese lugar. El repatriado fue a Betel para enseñarles a adorar a Dios. Irónicamente, se envió a un apóstata para enseñarles a practicar la fe en el Dios de esa región. De manera que, finalmente, pero únicamente por su temor de él, los habitantes decidieron rendir culto al Dios de la tierra como suele suceder a menudo hoy también. Se busca a Dios cuando hay problemas, pero cuando esos problemas se resuelven, él es olvidado.

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