2 de Reyes 17: El castigo de Samaria

2 de Reyes 17:30  Los de Babilonia hicieron a Sucot-benot, los de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima.

2 de Reyes 17:31  Los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac, y los de Sefarvaim quemaban sus hijos en el fuego para adorar a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim.

2 de Reyes 17:32  Temían además a Jehová, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes para los lugares altos, los cuales sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos.

2 de Reyes 17:33  Aunque temían a Jehová, honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados.

2 de Reyes 17:34  Todavía hoy hacen como antes: no temen a Jehová[ñ] ni guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel.

2 de Reyes 17:35  Cuando Jehová hizo un pacto con ellos, les mandó: «No temeréis a otros dioses ni los adoraréis, ni los serviréis, ni les haréis sacrificios.

2 de Reyes 17:36  Solo a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con gran poder y brazo extendido, a este temeréis, a este adoraréis y a este haréis sacrificio.

2 de Reyes 17:37  Los estatutos, derechos, ley y mandamientos que os dio por escrito cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis a dioses ajenos.

2 de Reyes 17:38  No olvidaréis el pacto que hice con vosotros ni temeréis a dioses ajenos,

2 de Reyes 17:39  sino temed a Jehová, vuestro Dios, y él os librará de manos de todos vuestros enemigos».

2 de Reyes 17:40  Pero ellos no escucharon, sino que hicieron según su costumbre antigua.

2 de Reyes 17:41  Así, aquellas gentes temieron a Jehová y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos. También sus hijos y sus nietos, tal como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.[o]

El castigo de Samaria, la capital del reino de Israel, por Asiria y su repoblación por extranjeros idólatras

Gracias a la ayuda militar israelita y posiblemente a Tiglatpileser, Oseas, el último rey de Israel y contemporáneo de Acaz de Judá, se sentó en el trono y reinó por nueve años. El nombre del rey, que quiere decir «Jehová salva», se parece a los nombres Josué y Jesús. Es una ironía que el último rey de Israel, el que miraba a Egipto buscando ayuda, tuviera un nombre que significaba lo mismo que Josué, el gran líder de la conquista de la tierra prometida. Los hechos de Oseas fueron malos, pero no tanto como los de aquellos que reinaron antes que él. Sin embargo, su reinado fue tronchado por Asiria.

Al principio, Oseas se sometió a Asiria, pero después conspiró con Egipto con el fin de librarse de su situación de vasallo. El rey de Asiria, Salmanasar, el hijo de Tiglatpileser III, atacó a Israel y lo subyugó, exigiéndole el pago del tributo. Pero cuando descubrió que Oseas conspiraba con So de Egipto y no recibía el tributo de él, renovó su ataque contra Israel, sitió a la ciudad capital (Samaria) por tres años y puso al rey Oseas en la cárcel con cadenas. Después de la conquista de Samaria, llevó a los habitantes al exilio en Asiria, a Halah, un lugar cerca del río Tigris y Gozán en Mesopotamia, y en Media. Antes de terminar el sitio, murió Salmanasar y su hermano Sargón II completó el asalto en el año noveno de Oseas, o sea 722 a. de J.C., y los llevó cautivos. Los anales de Sargón II reclaman la confiscación de 50 carros militares, 27.290 cautivos (probablemente hombres) llevados al exilio y los demás habitantes retenían posesión de sus propiedades en Samaria. No ha sido posible una identificación definitiva de So de Egipto; las posibilidades son tres: o el gobernante Shabaka, o Sibi o Sais, la ciudad capital de la región del delta del río Nilo. Durante este tiempo, Tobit, en el libro apócrifo del mismo nombre, reclama haber sido exiliado por Salmanasar de su pueblo de Galilea.

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