2 de Reyes 17: El castigo de Samaria

2 de Reyes 17:1  Caída de Samaria y cautiverio de Israel.  En el año duodécimo de Acaz, rey de Judá, Oseas hijo de Ela comenzó a reinar en Samaria sobre Israel. Reinó nueve años,

Reyes retorna ahora a Israel para referirse a su último rey, Oseas , quien representó a la novena y última dinastía. En su relativamente breve historia (duró algo más de doscientos años), el reino del norte tuvo 19 monarcas y 9 dinastías; y todos sus reyes fueron malvados.

2 de Reyes 17:2  e hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como los reyes de Israel que habían sido antes de él.

2 de Reyes 17:3  Salmanasar, rey de los asirios,[a] subió contra Oseas, quien fue hecho su siervo y le pagaba tributo.

El rey Salmanasar era probablemente Salmanasar V, el que llegó a ser rey de Asiria después de Tiglat-pileser (727-722 a.C.). Continuó demandando grandes tributos de Israel. Oseas, el rey de Israel, decidió rebelarse en contra de Asiria y unir fuerzas con el rey So de Egipto. Esto no sólo fue una acción muy tonta, sino que además iba en contra de los mandatos de Dios. Para destrui r esta conspiración, Salmanasar atacó y sitió a Samaria durante tres años. Pero antes de que Samaria cayera, Salmanasar murió. Su sucesor, Sargón II, se acreditó el triunfo por la captura de la ciudad, destruyendo la nación de Israel y llevando cautiva a su gente.

2 de Reyes 17:4  Pero el rey de Asiria descubrió que Oseas conspiraba, pues había enviado embajadores[b] a So,[c] rey de Egipto, y no pagó tributo al rey de Asiria, como lo hacía cada año, por lo que el rey de Asiria lo detuvo y lo encerró en la casa de la cárcel.

2 de Reyes 17:5  Luego el rey de Asiria invadió todo el país y sitió a Samaria, y estuvo sobre ella tres años.

2 de Reyes 17:6  En el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria y llevó a Israel cautivo a Asiria.[d] Los estableció en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos.[e]

El monarca asirio Salmanasar (727-722 a.C.) inició el sitio de Samaria, pero se cree que su sucesor, Sargón II (722-705 a.C.) fue quien tomó la ciudad y se llevó cautivos a sus habitantes. De manera que el reino de Israel desapareció aproximadamente en el 722 a.C. y su pueblo fue llevado a la cautividad por Asiria.

Esta fue la tercera y última invasión de Asiria a Israel. (Las primeras dos invasiones están registradas en 15.19 y 15.29.) La primera oleada fue sólo una advertencia para Israel: para evitar ataques posteriores, paga y no te rebeles. El pueblo debió haber aprendido la lección y vuelto a Dios. Al no hacerlo, Dios permitió que Asiria los invadiera otra vez, esta vez llevándose algunos cautivos de la frontera norte. Pero el pueblo continuó sin tomar conciencia de que ellos habían causado sus propios problemas. Así, Asiria invadió por tercera y última vez, destruyendo a Israel completamente, llevándose a la mayor parte de su gente y repoblando la tierra con extranjeros.

Dios estaba cumpliendo lo que había prometido (Deuteronomio 28). Había advertido a Israel lo suficiente, ellos sabían lo que vendría, pero aun así ignoraron a Dios. Ahora Israel no era mejor que las naciones paganas que había destruido en los días de Josué. La nación se había vuelto amargada y rechazó su propósito original: honrar a Dios y ser una luz para el mundo.

2 de Reyes 17:7  Esto sucedió porque los hijos de Israel pecaron contra Jehová, su Dios, que los sacó de la tierra de Egipto, de bajo la mano del faraón, rey de Egipto. Adoraron a dioses ajenos

Aquí, de una forma nítida, Reyes explica las razones de la caída y cautividad de Israel. Era la consecuencia inevitable de sus pecados. De acuerdo con el profeta Oseas, la cautividad de Israel nunca ha terminado

Dios juzgó al pueblo de Israel porque imitó las costumbres malvadas de las naciones vecinas, adoró dioses falsos, adaptó costumbres paganas y siguió sus propios deseos. No es bueno imitar las costumbres del mundo porque la gente que no tiene a Dios tiende a vivir egoístamente. Vivir para uno mismo, como lo aprendió Israel, acarrea graves consecuencias de parte de Dios. En ocasiones es difícil y doloroso seguir a Dios, pero considere la opción. Usted puede vivir para Dios, o morir para usted. Tome la determinación de ser una persona de Dios y de hacer lo que El dice sin pensar en el costo. Lo que Dios piensa de usted es infinitamente más importante que lo que piensan los de su alrededor.

2 de Reyes 17:8  y anduvieron en los estatutos de las naciones que Jehová había expulsado de delante de los hijos de Israel, así como en los estatutos que hicieron los reyes de Israel.

2 de Reyes 17:9  Los hijos de Israel hicieron secretamente cosas impropias contra Jehová, su Dios: se edificaron lugares altos en todas las ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fortificadas,[f]

La ruina llegó a Israel tanto por los pecados públicos como por los pecados secretos. No sólo toleraron la maldad y la idolatría en público, sino que cometieron pecados aun peores en privado. Los pecados secretos son aquellos que no queremos que otros conozcan, porque son vergonzosos o incriminatorios. Los pecados que se cometen en privado no son secretos para Dios. Desafiar a Dios en secreto es tan dañino como la rebelión declarada.

2 de Reyes 17:10  y levantaron estatuas e imágenes de Asera[g] en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso.

2 de Reyes 17:11  Quemaron incienso en todos los lugares altos, a la manera de las naciones que Jehová había traspuesto de delante de ellos, e hicieron cosas muy malas para provocar a ira a Jehová.
2 de Reyes 17:12  Servían además a los ídolos, acerca de los cuales Jehová les había dicho: «Vosotros no habéis de hacer tal cosa».

2 de Reyes 17:13  Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes diciendo: «Volveos de vuestros malos caminos[h] y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas».

El pueblo tomó las características de los ídolos e imitó a las naciones impías que lo rodeaban. Israel había olvidado la importancia de los beneficios de obedecer la Palabra de Dios. El rey y el pueblo estaban atascados en la maldad. Muchas veces, Dios había enviado profetas para advertirles lo lejos que estaban de El y para llamarlos al arrepentimiento.
La paciencia y la misericordia de Dios están más allá de nuestra habilidad de comprensión. Nos buscará con afán hasta que le respondamos o, por decisión propia y dureza de corazón, nos hagamos inalcanzables. Entonces el juicio de Dios es rápido y firme. El único camino seguro es volvernos a El antes que nuestra necedad nos ponga fuera de su alcance.

Israel es repoblado por extranjeros

Después de que los israelitas fueron deportados, los extranjeros del Imperio Asirio fueron enviados para repoblar la tierra. Esta política ayudó a Asiria a mantener la paz en los territorios conquistados.

2 de Reyes 17:14  Pero ellos no obedecieron, sino que se obstinaron tanto como sus padres, los cuales no creyeron en Jehová, su Dios.

2 de Reyes 17:15  Desecharon sus estatutos, el pacto que él había hecho con sus padres y los testimonios que él les había prescrito, siguiendo en pos de vanidades y haciéndose vanos ellos mismos, por imitar a las naciones que estaban alrededor de ellos, aunque Jehová les había mandado que no obraran como ellas.

2 de Reyes 17:16  Dejaron todos los mandamientos de Jehová, su Dios; se hicieron imágenes fundidas de dos becerros,[i] y también imágenes de Asera; adoraron a todo el ejército de los cielos[j] y sirvieron a Baal;[k]

«Todo el ejército de los cielos» se refiere a la práctica cananea de adorar al sol, la luna y las constelaciones. Estos eran dioses asirios que estaban siendo añadidos a su religión.

2 de Reyes 17:17  hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por el fuego,[l] se dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocando su ira.

Adivinación significa brujería y agüeros es consultar a espíritus malvados. Formas de brujería, adivinación del futuro y magia negra estaban prohibidas por Dios. Estaban mal porque buscaban poder y guía totalmente apartados de Dios, su ley y su Palabra. Isaías repitió esta ley y profetizó la destrucción completa que esta práctica oculta traería a aquellos que participaran en ellas.

2 de Reyes 17:18  Por lo tanto, Jehová se enfureció tanto contra Israel, que los quitó de delante de su rostro, y sólo quedó la tribu de Judá.

2 de Reyes 17:19  Pero ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová, su Dios, sino que anduvieron en las costumbres que Israel había establecido.

2 de Reyes 17:20  Entonces desechó Jehová a toda la descendencia de Israel, los afligió y los entregó en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia.

2 de Reyes 17:21  Cuando separó a Israel de la casa de David y ellos hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat, Jeroboam apartó a Israel del camino de Jehová y les hizo cometer un gran pecado.

2 de Reyes 17:22  Los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados que cometió Jeroboam y no se apartaron de ellos,

2 de Reyes 17:23  hasta que Jehová apartó a Israel de su presencia, como lo había anunciado por medio de todos los profetas, sus siervos. Así Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta el día de hoy.

Israel fue llevado al exilio de la manera que los profetas de Dios lo habían advertido. Cualquier cosa que Dios prediga sucederá. Esto, por supuesto, son buenas nuevas para aquellos que confían en El y lo obedecen ya que pueden estar confiados en sus promesas. Pero son malas noticias para aquellos que ignoran y desobedecen a Dios. Tanto las promesas como las advertencias que Dios nos ha dado en su Palabra con seguridad se harán realidad.

2 de Reyes 17:24 Repoblación de Samaria El rey de Asiria llevó gente de Babilonia, de Cuta,[m] de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y la puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel. Así ocuparon Samaria y habitaron en sus ciudades.

El sacar a los israelitas e introducir extranjeros era la política de restablecimiento de Asiria para prevenir revueltas. El esparcir a los cautivos a lo largo de Asiria evitaba que se unieran, y al repoblar Israel con cautivos extranjeros hacía difícil que los israelitas restantes se unieran también. A esta mezcla de gente establecida en Israel se la llamó «samaritanos». Fueron despreciados por los judíos, aún durante los días de Jesús

Para prevenir la resistencia, los asirios deportaron a las tribus de Israel y las mezclaron con otras etnias minoritarias. Los matrimonios mixtos entre israelitas y extranjeros dieron lugar al surgimiento de los de Samaria. Los samaritanos eran odiados por los habitantes de Judá en época de Esdras, así como por los judíos del tiempo de Jesús.. Los asirios permitieron a los sacerdotes israelitas enseñar el culto de Jehová. Pero en lugar de convertir a otros y confirmar la fe del pueblo cautivo, la actividad de los sacerdotes condujo al sincretismo (la fusión de diferentes creencias y prácticas religiosas). Aunque hubo varios representantes de Israel que retornaron a Jerusalén con Zorobabel, nunca tuvo lugar un retorno organizado de estas diez tribus.

2 de Reyes 17:25  Pero aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que como no temían a Jehová, él envió contra ellos leones que los mataban.

2 de Reyes 17:26  Entonces dijeron al rey de Asiria: «Las gentes que tú trasladaste y pusiste en las ciudades de Samaria no conocen la ley del Dios de aquella tierra,[n] y él ha echado en medio de ellos leones que los matan, porque no conocen la ley del Dios de la tierra».

2 de Reyes 17:27  Y el rey de Asiria ordenó: «Llevad allá a alguno de los sacerdotes que trajisteis de ese lugar, que vaya y habite allí y les enseñe la ley del Dios del país».

Los nuevos pobladores de Israel adoraban a Dios sin dejar sus costumbres paganas. Adoraban a Dios para apaciguarlo en vez de hacerlo para agradarle, tratándolo como si fuera un amuleto de buena suerte o como otro ídolo para añadir a su colección. Una actitud similar es común en la actualidad. Mucha gente dice creer en Dios mientras que se niega a dejar las actitudes y acciones que Dios denuncia. Dios no puede ser sumado a los valores que ya tenemos. El debe estar en primer lugar, y su Palabra debe moldear todas nuestras acciones y actitudes.

2 de Reyes 17:28  Entonces uno de los sacerdotes que se habían llevado cautivo de Samaria, fue y habitó en Bet-el, y les enseñó cómo habían de temer a Jehová.

2 de Reyes 17:29  Pero cada nación se hizo sus dioses en la ciudad donde habitaba, y los pusieron en los templos de los lugares altos que habían construido los de Samaria.

Israel fue conquistado debido a que perdió la visión del único Dios verdadero y del porqué era importante seguirlo. Cuando conquistaban una tierra, se les había dicho que destruyeran todas las influencias paganas que pudieran alejarlos de Dios. El no haber hecho eso trajo su ruina. Ahora enfrentaban una mayor afluencia de dioses de los muchos pueblos paganos que se habían mudado a la tierra.

Israel llevado al cautiverio:   Finalmente los pecados del pueblo de Israel lo alcanzaron. Dios permitió que Asiria lo derrotara y dispersara al pueblo. Fueron llevados en cautiverio, tragados por el poderoso y malvado Imperio Asirio. El pecado siempre acarrea disciplina y las consecuencias de ese pecado son en ocasiones irreversibles.

2 de Reyes 17:30  Los de Babilonia hicieron a Sucot-benot, los de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima.

2 de Reyes 17:31  Los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac, y los de Sefarvaim quemaban sus hijos en el fuego para adorar a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim.

2 de Reyes 17:32  Temían además a Jehová, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes para los lugares altos, los cuales sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos.

2 de Reyes 17:33  Aunque temían a Jehová, honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados.

2 de Reyes 17:34  Todavía hoy hacen como antes: no temen a Jehová[ñ] ni guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel.

2 de Reyes 17:35  Cuando Jehová hizo un pacto con ellos, les mandó: «No temeréis a otros dioses ni los adoraréis, ni los serviréis, ni les haréis sacrificios.

2 de Reyes 17:36  Solo a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con gran poder y brazo extendido, a este temeréis, a este adoraréis y a este haréis sacrificio.

2 de Reyes 17:37  Los estatutos, derechos, ley y mandamientos que os dio por escrito cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis a dioses ajenos.

2 de Reyes 17:38  No olvidaréis el pacto que hice con vosotros ni temeréis a dioses ajenos,

2 de Reyes 17:39  sino temed a Jehová, vuestro Dios, y él os librará de manos de todos vuestros enemigos».

2 de Reyes 17:40  Pero ellos no escucharon, sino que hicieron según su costumbre antigua.

2 de Reyes 17:41  Así, aquellas gentes temieron a Jehová y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos. También sus hijos y sus nietos, tal como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.[o]

El castigo de Samaria, la capital del reino de Israel, por Asiria y su repoblación por extranjeros idólatras

Gracias a la ayuda militar israelita y posiblemente a Tiglatpileser, Oseas, el último rey de Israel y contemporáneo de Acaz de Judá, se sentó en el trono y reinó por nueve años. El nombre del rey, que quiere decir «Jehová salva», se parece a los nombres Josué y Jesús. Es una ironía que el último rey de Israel, el que miraba a Egipto buscando ayuda, tuviera un nombre que significaba lo mismo que Josué, el gran líder de la conquista de la tierra prometida. Los hechos de Oseas fueron malos, pero no tanto como los de aquellos que reinaron antes que él. Sin embargo, su reinado fue tronchado por Asiria.

Al principio, Oseas se sometió a Asiria, pero después conspiró con Egipto con el fin de librarse de su situación de vasallo. El rey de Asiria, Salmanasar, el hijo de Tiglatpileser III, atacó a Israel y lo subyugó, exigiéndole el pago del tributo. Pero cuando descubrió que Oseas conspiraba con So de Egipto y no recibía el tributo de él, renovó su ataque contra Israel, sitió a la ciudad capital (Samaria) por tres años y puso al rey Oseas en la cárcel con cadenas. Después de la conquista de Samaria, llevó a los habitantes al exilio en Asiria, a Halah, un lugar cerca del río Tigris y Gozán en Mesopotamia, y en Media. Antes de terminar el sitio, murió Salmanasar y su hermano Sargón II completó el asalto en el año noveno de Oseas, o sea 722 a. de J.C., y los llevó cautivos. Los anales de Sargón II reclaman la confiscación de 50 carros militares, 27.290 cautivos (probablemente hombres) llevados al exilio y los demás habitantes retenían posesión de sus propiedades en Samaria. No ha sido posible una identificación definitiva de So de Egipto; las posibilidades son tres: o el gobernante Shabaka, o Sibi o Sais, la ciudad capital de la región del delta del río Nilo. Durante este tiempo, Tobit, en el libro apócrifo del mismo nombre, reclama haber sido exiliado por Salmanasar de su pueblo de Galilea.

Las razones teológicas para este castigo del pueblo fueron muchas, y todas, en este capítulo singular, al contrario de los capítulos anteriores, tienen que ver con las malas actuaciones del pueblo y no de los reyes. En los capítulos anteriores únicamente los reyes fueron descritos como alejándose de Jehová, siguendo la práctica idólatra de Jeroboam I . No obstante, aquí son las personas que componen el pueblo las que cometieron toda clase de desobediencia al Dios libertador. Adoraron a los otros dioses de los cananeos, y así pecaron contra el Señor que los libertó de Egipto. Además, en secreto pronunciaron palabras inaceptables contra el Señor y construyeron capillas paganas en todo el país, tanto en los pueblos pequeños como en los grandes. Levantaron piedras sagradas y representaciones en madera de Asera dondequiera. Igual a los cananeos, cometieron apostasía quemando incienso y realizando acciones malvadas. Adoraron a los ídolosx.

A pesar de que Dios los había libertado de la esclavitud y les había prohibido practicar la religión de los cananeos, le desobedecieron; por eso provocaron la ira de Dios. A pesar de eso, el Señor les enviaba profetas y videntes para llamarlos al arrepentimiento y a la obediencia de nuevo. No obstante, los israelitas en su terquedad tradicional rehusaron escucharlos; tampoco confiaron en Jehová sino que seguían despreciando sus leyes, el pacto del Sinaí y los mandatos. Al irse tras la vanidad (heb. hebel: aire, vanidad), se hicieron vanos. Esto sugiere que adoraron la nada y se hicieron vacíos, o se hincharon con aire (humo). Se hicieron como los dioses que adoraron: inútiles y sin valor real. Además, abrazaron la idolatría y las ceremonias; fabricaron dos becerros de bronce fundido y una representación de Asera; adoraron a Baal y al sol, la luna y las estrellas, es decir, la creación en lugar del Creador. Anteriormente no se había culpado a los reyes de Israel de la adoración de los astros, aunque sí, posteriormente, el rey Manasés de Judá fue condenado por este pecado. Sacrificaron a sus hijos en el fuego al dios Moloc y practicaron las artes mágicas con las cuales trataban de manipular los poderes sobrenaturales con sus técnicas especiales, un sustituto para la fe en el Creador. Posiblemente usaron las entrañas de los animales o las flechas para esto.

Por fin, se acabó la paciencia de Jehová; no había actuado con prisa. Demostró ser increíblemente paciente, pero sintió ira y arrojó a Israel de su presencia; aunque conservó la tribu de Judá, que tampoco cumplió con sus mandamientos. Como castigo para las diez tribus de Israel, las rechazó y las entregó a salteadores, lanzándolas a la inexistencia. Ser excluidos de la presencia de Dios involucraba la pérdida de su tierra, su patria y su casa. Además, para estas tribus significaba la desaparición por completo de la historia de la humanidad, completamente asimiladas. A pesar de los muchos esfuerzos de localizarlos, que a su vez han resultado en identificaciones erróneas, no se ha podido encontrarlas en ningún lugar, ya que cuando Israel se separó de Judá bajo Jeroboam I, este los llevó a pecar gravemente contra el Señor. Cuando acabó la paciencia de Dios, después de haber enviado a sus profetas, Asiria los llevó en cautiverio. De manera que su desobediencia los llevó a una pérdida de su libertad y su existencia. Sin embargo, algunas personas y familias emigraron y formaron parte integral de Judá y su futuro. Algunos eruditos sostienen que todas las tribus estaban presentes en la Restauración. Como en ocasiones anteriores, las palabras proféticas siempre se cumplieron.

Luego Asiria trasladó a Samaria una gente de Babilonia, un territorio difícil de controlar por ella, y unos arameos de Siria. Los nuevos habitantes eran oriundos de Cuta, posiblemente una ciudad al nordeste de Babilonia, Ava, Hamat, posiblemente una ciudad cerca del río Orontes, y Sefarvaim, una ciudad cerca del río Eufrates o en Siria, a ocupar las tierras y vivir en las ciudades de los israelitas. De esa manera, comenzaron a surgir los samaritanos del tiempo de Jesús; en este capítulo dicha palabra, que aparece únicamente aquí en el AT, se refiere a todos los habitantes en el territorio del reino del norte donde surgió el pueblo de raza mixta con una religión predominantemente pagana. Los nuevos habitantes que no adoraban a Jehová, al ser atacados por los leones, concluyeron que se trataba de un castigo del Dios de esa región. Estos animales, que fueron comunes en los tiempos del AT, en esta ocasión evidentemente fueron atraídos por los cadáveres sin enterrar de los caídos en la guerra sangrienta y debido a la despoblación de la tierra. La invasión de los leones les recordaba del pacto roto y de que la tierra pertenecía a Dios. Cuando informaron al rey de Asiria del problema, éste envió por lo menos un sacerdote israelita para enseñarles del Dios de ese lugar. El repatriado fue a Betel para enseñarles a adorar a Dios. Irónicamente, se envió a un apóstata para enseñarles a practicar la fe en el Dios de esa región. De manera que, finalmente, pero únicamente por su temor de él, los habitantes decidieron rendir culto al Dios de la tierra como suele suceder a menudo hoy también. Se busca a Dios cuando hay problemas, pero cuando esos problemas se resuelven, él es olvidado.

No obstante, los nuevos habitantes hicieron ídolos que representaban sus dioses de su lugar de origen e incorporaron las prácticas del Señor. Según la tradición judía, las imágenes de estos dioses se representaban por diferentes animales. El dios Sucotbenot, de Babilonia, la compañera de Marduk, dios de Babilonia, se representaba en forma de gallina y sus pollitos.

La imagen de Nergal, dios babilónico del mundo de los muertos asociado con el fuego y la destrucción, se parecía a un gallo silvestre o a un león. El ídolo de Asima evidentemente se parecía a un cabro sin pelo, Nibjaz a un perro y Tartac a un burro. Adramelec, dios babilónico de la tempestad y la lluvia, y Anamelec, dios del cielo, evidentemente tenían formas de un mulo y un caballo, respectivamente; se hicieron sacrificios de niños a ambos, normalmente los primogénitos. A pesar de estas tradiciones judías, la identificación de estos dioses ha sido complicada por la práctica de los escribas hebreos de modificar los nombres de deidades paganas y de esa manera rehusar reconocer su existencia.

Además, se deterioró el sacerdocio, porque cualquier persona podía ser designada como sacerdote. De manera que no adoraban conforme a las instrucciones del Señor, rindiendo culto a Jehová y solamente a él y obedeciendo su pacto y al Señor exclusivamente. Surgió una especie de politeísmo que continuaba hasta la fecha de poner por escrito este libro. Aunque este pasaje tiene un tono antisamaritano, es imprescindible darse cuenta de que la religión de los samaritanos del tiempo de Jesús era muy diferente de lo descrito aquí.

En resumen, la destrucción del reino del norte no fue un acto irracional y caprichoso de Jehová. Fue un acto impregnado de significado. Básicamente, hay tres razones para su condenación:

(1) no adoraron (temieron) a Jehová

(2) no siguieron sus ordenanzas

(3) fueron infieles al pacto del Sinaí

El argumento de este capítulo es negativo más que positivo. No arguye que la obediencia traería prosperidad sino que hay problemas precisamente por la desobediencia. El mismo Dios que había dado a los israelitas la tierra prometida en un tiempo, ahora los rechazaba, debido a que su falta de fe los llevó a prácticas idólatras que estaban prohibidas y que se unían con las prácticas de adoración a Jehová. Querían servir a dos amos, lo cual era imposible, ya que los primeros mandamientos lo prohibían debido a que Dios celosamente demandaba lealtad exclusiva. En síntesis, la lección central de los libros de 1 y 2 Reyes, que aquí se desglosan, es que la desobediencia a las leyes de Dios necesariamente conlleva castigo.

Los dioses cananeos

EL. Era el dios principal, se le llamada el “Padre de los Años”. Actuaba como juez en las disputas familiares. En tiempos del AT había sido sustituido por Baal.

ASERA o AHIRA. La esposa del dios El. Se relacionaba con el dios Baal. A través de un proceso gradual Baal, el hijo de El, sustituyó a su padre y se convirtió en el esposo de Asera.

BAAL. Su nombre significa Señor, amo, energía y marido. Era el dios de los fenómenos metereológicos y de la producción agrícola. También era el dios de la fecundidad. Su culto era extremadamente sensual y era servido por numerosas prostitutas.

ANAT. Era la hermana de Baal, una diosa sanguinaria y de la caza de animales. Se ve que varios lugares fueron nombrados en su honor.

ASTARTE, ASTAROT (plural), Astarte (singular). Es la diosa del amor y de la fecundidad humana. Ella presidía las batallas.

DAGON o DAGAN. El dios de los cereales.

Otros dioses eran: Sapas la diosa del sol; Yarac el dios de la luna; Astar el dios de los riegos; Mot el dios de la muerte; y Yam el dios de los mares.

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