2 de Reyes 13: Reinado de Joacaz

Eliseo no solamente tenía poderes para restaurar la vida mientras vivía sino que los tenía también más allá de la muerte en la tumba. Aun muerto era más importante que otras personas aparentemente vivas. Cuando murió, lo sepultaron en un sepulcro que evidentemente fue un hueco hundido en una colina y tapado con una piedra grande. A lo menos un año después, una banda de moabitas entró al país, y cuando iban a sepultar a un muerto, les sorprendió otra banda armada. En su apuro para huir, con el fin de avanzar, quitaron la piedra y arrojaron el cadáver dentro del sepulcro del profeta; cuando tocó los restos de Eliseo, el cadáver revivió y se paró. El contraste entre el inicio del ministerio de Eliseo y el fin es notable: comenzó con una maldición letal y terminó dando vida a un difunto extrajero.

Este es el único lugar en toda la Biblia donde los huesos de un santo emanan poder especial. ¿Se trata de una creencia supersticiosa o mágica en el texto bíblico? ¿Sugiere que los huesos de otros santos tienen poder sobrenatural también? ¿Aprueba la conservación y exhibición en las iglesias de restos de santos para ayudar a la gente en sus problemas? No, esta no es la forma normal y típica en que Dios actúa. Es mejor interpretar este incidente en su contexto y reconocer que se trata de un caso único. Además, nadie rezó al difunto profeta; tampoco se encontraba en un lugar público, mucho menos expuesto al público en una iglesia. Es preferible una interpretación que relaciona el milagro en el contexto histórico y literario. La yuxtaposición de este evento y el anterior claramente indica esto como otra señal divina para Joacaz e Israel: Jehová era el Dios de los vivientes, y no de los muertos. Así era, no solamente para Eliseo y el hombre restaurado, sino también para Israel. Israel como nación podía vivir aún si volvía al Dios que daba vida. Además, como señal este corroboró el acto profético anterior, pues sólo un Dios vivo podría garantizar su cumplimiento.

¿Estaba el moabita solamente inconsciente y despertó al tocar los huesos fríos del santo, o se trataba de un milagro de resurrección del profeta aún muerto? Si se trata de la segunda alternativa, ¿serviría como un contraste entre la determinación y la perseverancia de él hasta lo último mientras el rey estaba débil y sin determinación? ¿Sugiere que el profeta de Dios da vida en contraste con la muerte? Y como el difunto moabita tendría una nueva oportunidad en una nueva vida, ¿tendría también Israel nueva vida sin la opresión de Siria? Si la tendría en forma limitada o ilimitada, dependía del rey. En todo caso, el tener Israel una nueva vida en libertad tendría como base la iniciativa de Jehová; estaría fundada en su gracia y misericordia, no en los méritos del pueblo y sus reyes.

A pesar de la opresión de Israel durante el reino de Joacaz, Jehová recordó su pacto con Abraham, Isaac y Jacob, y en su gracia y misericordia no permitió su destrucción. No fueron los méritos de Israel los que llamaron la atención de Dios, sino el pacto con los patriarcas. La referencia a este pacto es única en 2 Reyes, porque normalmente era el pacto del Sinaí el que servía de base para el trato especial de Dios con su pueblo. El pacto con los patriarcas estaba vinculado con el concepto de la tierra como don de Dios, y por eso la pérdida de tierra probablemente fue lo que tenía en mente el cronista aquí. Las palabras reflejan la oración de Moisés de que Dios preservara al pueblo en base a su recuerdo de los patriarcas. Por medio del poder de Dios, Joás reconquistó las ciudades israelitas perdidas por su padre a Hazael, ya que Afec se encontraba al este del río Jordán; se supone unas reconquistas en esa área, pero sus victorias fueron limitadas a las tres veces profetizadas en las últimas palabras proféticas de Eliseo antes de su muerte. De modo que la palabra profética se cumplió al pie de la letra.

En esta época, Hazael se vio involucrado constantemente con los reyes de Israel y de Judá; hirió seriamente a Joram de Israel, quitó territorio de Israel en tiempos de Jehú y constantemente hostigaba a Joás de Judá y a Joacaz.

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