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2 de Reyes 10: Jehú extermina la casa de Acab

Pastor Lionel

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2 de Reyes 10:25 Después que ellos acabaron de ofrecer el holocausto, Jehú dijo a los de su guardia y a los capitanes: «Entrad y matadlos; que no escape ninguno». Los de la guardia y los capitanes los mataron a espada y los dejaron tendidos. Luego fueron hasta el lugar santo del templo de Baal,

2 de Reyes 10:26 sacaron las estatuas del templo de Baal y las quemaron.

2 de Reyes 10:27 Quebraron la estatua de Baal, derribaron el templo de Baal y lo convirtieron en letrinas hasta hoy.

2 de Reyes 10:28 Así Jehú exterminó a Baal de Israel.

¿Por qué Jehú destruyó los ídolos de Baal, pero no los becerros que adoraban en Bet-el y Dan? Los motivos de Jehú podían haber sido más políticos que espirituales.

(1) Si Jehú hubiera destruido los becerros, su pueblo habría viajado al templo en Jerusalén en el rival reino del sur, y habrían rendido culto ahí (esta es la razón por la que Jeroboam los instaló ahí en primer lugar).

(2) La adoración a Baal se asociaba con la dinastía de Acab, por lo tanto era políticamente ventajoso destruir a Baal. Los becerros de oro, por otro lado, tenían una larga historia en el reino del norte, y todas las facciones políticas los valoraban.

(3) La adoración a Baal estaba contra Dios, pero los becerros de oro, según pensaban muchos, eran representaciones visibles de Dios mismo, aun cuando la Ley de Dios establecía claramente que tal culto era idolatría. Al igual que Jehú, es fácil denunciar los pecados de los demás mientras que toleramos el pecado en nuestra propia vida.

2 de Reyes 10:29 Con todo eso, Jehú no se apartó de los pecados con que Jeroboam hijo de Nabat hizo pecar a Israel, y dejó en pie los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan.

A Jehú se le encomendaría purgar a Israel de la casa de Acab y sus prácticas idólatras. De ahí que su dinastía durara cuatro generaciones. De hecho, esta quinta dinastía fue la de mayor duración y la más estable de todas las dinastías de Israel. Sin embargo, como Jehú no era un rey completamente obediente al Señor, Dios lo disciplinó entregándole algunos territorios al rey Hazael de Siria.

2 de Reyes 10:30 Y Jehová dijo a Jehú: «Por cuanto has obrado bien haciendo lo recto delante de mis ojos e hiciste a la casa de Acab conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación».

2 de Reyes 10:31 Pero Jehú no se cuidó de andar en la ley de Jehová, Dios de Israel, con todo su corazón, ni se apartó de los pecados con que Jeroboam había hecho pecar a Israel.

Jehú hizo mucho de lo que Dios le dijo, pero no lo obedeció con todo el corazón. Se convirtió en un instrumento de Dios para ejercer justicia, pero no llegó a ser su siervo. Como resultado de eso, sólo sirvió a Dios de forma hipócrita porque permitió la adoración de los becerros de oro. Analice la condición de su corazón hacia Dios. Podemos estar activos en nuestro trabajo para Dios y aun así no obedecerlo plenamente como El desea.

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