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2 de Reyes 10: Jehú extermina la casa de Acab

Pastor Lionel

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2 de Reyes 10:12 Luego se levantó de allí para ir a Samaria, y en el camino llegó a una casa de esquileo, de los pastores.

2 de Reyes 10:13 Halló allí a los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y les preguntó: –¿Quiénes sois vosotros? Ellos respondieron: –Somos hermanos de Ocozías y hemos venido a saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina.

2 de Reyes 10:14 Entonces él dijo: «Apresadlos vivos». Después que los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de esquileo. Eran cuarenta y dos[e] varones, y no quedó ninguno de ellos.

2 de Reyes 10:15 Cuando partió de allí, se encontró con Jonadab hijo de Recab.[f] Después que lo hubo saludado, le dijo: –¿Es tan recto tu corazón como el mío lo es con el tuyo? –Lo es –respondió Jonadab. –Puesto que lo es, dame la mano. Jonadab le dio la mano. Luego lo hizo subir consigo en el carro

Jonadab fue un hombre que, como Jehú, fue celoso para seguir a Dios. Jonadab, sin embargo, demostró su celo al alejarse él y su familia de la cultura idólatra y materialista. Fundó a un grupo llamado Recabitas (nombrado así por su padre Recab), que luchó para mantener sus vidas puras al vivir apartados de las presiones y tentaciones de la sociedad. Jeremías 35 nos da un ejemplo de su dedicación a Dios. Por eso Dios le prometió que siempre tendrían descendientes que lo adorarían.

2 de Reyes 10:16 y le dijo: –Ven conmigo y verás mi celo por Jehová.[g] Lo llevó, pues, en su carro.

2 de Reyes 10:17 Luego que Jehú llegó a Samaria, mató a todos los descendientes de Acab que allí habían quedado, hasta exterminarlos, conforme a la palabra que Jehová había anunciado por medio de Elías.

2 de Reyes 10:18 Jehú extermina el culto de Baal.  Después reunió Jehú a todo el pueblo y les dijo: «Acab sirvió poco a Baal, pero Jehú lo servirá mucho.

2 de Reyes 10:19 Llamadme, pues, a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos y a todos sus sacerdotes, sin que falte ninguno, porque tengo un gran sacrificio que hacer a Baal y cualquiera que falte morirá» Esto hacía Jehú con astucia, para exterminar a los que honraban a Baal.

2 de Reyes 10:20 Luego dijo Jehú: «Santificad un día solemne a Baal». Y ellos lo convocaron.

2 de Reyes 10:21 Entonces envió Jehú mensajeros por todo Israel, y vinieron todos los adoradores de Baal, de tal manera que no hubo ninguno que no viniera. Entraron en el templo de Baal,[h] y el templo de Baal se llenó de extremo a extremo.

2 de Reyes 10:22 Dijo entonces al encargado de las vestiduras: «Saca las vestiduras para todos los adoradores de Baal». Él les sacó las vestiduras.

2 de Reyes 10:23 Y entró Jehú con Jonadab hijo de Recab en el templo de Baal, y dijo a los adoradores de Baal: «Mirad y ved que no haya aquí entre vosotros alguno de los adoradores de Jehová, sino sólo los adoradores de Baal».

2 de Reyes 10:24 Cuando ellos entraron para ofrecer sacrificios y holocaustos, Jehú puso fuera a ochenta hombres y les advirtió: «Cualquiera que deje vivo a alguno de los hombres que yo he puesto en vuestras manos, lo pagará con su vida».

Se suponía que Israel fuera intolerante hacia cualquier religión que no adorara al verdadero Dios. Las religiones de las naciones vecinas eran malvadas y corruptas. Estaban diseñadas para destruir la vida, no para sustentarla. Israel era la nación especial de Dios, elegida para ser un ejemplo de lo que era correcto. Pero los reyes, sacerdotes y ancianos de Israel, contaminados por las creencias paganas que la rodeaban, se volvieron tolerantes y apáticos. Debemos ser completamente intolerantes hacia el pecado y erradicarlo de nuestras vidas. Debemos ser tolerantes a los puntos de vista de los demás, pero no debemos tolerar acciones que aparten a la gente de las normas de vida instituidas por Dios.

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