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2 de Crónicas 4: El mobiliario, los atrios y los utensilios

2 de Crónicas 4:1 Hizo además un altar de bronce de veinte codos de longitud, veinte codos de anchura, y diez codos de altura.

Para una mejor comprensión de la forma como fue amueblado el templo, véanse el texto y las notas a 1 de Reyes 7:23-51.

Salomón construyó el templo de Moriah, al norte de la antigua ciudad de David. El templo fue construido de acuerdo con las indicaciones que David recibió del Señor y pasó a Salomón. La división entre un santuario y un santuario interior corresponde a la división existente en el tabernáculo entre el Lugar Santo y el Lugar Santísimo.

2 de Crónicas 4:2 También hizo un mar de fundición, el cual tenía diez codos de un borde al otro, enteramente redondo: su altura era de cinco codos, y un cordón de treinta codos lo ceñía alrededor.

2 de Crónicas 4:3 Y debajo del mar había figuras de calabazas que lo circundaban, diez en cada codo alrededor; eran dos hileras de calabazas fundidas juntamente con el mar.

2 de Crónicas 4:4 Estaba asentado sobre doce bueyes, tres de los cuales miraban al norte, tres al occidente, y tres al sur, y tres al oriente: y el mar descansaba sobre ellos, y las anclas de ellos estaban hacia adentro.

2 de Crónicas 4:5 Y tenía de grueso un palmo menor, y el borde tenía la forma del borde de un cáliz, o de una flor de lis. Y le cabían tres mil batos.

2 de Crónicas 4:6 Hizo también diez fuentes, y puso cinco a la derecha y cinco a la izquierda, para lavar y limpiar en ellas lo que se ofrecía en holocausto; pero el mar era para que los sacerdotes se lavaran en él.

¿Por qué todo lo que había en el templo fue construido a una escala tan grande? Los grandes tamaños y números eran necesarios para poder acomodar a las multitudes que lo visitarían para las fiestas, tales como la Pascua. Los numerosos sacrificios diarios requerían muchos sacerdotes y mucho equipo.

2 de Crónicas 4:7 Hizo asimismo diez candeleros de oro según su forma, los cuales puso en el templo, cinco a la derecha, y cinco a la izquierda.

«Según su forma» significa según las especificaciones que Dios había dado. Los artesanos siguieron las mismas cuidadosamente, con resultados espectaculares. Cuando Dios da instrucciones específicas, deben ser seguidas al pie de la letra. Hay momentos para ser creativos y llevar a cabo nuestras propias ideas, pero no cuando estas ideas añaden, alteran o contradicen cualquier instrucción específica que Dios ya nos ha dado en la Biblia. Para lograr mejores resultados en su vida espiritual, busque y siga cuidadosamente las instrucciones de Dios.

2 de Crónicas 4:8 Además hizo diez mesas y las puso en el templo, cinco a la derecha, y cinco a la izquierda: igualmente hizo cien tazones de oro.

2 de Crónicas 4:9 También hizo el atrio de los sacerdotes, y el gran atrio, y las portadas del atrio, y cubrió de bronce las puertas de ellas.

2 de Crónicas 4:10 Y colocó el mar al lado derecho, hacia el sureste de la casa.

2 de Crónicas 4:11 Hiram hizo también calderos, y palas, y tazones; y acabó Hiram la obra que hacía al rey Salomón para la casa de Dios;

Los calderos, palas y tazones son instrumentos para la adoración que no nos son familiares. A pesar de que los artículos que utilizamos para servir en nuestra adoración han cambiado, el propósito de la adoración sigue siendo el mismo: honrar y alabar a Dios. Nunca debemos confundir nuestra adoración a Dios con aquellas cosas que utilizamos para adorarlo.

2 de Crónicas 4:12 Dos columnas, y los cordones, los capiteles sobre las cabezas de las dos columnas, y dos redes para cubrir las dos esferas de los capiteles que estaban encima de las columnas;

2 de Crónicas 4:13 Cuatrocientas granadas en las dos redes, dos hileras de granadas en cada red, para que cubriesen las dos esferas de los capiteles que estaban encima de las columnas.

2 de Crónicas 4:14 Hizo también las basas, sobre las cuales colocó las fuentes;

2 de Crónicas 4:15 Un mar, y los doce bueyes debajo de él:

2 de Crónicas 4:16 Y calderos, palas, y garfios; de bronce muy fino hizo todos sus enseres Hiram-abi al rey Salomón para la casa de Jehová.

2 de Crónicas 4:17 Y los fundió el rey en los llanos del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Seredata.

2 de Crónicas 4:18 Y Salomón hizo todos estos enseres en número tan grande, que no pudo saberse el peso del bronce.

2 de Crónicas 4:19 Así hizo Salomón todos los utensilios para la casa de Dios, y el altar de oro, y las mesas sobre las cuales se ponían los panes de la proposición;

2 de Crónicas 4:20 Asimismo los candeleros y sus lámparas, de oro puro, para que las encendiesen delante del lugar santísimo conforme a la ordenanza.

2 de Crónicas 4:21 Las flores, lamparillas, y tenazas se hicieron de oro, de oro finísimo;

2 de Crónicas 4:22 También las despabiladeras, los lebrillos, las cucharas y los incensarios eran de oro puro. Y de oro también la entrada de la casa, sus puertas interiores para el lugar santísimo, y las puertas de la casa del templo.

Todos estos detalles acerca del templo demostraban el cuidado que Israel le daba a los actos de adoración. Además, servían como un manual para los lectores originales de 2 Crónicas, aquellos que construirían un templo nuevo en su sitio original después de que el templo de Salomón fue destruido por los babilonios.

El mobiliario, los atrios y los utensilios

Ya que 2 de Cronicas 4:1-11 se ocupa, en parte, de lo cubierto por su paralelo en 1 de Reyes 8:64 y 2 de Reyes 16:14-15, conviene recalcar aquí que el altar de bronce es un añadido de mayores dimensiones siguiendo el modelo de Exodo 27:1-8. La ausencia de este pasaje en 1 de Reyes podría significar que el editor supuso que el altar construido por Bezaleel para Moisés fue trasladado desde Gibón hasta Jerusalén. El altar de bronce fue el primer objeto descubierto en el atrio del templo, para indicar la idea de que el que se acerca a Dios lo hace solo mediante la muerte en sacrificio, sustitutoria y testamentaria de Cristo, según Hebreos 8:2-3; Hebreos 9:12.

La fuente de bronce fundido (versículo 2) indicaba la necesidad de limpieza espiritual a la cual alude Hebreos 9:10 al mencionar los «diversos lavamientos». Los rabinos creían que esta fuente contenía aprox. 66.000 litros de agua donde los sacerdotes se sumergían completamente. Es probable que la fuente de bronce simbolizara originalmente el triunfo de Jehová sobre el caos reinante antes de la creación. Estaba asentada sobre doce bueyes (versículo 3) orientados en grupos de tres mirando hacia los cuatro puntos cardinales, indicando que algún día los redimidos por la sangre del Cordero llegarían de todos los ángulos de la tierra para lavar sus pecados, y que en función del sacerdocio universal del creyente, ejercerían el ministerio limpios en esa fuente.

Aunque solo el cronista menciona los diez candelabros de oro (versículo 7), en contraste con lo de 1 de Reyes 7:49, se entiende que estos estuvieran colocados sobre diez mesas en las mismas ubicaciones cardinales, indicando la presencia de Dios en Israel y en Judá, (versículo 8). Las diez mesas simbolizaban la armonía restablecida y la continua comunión del creyente con Dios;

Esto puede ser también un tipo y promesa del compañerismo íntimo en el reino celestial y escatológico.

Los tazones de oro (versículos 8, 9) servían para contener la sangre de la aspersión y las ollas para cocer la carne de los sacrificios, las palas para remover las cenizas del altar y las tenazas para manejar la carne. Es importante notar aquí que el atrio de los sacerdotes, el gran atrio y las puertas del atrio se refieren al mismo pasaje indicado en 1 de Reyes 7:12.

Cabe observar también que cuando el cronista se ocupó de su narración, sólo los sacerdotes entraban al atrio interior debido a la influencia de Ezequiel. El “gran atrio” era ocupado por el pueblo. Esto en ninguna manera elimina la idea embrionaria sobre el sacerdocio universal del creyente, mediante el cual todos tendrían acceso directo al Padre.

La afirmación: Salomón también hizo todos los utensilios de la casa de Dios (versículo 19) debe leerse: “Salomón también supervisó toda la obra”. El resto del pasaje, incluyendo el 5:1, es un resumen de toda la labor desplegada por Salomón concerniente al mobiliario del templo, indicando la acción concreta del rey de que lo que se había hecho para Jehová debería permanecer como tesoro de Jehová, en “la casa de Dios”.

Una nota marginal cabe aquí: Salomón no comprendió que “no todo lo que brilla es oro ni tiene permanencia”. El esplendor exterior del templo de Salomón para Jehová pronto sería opacado por la corrupción interna de sus sacerdotes y por las malas obras del pueblo. El rey nunca comprendió el mensaje profético de un nuevo orden y un nuevo estilo de vida establecidos por Dios para su pueblo: “…Que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo… de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”. ¡Esta es la voluntad de Dios para con sus templos vivientes! No obstante, el rey hizo una demostración elocuente de lo que es capaz de hacer un corazón generoso para con Dios.

La fuente de bronce fundido

En el tabernáculo, esta especie de gran pilón estaba colocado “entre el tabernáculo de reunión y el altar…”. En el ritual establecido, esta fuente jugaba un papel importante. El sumo sacerdote, como también sus hijos se han de lavar las manos y los pies, tanto al hacer el oficio en el altar de los holocaustos como al entrar al lugar santo, “para quemar la ofrenda encendida para Jehová”.

Nuestro texto es algo parco en cuanto al propósito de lo que aquí se nombra como fuente de bronce fundido (versículo 2). Por eso, se ha acudido al texto del éxodo. Sin embargo, este recipiente de agua del templo, por ser ya un lugar estable, se asienta sobre doce bueyes, mientras que la fuente del tabernáculo tiene como sustento una base de bronce que, curiosamente, está hecha “de los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión”.

Con esta imagen en la mente, fijamos la atención en el propósito central de esta fuente de bronce fundido: lavamiento de pies y manos de los sacerdotes.

Era imprescindible este lavamiento para ministrar a Dios. Se le ministraba en el altar, afuera, con los pecadores, aceptando sus ofrendas para ser quemadas en propiciación por sus pecados, y se ministra a Dios, allá dentro del tabernáculo, en el lugar santo, tras la primera cortina.

Tal requisito apunta a la calidad del servicio que el creyente ha de rendir a Dios. ¿Cómo nos acercamos a Dios en la hora íntima de la comunión?. ¿Cómo saldremos afuera a servir a los pecadores?

Oro: Es fácilmente observable, en todo lo relacionado con los metales en la construcción del templo, la repetida incidencia del oro.

Y es digno de fijar la atención también en la puntualización del cronista en lo de “oro puro” y “oro finísimo”.

Lo incorruptible, lo duradero, patrón monetario; lo mejor. Decir de alguien que es “oro puro”, significa verter en esa persona el mejor de los criterios.

Salomón empleó en la construcción del templo lo mejor. “Recubrió también la casa con un ornamento de piedras preciosas”. Dondequiera se mirase en todo el recinto, se veía brillar el esplendor de los ricos metales y la calidad de sus maderas. Esta conjunción prestaba al lugar de culto una imponente grandiosidad, al tiempo que invitaba a un profundo recogimiento y santo temor.

¿Es que Dios merece menos que eso?

¿Qué clase de “material” usa hoy el creyente en el servicio a su Dios?

Valor teológico

Tanto la construcción del tabernáculo, como ahora la del templo, destaca siempre la precisión de todos los detalles: calidad, medidas, lugar donde debían colocarse los útiles fabricados y, en algunos casos, el propósito específico de los mismos, como las fuentes y el mar de bronce del versículo 6.

Tal precisión aparenta hacia la acción de un Dios arquitecto, que en todo cuanto él toca deja el sello de la perfección. Así lo hizo en la creación, a la que añadió hermosura, belleza. No puede ser menos que un Dios que es la suma de lo perfecto.

El templo era el lugar escogido por él mismo para manifestarse a su pueblo, a través de los sacerdotes. Es el lugar donde el creyente acude para obtener perdón, a través de ofrendas de animales. Por tanto, si la acción de Dios en favor de su pueblo es completa y perfecta, todo cuanto interviene en el desarrollo del culto propiciatorio, ha de ser de calidad. Así se logra un todo armónico; en ensamblaje perfecto entre el Dios propiciador, el oferente, el lugar y las víctimas ofrecidas.

Cualquier observador ha de llegar a la conclusión que en ese lugar se revela la presencia de un Dios que ha puesto su sabiduría en todo cuanto le rodea.

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