2 de Crónicas 36: Los desdichados reinados de Joacaz, Joacim, Joaquín y Sedequías

Después de un breve tiempo de sometimiento al poderío babilónico, Joacim se sublevó, invitando así la ira del opresor. Nabuconodosor conquistó Jerusalén en el tercer año del reinado de Joacim. Esto vino contra Judá por mandato de Jehová.

En este tiempo tuvo lugar la primera deportación. En este primer grupo de cautivos estaban Daniel y algunos judíos selectos. Según Daniel 1:1 y Jeremias 25:1, este período pertenecía al primer año del reinado de Nabucodonosor.

Entonces Nabucodonosor… lo ató con cadenas de bronce para llevarlo a Babilonia incluyendo algunos utensilios de la casa de Jehová. Se supone que Joacim fue encadenado solo para recibir una lección y que nunca llegó a ser enviado al cautiverio, ya que murió en el 598 a. de J.C. La segunda deportación tuvo lugar en el 597 a. de J.C., en la cual estuvo Joaquín. Este era el comienzo de 70 años en el cautiverio babilónico, 605-536 a. de J.C.. Como ya se observó, lo que se halló en su contra está registrado en el libro de los reyes de Judá e Israel. En su lugar reinó su hijo Joaquín.

Joaquín tenía 18 años cuando comenzó a reinar. Reinó durante tres meses y 10 días. Siguiendo el ejemplo de su padre, hizo lo malo ante los ojos de Jehová. Nabuconodosor lo mandó al cautiverio en Babilonia juntamente con los utensilios de la casa de Jehová. En este grupo selecto, se encontraban el profeta Ezequías y 10.000 líderes. Después de pasar 37 años en el cautiverio, Joaquín fue indultado por Evilmerodac, rey de Babilonia. Le hizo sentar a su mesa y estuvo en la presencia del rey en Babilonia “todos los días de su vida”. Matanías, hermano de su padre, reinó en su lugar, bajo el nombre de Sedequías.

El reinado de Sedequías cubre la tercera y última etapa de la narración del cronista sobre los reyes de Judá. Esta última etapa del cautiverio babilónico incluye la destrucción de Jerusalén, el saqueo e incendio del templo y la deportación del resto de la población, que tuvo lugar en el año décimo primero del reinado de Sedequías. El último de los 20 reyes de Judá fue escogido por un idólatra, mientras que el primero (David) fue escogido por Dios. (Hay que notar que Saúl fue escogido, pero como preferencia del pueblo que demandó un gobernante en el molde de los que tenían las otras naciones, en abierto rechazo al gobierno teocrático existente.)

Sedequías resultó ser tan malo como sus antecesores. Hizo lo malo ante los ojos de Jehová su Dios, y no se humilló. La gracia de Dios se mantuvo abierta al rey y a la nación, de tal modo que si se arrepentían, Dios los habría perdonado. La dureza de corazón continuó; se burlaban de los mensajeros de Dios, hasta que la ira de Jehová estalló contra su pueblo, y ya no hubo remedio. Sedequías era un hombre débil de carácter, fácilmente controlado por algunos individuos egoístas y malvados que lo rodeaban en la corte.

La desolación que se registró estaba de acuerdo con las maldiciones prometidas en Leviticos 26:31-33 y con la profecía de Jeremías. La tierra reposó todo el tiempo de su desolación, que duró 70 años, para dar cumplimiento a la profecía de Jeremías. Según el profeta, Dios volvería a sustentar a su pueblo con sus promesas.

El regreso del exilio

Finalmente, los versículos. 22 y 23 cubren el tema de la restauración. El cronista basa su narración apoyándose en la gracia de Jehová. En octubre del año 539 a. de J.C., Babilonia cayó bajo el poderío de Ciro, rey de Persia. Fueron expulsados Nabonido y su hijo Belsasar.

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