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2 de Crónicas 34: El reinado de Josías y sus reformas

Pastor Lionel

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Después de purificar la tierra y el templo, Josías nombró una comisión para reparar la casa de Jehová. Estaba formada por el escriba Safán, el alcalde de Jerusalén Maasías y el cronista Jóaj. Estos entregaron al sumo sacerdote Hilquías el dinero recolectado del pueblo, quien lo dejó en las manos de los levitas que guardaban la puerta del templo. Las demás comisiones nombradas para el proyecto de reparación fungieron tan bien que el cronista usa una encomiable expresión: Estos hombres procedían con fidelidad en la obra y no necesitaron de supervisión, sino de inspiración musical, ya que se incluyeron a expertos en los instrumentos de música. Es natural que cuando hay un avivamiento espiritual, el corazón desea expresar su alegría cantando al Señor.

Mientras se hallaba ocupado en sus tareas contables, el sumo sacerdote Hilquías halló el libro de la Ley de Jehová. Este hallazgo tuvo lugar en el año 622 a. de J.C. Se estimaba que contenía éxodo 19-24 o Levítico 26, y Deuteronomio 28. Pero ya que más adelante este libro de la Ley se identifica con el libro del pacto, no hay duda alguna que fuera el libro de Deuteronomio, conocido como «el pacto» y que había sido extraviado durante los años de apostasía de Manasés y Amón. La evidencia interna indica que el libro de Deuteronomio fue compuesto por Moisés y que perteneció al período de este gran legislador.

Hilquías fue al rey con un informe que le agradó y con otro que le entristeció: la obra de reparación del templo se había finalizado y el libro de la Ley había sido encontrado abandonado. Sin duda alguna, al escuchar la lectura de Deuteronomio 28:36, el rey no pudo hacer otra cosa más que arrepentirse, rasgando sus vestidos.

El rey envió una comisión para consultar con la profetisa Hulda si las palabras de maldición contra Judá estaban por materializarse o no. El mensaje que la profetisa les entregó para el rey tenía dos partes: primero, por causa de los pecados del pueblo,  Dios traería el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, es decir, todas las maldiciones mencionadas en el libro; segundo,  Dios no ejecutaría su juicio en los días de Josías, porque Josías se había arrepentido cuando oyó la lectura de la Ley.

Como en el caso de Ezequías, por haberse humillado,  Dios lo perdonó: Serás reunido en tu sepulcro en paz. Lo que causaría gran perturbación en el alma del rey sería ver la caída desastrosa de Judá y que fuera llevada al cautiverio. En efecto, esta paz no se aplicaría a la forma violenta en que Josías encontró su muerte. No obstante, la póliza de seguro por parte de  Dios contra esta calamidad era suya.

Inspirado por este acto de gracia, Josías convocó a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén, a pequeños y grandes (v. 29), y desde el templo leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová.

El pacto que Josías hizo con Jehová fue el que ya se había hecho con Israel y que estaba registrado en el libro del pacto. Según 2 de Reyes 23:3, el rey se puso de pie junto a la columna, sugiriendo quizá que como las columnas sostenían la estructura del templo, así mismo la palabra de Jehová sostendría la fe de su pueblo.

Acto seguido, Josías quitó todas las abominaciones. De acuerdo con la información provista en 2 de Reyes 23:4-14, Josías ordenó al sumo sacerdote Hilquías y a todo el plantel sacerdotal que sacaran del santuario los objetos del paganismo cananeo y los quemaran en los campos del Quedrón. Además destituyó a los sacerdotes idólatras; sacó de la casa de Jehová el árbol ritual de Asera; lo pulverizó y esparció sus cenizas sobre los sepulcros de los que los habían adorado; destruyó los prostíbulos instalados en la casa de Jehová; prohibió los sacrificios humanos a Moloc; quemó en el fuego los carros del sol; quemó los santuarios de Acaz y de Manasés; y mató a todos los sacerdotes de los lugares altos en Samaria.

David es siempre el punto de referencia para enjuiciar el buen comportamiento de un rey. El nombre de David es citado como padre, en el sentido de fundamento de la dinastía, porque él recibió la aprobación divina como rey.

Dieciséis años tenía el rey Josía, cuando, llevado por un ardiente celo, se entregó a la limpieza a fondo de todo vestigio idolátrico.

De forma esquemática y resumida, esto es lo que hizo el rey Josías.

Se halla el libro. El descubrimiento del libro de la Ley puede ser la recompensa por la devoción de Josías, pero si lo es, es bastante incómoda. No sabemos durante qué período de abandono se perdió el libro y ni siquiera se sabe qué clase de libro era exactamente, aunque la opinión de la mayoría es que era parte de Deuteronomio. (los caps. 12, 16, 27 y 28 se parecen mucho a lo que sigue). Quizá también estaban incluidos más de la Torah, los primeros cinco libros de la Biblia.

Otro rasgo del excelente carácter de Josías es que busca activamente una palabra de Jehovah. La respuesta por parte de la profetisa Hulda es rara porque las maldiciones que el libro anuncia se refieren a pecados cometidos antes del tiempo de Josías y el castigo caerá después de su tiempo. Josías murió por heridas sufridas en la guerra, pero al menos no vivió para ver la caída de Jerusalén como sería la experiencia de la nación. El corazón del pueblo no era como el corazón de su rey. Todos los hombres de Judá -la frase utilizada frecuentemente en reinados anteriores para mostrar la disposición unida de la gente- ahora deben ser obligados a comprometerse al servicio de  Dios.

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