2 de Crónicas 34: El reinado de Josías y sus reformas

El reinado de Josías y sus reformas

En contraste con su padre, Josías llegó a ser un buen gobernante para Judá, y reinó durante 31 años en el trono entre el 640 y el 609 a. de J.C. Dando lustre a su nombre que significa “el Señor sana”, Josías buscó la sanidad de su pueblo.

Como su bisabuelo Ezequías, Josías se acercaba mucho a David en carácter. Entre sus reformas, Josías hizo que el pueblo volviera a depositar su fe en la palabra de  Dios, hecho que sostuvo a Judá en el exilio y por casi una centuria, y durante el siglo de la restauración.

Fue la convicción de Josías en cuanto a las Escrituras lo que mantuvo al pueblo de  Dios en pie durante los 400 años de silencio, hasta la aparición de Juan el Bautista quien anunció la venida del Mesías, la Palabra de  Dios encarnada.

En los dos capítulos que cubre la historia de Josías, el cronista trata los siguientes temas: Primero, las primeras fases de sus reformas, Mateo 34:1-7; segundo, la gran reforma que tuvo lugar a los 18 años de su reinado, empezando con la reparación del templo en Jerusalén. Se culmina con el descubrimiento del libro de la Ley, Mateo 34:8-33; tercero, la celebración de la Pascua, Maeo 35:1-19; cuarto, su muerte trágica, Mateo 35:20-27. El pasaje paralelo se encuentra en 2 Reyes 22:1-23:30.

Josías hizo lo recto ante los ojos de Jehová y anduvo en los caminos de su padre David, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. En esencia, el cronista provee la explicación en el siguiente versículo. En el octavo año de su reinado, 632 a. de J.C., siendo un adolescente de 16 años de edad, Josías empezó a buscar a Jehová. A la edad de 20 años, después de haber reinado por 12 años (628 a. de J.C.), empezó a purificar a Judá y a Jerusalén.

El avivamiento espiritual tuvo lugar en una situación geopolítica muy singular para el Medio Oriente. Entre el 628 y el 626 a. de J.C. se levantaron unos jinetes nómadas bárbaros del norte que arrasaron con casi todo el Cercano Oriente hasta ser detenidos por los egipcios.

Estas hordas bárbaras originaron dos grandes preocupaciones en Judá: En lo religioso, dieron lugar al surgimiento de profetas como Jeremías y Sofonías; fueron causantes del avivamiento espiritual encabezado por Josías. En lo político, tuvieron éxito combatiendo contra los asirios y sus dominios en Judá.

Después de la muerte de Asurbanipal, y como resultado de la ola de agresión bárbara, el camino quedó libre para que Josías restableciera el reino unido de Israel, después de casi tres siglos de división.

Delante de él derribaron los altares de los Baales, dando a entender que ninguna forma de adoración pagana quedó en pie. Su campaña contra la idolatría se extendía a todo el reino del sur y gran parte del reino del norte, al punto de incluir a Neftalí, en Galilea; esto puede también indicar que Josías tuvo éxito en sus campañas contra Asiria en el norte de Israel.

Josías tuvo por fin éxito en su campaña contra la idolatría que había llegado a formar parte del estilo de vida del pueblo judío. Los árboles rituales de Asera y los altares de incienso en toda la tierra de Israel fueron completamente destrozados.

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